Entre las elecciones de 2019 y 2024, Cabildo Abierto perdió 208.207 votos, una cifra que equivale a casi el 10% del electorado nacional.
Aunque la salida de dirigentes —con casos notorios como el de Eduardo Lust, entre otros— ya se había producido antes de octubre, el partido liderado por el excomandante en jefe Guido Manini Ríos sufrió una marcada sangría de dirigentes que ha reducido de forma drástica su estructura política.
No obstante, la distribución en Diputados —con 46 bancas entre el Partido Nacional y el Partido Colorado, 48 del Frente Amplio (FA), dos de Identidad Soberana y una del Partido Independiente— le dio a Cabildo la “llave del Parlamento”, al aportar en algunos temas claves para el gobierno el voto 50, como ocurrió con la aprobación de la Rendición de Cuentas y de los nuevos impuestos incorporados en el Presupuesto Quinquenal.
O bien, la aprobación de la comisión investigadora por la estancia María Dolores, el caso más reciente, que no se habría conformado sin el apoyo de los diputados cabildantes Álvaro Perrone y Silvana Pérez Bonavita que votaron junto a los partidos de la oposición.
De todas formas, la lista de dirigentes que han abandonado la fuerza política se volvió a agrandar esta semana, cuando se conoció que el exsubsecretario de Defensa Rivera Elgue también optó por alejarse.
La decisión de uno de los fundadores de Cabildo Abierto y persona del círculo cercano de Manini, informada por El Observador, se suma a la de otras figuras del partido, como la excandidata a vicepresidenta y compañera de fórmula de Manini Ríos, Lorena Quintana, así como a la salida de Eduardo Radaelli y de varios dirigentes que se desempeñaron como diputados durante el pasado período legislativo (Elsa Capillera, Sebastián Cal y otros exrepresentantes que abandonaron la exposición mediática como Martín Sodano).
Las razones han sido diversas. Entre ellas, a la interna persistieron malestares y tensiones en torno al rol de la exministra Irene Moreira, especialmente desde que el expresidente Luis Lacalle Pou le pidió la renuncia en mayo de 2023.
Además de las críticas a la forma de conducción del partido por parte de Manini Ríos, aparecen dos factores estrechamente vinculados entre sí: el declive electoral y el hecho de no integrar el gobierno impacta de forma directa en la capacidad de Cabildo de ofrecer cargos. Esta razón, admite uno de los principales dirigentes, es imposible de ignorar.
En el caso de Quintana, el desencadenante final de su salida respondió al comportamiento parlamentario de la fuerza política, al haber votado en varias circunstancias con el FA.
Aunque la decisión de no permanecer dentro de la Coalición Republicana es leída por los principales dirigentes como un hecho político que no generó “demasiada angustia en la interna”, ya que parte de los cabildantes se han sentido “maltratados” por los partidos tradicionales —el resquemor con el Partido Nacional fue cada vez menos disimulado a medida que fue pasando el tiempo—, reconoció el exsenador Guillermo Domenech, sí se ha admitido que el apoyo al oficialismo en algunos asuntos claves provocaron la disconformidad de militantes y votantes.
A su vez, la postura de abrirse de la Coalición tampoco es unánime. En Salto, por ejemplo, la agrupación liderada por Cecilia Eguiluz mantiene el respaldo al gobierno departamental del blanco Carlos Albisu (elegido por el lema Coalición Republicana) y planteó desde el vamos la intención de permanecer dentro del bloque político conformado por los partidos que gobernaron durante el período pasado, sin suerte.
Las razones de Elgue
Según supo El País, el planteo de disconformidad de Elgue —quien está a la espera de ser citado a la comisión especial que investiga la compra de las patrulleras a Cardama— al líder de Cabildo Abierto fue hecho hace un tiempo atrás.
El ex subsecretario, que renunció al Ministerio de Defensa en agosto de 2024 para convertirse —al igual que en 2019— en el jefe de campaña de Manini Ríos, disentía con un cambio en el estatuto aprobado en el Congreso Nacional Extraordinario, que estableció que las autoridades del partido deberían guardar cierta equivalencia o paralelismo con los resultados de las elecciones nacionales de octubre. Hasta el momento, Elgue integraba el partido como vocal titular de la Junta Nacional.
Para Domenech, la definición tomada por el coronel retirado fue, a su entender, “precipitada”, y lamentó la decisión porque lo considera “una persona valiosa y muy capaz”.
“Presumo que son más las coincidencias, por lo que creo que cuando uno tiene una diferencia a veces lo mejor es dejar pasar el tiempo. Lo que precipitó su renuncia fue una causa muy circunstancial que no hace a la esencia de Cabildo. No es una causa profunda”, agregó Domenech, en referencia a la discrepancia que mantenía Elgue con la reforma del estatuto.
En tanto, Perrone le restó importancia al alejamiento, al señalar que no lo considera un dirigente político propiamente dicho. “Un dirigente de un partido es el que sale a recorrer y junta los votos”, opinó el diputado, en alusión a la falta de pertenencia del ex subsecretario a una agrupación dentro de la fuerza política.
Implosión y personalismo
Entre otros argumentos esgrimidos por algunos de los dirigentes que abandonaron el partido también aparece la idea de que el particular contexto político de 2019 (con un FA desgastado por 15 años de gobierno y un Partido Nacional y Colorado que no tenían la llegada a determinados sectores para competir en las elecciones nacionales), que derivó en una votación histórica para una fuerza política recién fundada, es difícil que vuelva a repetirse.
Una de las voces más críticas fue la del líder del Espacio de los Pueblos Libres, Eduardo Radaelli —también fundador de Cabildo—, que al abandonar la colectividad denunció el personalismo de Manini y “acciones y actitudes destempladas que expusieron políticamente al partido” provocando una “fuga significativa de militantes, legisladores” y exjerarcas del gobierno de la coalición.
Por ejemplo, el exdirector de Ancap por Cabildo Abierto, José Luis Alonso, escribió en 2023 una dura carta de renuncia en la que habló de “desorden” y de una fuerza política en el que se imponían “acciones no consensuadas”, y advirtió que, sin los cuidados necesarios, terminaría “implosionando” como el Cilindro Municipal.
De parte de Manini Ríos y de Perrone, luego de los cuestionamientos, se reivindicó el criterio de independencia de un partido que nació con una impronta “fundacional” y no como resultado de la división de otra organización política.
Hoy, el exsenador y el diputado parecen concentrar casi en exclusividad el manejo de las decisiones y el rumbo de un partido de futuro incierto, concebido desde sus inicios en torno a la figura del excomandante en jefe.
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