ESTRATEGIA SANITARIA

A la búsqueda del 14% no vacunado contra el COVID-19; la semana próxima irán a los barrios

Los vacunadores irán a las ollas populares y barrios más vulnerables de Montevideo y Canelones, donde estiman se concentra la mayor población que no ha querido o sabido agendarse.

Vacunación contra el COVID-19 en Uruguay. Foto: Leonardo Mainé.
Vacunación contra el COVID-19 en Uruguay. Foto: Leonardo Mainé.

El acceso a la vacuna no es solo para quien quiere, sino también para quien puede. Hay un 14% de la población mayor de 12 años que no se ha vacunado, no se ha agendado ni tampoco está en una lista de espera. Se trata de un porcentaje “bajo” en comparación al ritmo de vacunación mundial -de hecho, Uruguay superó ayer los 2.000.000 de habitantes con dos dosis y es el país de América con mayor porcentaje de pobladores que han completado el esquema de vacunación-. Sin embargo, a partir de la semana que viene el Ministerio de Salud Pública (MSP) concentrará sus esfuerzos en llegarles con dosis a aquellos que todavía no se han arrimado a los vacunatorios.

Más de la mitad de los pobladores de Villa García y Manga rural, en el noreste de Montevideo, tiene al menos una necesidad básica insatisfecha: no acceden al agua potable, o sus casas son de techo descartable, o los pisos están hechos de tierra, o carecen de luz o de un baño. Así lo reportó el último censo de población y, por eso, los vacunadores empezarán por allí la administración de las dosis “a domicilio”.

El Instituto Nacional de Estadística reunió los datos de las cédulas de quienes todavía no se habían vacunado ni agendado (pese a estar habilitados para hacerlo), los cruzó con los datos de condiciones de vida y concluyó lo mismo que ocurre en cada campaña de vacunación: aquellos que viven en los barrios más críticos son los que menos han accedido a las dosis contra el COVID-19. Pese a que los resultados de ese entrecruzamiento son reservados, una fuente de gobierno confirmó que el porcentaje de personas no vacunadas es más alto en los prestadores públicos (ASSE y otros) que en la mutualistas y seguros privados.

A partir de esa conclusión y esos datos, el MSP dio la habilitación para que desde el lunes los técnicos y vacunadores vayan al terreno, aunque en la tarde de hoy habrá una reunión para definir el día exacto en que se concurrirá a cada barrio y asentamiento seleccionado de Montevideo y Canelones.

El director departamental de Salud de Montevideo, Horacio Vignoli, dijo a El País que al principio se irá a las zonas con menos de 200 familias, “para después adaptar la logística a los (barrios) más grandes”.

Lo mismo harán en Canelones. Su director de Salud, Diego García, recorrió ayer la Costa de Oro y Ciudad de la Costa, donde saben que se ha dado menor adhesión a la vacunación. “La evidencia nos muestra que hay quienes no han logrado agendarse. A veces lo intentaron y no supieron cómo hacerlo... otras veces ni eso”, explicó. Por eso aplicarán la máxima de que “si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma irá a la montaña”.

Como la emergencia sanitaria sigue su marcha, los responsables de la logística intentarán que no haya aglomeraciones. Para ello harán la captación de usuarios de dos maneras: irán a las ollas populares para aprovechar que la gente está en un lugar con protocolo y, en paralelo, los técnicos del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) concurrirán un día antes para recopilar datos de los lugareños que estén dispuestos a vacunarse.

Funcionarios municipales entregaron ayer alimentos en una olla popular de La Teja. Foto: Francisco Flores
Funcionarios municipales entregando alimentos en una olla popular en La Teja. Foto: Francisco Flores (Archivo)

“Esta vez la agenda no es electrónica, sino que hay un esfuerzo por acercarle la vacunación a la gente, a todas las áreas del país: así como se hizo el ‘pueblo a pueblo”, ahora es el ‘barrio a barrio’”, dijo a El País el subsecretario de Salud, José Luis Satdjian.

Uruguay había iniciado la campaña de vacunación contra el COVID-19 centrada en la población de más riesgo y grupos prioritarios (como docentes y policías). La celeridad con que llegaron las dosis de Coronavac en relación a las de Pfizer (reservadas para adultos mayores y personal de la salud) hizo que la campaña girara hacia una nueva estrategia: alcanzar a la mayor cantidad de la población en el menor tiempo posible.

En paralelo, y previo a que la campaña masiva incorporara también a los adolescentes, el gobierno salió de los vacunatorios en la búsqueda de cuatro poblaciones específicas: los residenciales de adultos mayores, los privados de libertad, los refugios y los pueblos alejados de las urbes.

Ahora, con la recorrida de los barrios más vulnerables, el Estado intenta llegar hasta el último rincón. Lo hará con las dosis de Pfizer, sin distinción de edad, porque es la que está disponible.

Los adultos más mayores son los que más se han vacunado. No solo eso: entre los mayores de 75 y menores de 79 años, que habían sido parte de aquel grupo “relegado” que accedió después a las dosis, solo el 5% no se ha vacunado ni agendado. Entre los adolescentes de 12 y 13 años, en cambio, el 29% todavía no pidió su turno.

Casi dos de cada 10 mayores de 90 años (17%) tampoco se han agendado. Respecto a este porcentaje, los técnicos identifican dos motivos: parte de esta población no puede vacunarse por alguna contraindicación médica y otra parte no supo cómo agendarse y no consiguió a alguien que lo asistiera.

Las mujeres se han vacunado un poco más que los hombres. Ellas representan el 53% de los ya vacunados con al menos una dosis y, en relación a la cantidad de personas que el Instituto Nacional de Estadística proyecta que hay en el país, faltaría agendarse el 17,9% de las mujeres mayores de 12 años y el 20,1% de los varones de la misma edad. El sexo no parece hacer la “gran” diferencia.

Las encuestas de opinión pública que se habían realizado previo al inicio de la vacunación mostraban que tampoco existían diferencias significativas en la predisposición a vacunarse según el nivel socioeconómico. Acorde avanzó la campaña, los sondeos empezaron a revelar cierta diferencia (los más ricos estaban más dispuestos a vacunarse o ya lo habían hecho) y ahora los datos del terreno muestran que existiría esa brecha por barrios.

“Si nos vacunamos todos vamos a vivir como antes”, dice un joven que mira a la cámara. Su historia, en primera persona, es parte de la nueva campaña publicitaria que apunta, justamente, a ese 14% al que todavía no se alcanzó con la vacunación.

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