LA NUEVA NORMALIDAD 

Mayoría de eventos programados son para personas con vacuna contra COVID-19

Los organizadores dicen que la posibilidad de bailar es lo que pesa más; hoy, el protocolo del MSP permite que haya baile únicamente en eventos con personas vacunadas con las dos dosis.

Salón de fiestas. Foto: Leonardo Mainé
Salón de fiestas. Foto: Leonardo Mainé

A partir de que el presidente Lacalle Pou anunció en conferencia de prensa hace dos semanas que a partir del 24 de agosto los eventos “con baile” volverían a permitirse, los organizadores de eventos y propietarios de salones de fiestas se vieron abrumados de llamadas, pedidos y reprogramaciones.

El sector es uno de los más golpeados por la pandemia del COVID-19 y, en este momento de control de la situación sanitaria con menos casos y muertes a causa del virus, uno de los que más se espera que vuelva a funcionar como antes.

La “inmensa mayoría de los eventos” que hoy se están programando son “con la exigencia de la vacuna”, según dijo a El País el presidente de la Cámara de Eventos del Uruguay, Germán Barcala. “La realidad es que la gente quiere que se pueda bailar, entonces están tomando la opción de hacer el evento con vacuna obligatoria”, explicó Barcala en referencia a que el protocolo elaborado por el MSP permite que haya baile únicamente en aquellos eventos en los que todas las personas están vacunadas con las dos dosis.

Además de permitir el baile, en los eventos para vacunados el aforo puede ser de hasta 300 personas si el espacio es abierto o de 200 si se trata de un salón cerrado. En el caso de los eventos “mixtos” (de los que participan personas con o sin vacuna), el protocolo permite hasta 150 personas si es en el exterior o 100 si es adentro.

“El evento sin baile no es atractivo, nadie quiere gastar un dinero importante para que no haya, ya estamos coordinando muchísimos eventos y en algunos casos son personas que tenían desde el año pasado una fecha y la fueron moviendo, la realidad es que es algo que varía todo el tiempo”, sostuvo el directivo de la Cámara Uruguaya de Salones de Fiesta y Eventos Daniel Serrato.

Nostalgia 

Según Serrato, “no habrá tantos eventos en la Noche de la Nostalgia” debido a “la confusión de mensajes que se generó entre lo que decía el MSP y cada intendencia”.

Fuentes de la IMM dijeron a El País esta semana que la confusión se originó en Montevideo, debido a que no se estaban entregando las autorizaciones para fiestas después de la Noche de la Nostalgia porque la comuna estaba a la espera de que el ministerio respondiera a sus consultas sobre el protocolo, algo que ya quedó solucionado tras una reunión entre el director general de Salud, Miguel Asqueta, y el prosecretario general de la comuna capitalina, Daniel González.

A partir de esto, según Serrato, los organizadores de eventos “prefirieron no arriesgarse” y no planificaron fiestas para el 24 de agosto. Por su parte, Barcala dijo que en la Cámara de Eventos “solamente hay cinco o seis” fiestas programadas para esa fecha y “todas con la exigencia de la vacuna”.

Serrato explicó que “ha habido mucha inestabilidad” de parte de las autoridades y agregó: “Hay muchos colegas que iban a organizar eventos y en última instancia dijeron que no y por eso tenemos pactada una reunión este lunes con el prosecretario de la Intendencia”. De la reunión de hoy también participará el Comité Departamental de Emergencia de Montevideo.

“Es una pena que se haya demorado, porque de lunes a martes es difícil que se planifique algo”, explicó Serrato.

¿Qué pasará con la noche de la nostalgia?

Más allá de que el gobierno elaboró un protocolo para la celebración de la Noche de la Nostalgia, los científicos consultados por El País estuvieron de acuerdo en que ese evento posiblemente traiga consecuencias sobre el buen momento por el que pasa Uruguay en materia de contagios de COVID-19. Según María Moreno, inmunóloga e integrante de la Comisión Nacional Asesora en Vacunaciones, “la noche en sí misma es de preocupación”. Esto se debe a que los casos aumentarán y, aunque no necesariamente se dé un incremento en los pacientes graves, “más casos significa menor seguimiento y rastreo”.

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