El boom inmobiliario en barrios céntricos y su efecto en la presión del agua que afecta a edificios más bajos

Los vecinos que habitan inmuebles de mayor antigüedad y de tres pisos se han visto obligados a instalar un tanque en planta baja y una bomba presurizadora, solución cada vez más habitual para garantizar el suministro.

Edificio en construcción, Montevideo.
Ley. Bajo el régimen de vivienda promovida Montevideo ha concentrado la inversión con más de 1.270 proyectos activos en un total de 1.935.
Foto: Fernando Ponzetto/Archivo El País

Para los que habitan los barrios Centro, Palermo y Cordón, el paisaje urbano -a impulso de la vivienda promovida- ha cambiado sustancialmente en los últimos años, a partir del boom inmobiliario que tantas veces se ha destacado y que tuvo como consecuencia la construcción de hasta seis edificios en una misma cuadra en una década, por citar un caso.

Pero detrás de esa realidad, que dejó de ser una novedad, subyace -aunque no es la única variable- una problemática derivada del desarrollo urbanístico que afecta tanto la infraestructura de OSE como a los vecinos y que, hasta ahora, ha pasado relativamente desapercibida: una red de cañerías que, en algunos casos, supera el siglo de antigüedad debe hacer frente a una demanda de agua cada vez mayor, impulsada por el aumento de la densidad poblacional en esos barrios de Montevideo a medida que los nuevos edificios se van ocupando.

Esta coyuntura ha llevado a que muchos edificios -en general lo más antiguos o reciclados- de entre dos o tres pisos se vieran en la necesidad y la obligación de instalar un tanque en la planta baja y una bomba presurizadora, ya que la presión (que se mide en kilogramo fuerza por centímetro cuadrado) de la red sanitaria dejó de ser suficiente para que el agua alcance en altura los tanques de reserva ubicados en los pisos superiores, desde donde se distribuye hacia abajo a cada una de las viviendas.

Para un edificio de, por ejemplo, 15 metros de altura -relativamente bajo de tres pisos y en los que se han detactado los mayores problemas-, el presupuesto para la instalación de un nuevo tanque y una bomba de presión ronda entre los $ 90.000 y $ 105.000. Un costo que, cohabitantes de inmuebles de varios apartamentos, han debido asumir por la falta de presión suficiente para alimentar a los tanques de reserva en altura.

Según pudo constatar El País con distintos técnicos -incluidos de OSE-, la implementación de este sistema se ha vuelto cada vez más habitual como consecuencia del aumento de la densidad poblacional y del crecimiento inmobiliario, especialmente en los barrios Cordón y Centro (también Aguada, Palermo, Tres Cruces y Ciudad Vieja), aunque el fenómeno también se observa en otras zonas.

Más frecuente

Desde la Asociación de Administradores de Propiedades Inmuebles (Adapi) dijeron a El País que efectivamente la demanda de este tipo de solución se ha vuelto cada vez más frecuente para inmuebles que tienen más años de antigüedad, al tiempo que un sistema de bombeo de esas características ya es previsto e incorporado como exigencia en las instalaciones sanitarias en las nuevas construcciones o en las de mayor altura a un tercer piso dada la falta de presión.

Aunque desde el gremio no atribuyen este fenómeno exclusivamente al “boom de la construcción” -intervienen otros factores e incluso no pudieron precisar si no venía de antes-, señalaron que en los últimos años se ha vuelto cada vez más habitual la instalación de un tanque y una bomba presurizadora en la planta baja para garantizar una presión de agua suficiente.

No obstante, se aclaró que también depende la zona del barrio en que se esté. “Hay zonas donde la presión es suficiente y el agua llega sin inconvenientes al tercer o cuarto piso. Hay puntos que estaban mal y ahora están mejor. En otras, en cambio, ni siquiera con una conexión nueva logra subir”, explicó un importante actor del sector inmobiliario y dirigente de Adapi.

Caños comprometidos

OSE dice que en principio la presión no se afecta

Ante la consulta realizada por El País, desde Comunicación de OSE señalaron que, en principio, el aumento de la cantidad de edificios en una zona no necesariamente tiene un impacto sobre la presión.

No obstante, la afectación depende de la capacidad con la que fue diseñada la red en esa zona en particular y el consumo. Montero, en tanto, dijo que una mayor densidad (de población) puede “afectar” el funcionamiento. “Los caños se van a ver comprometidos y vas a tener una baja de presión obligatoria cuando necesitás -según la altura- la presión de bombeo suficiente para que el agua suba”.

“Es un tema crítico de baja de presión en las zonas más densas”, resumió.

Según señaló, la instalación de un tanque en planta baja, junto con un sistema de bombeo, se ha convertido en una necesidad cada vez más habitual, especialmente en edificios construidos previo a 1974 y de hasta tres pisos de altura. “Antes era común que esos inmuebles no tuvieran un tanque abajo; hoy es un requerimiento cada vez más frecuente”, afirmó. El operador aclaró que, en muchos casos, las dificultades no obedecen exclusivamente a la presión que entrega OSE.

“Hay edificios cuyo problema está en la propia conexión de entrada de agua, por lo que no es una responsabilidad exclusiva de OSE. Pero la realidad es que el fenómeno ha ido creciendo, la demanda es cada vez más recurrente. Puede deberse a mayor consumo de agua o a la regulación de la presión”, valoró.

Electrodomésticos para mayor confort

Montevideo es otra ciudad

El expresidente de OSE Raúl Montero explicó que, si bien la población de Montevideo ha tendido a decrecer, el consumo de agua ha aumentado por el uso de electrodomésticos (mayor confort).

“La ciudad fue pensada para otra densidad en los barrios más viejos. Las tuberías envejecen y cuando son de hierro -tienen más incrustaciones- van bajando su capacidad de transporte. No solo quedan chicas aunque mantengan su diámetro de origen, sino que las más antiguas tienen menos diámetro en general. Lo que es PVC mantiene su capacidad de transporte, pero igualmente puede ir quedando chica”, dijo.

Ejemplificó que hay cañerías que datan del siglo XIX y se preguntó: “¿Qué ciudad era Montevideo en esa época? ¿Cuántas viviendas por manzana había?”.

“Cada kilo por centímetro cuadrado equivale a 10 metros de altura. Hubo un cambio en la distribución zonal porque cambió la densidad. No se modifica tanto la cantidad de agua global del sistema, pero OSE está atrasada en la sustitución de algunas tuberías para ir reforzando el abastecimiento en algunas zonas porque los caños van bajando su rendimiento. Cuando hay una rotura provoca una pérdida de presión porque el agua siempre elige ir por el camino más fácil, en vez de ir al tanque de un edificio en altura para lo que se necesita más presión”, afirmó.

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