Con una oposición de la Coalición Republicana cada vez más combativa, dispuesta incluso a no votar la Rendición de Cuentas, y un Cabildo Abierto que abre la puerta a la negociación pero envuelve cada una de sus determinaciones en un manto de duda, la administración de Yamandú Orsi se ve cada vez más forzada a potenciar el diálogo. El problema es que esta tarea, que suelen centralizar el secretario de la Presidencia, Alejandro Sánchez, desde la Torre Ejecutiva, y el líder del bloque del Movimiento de Participación Popular (MPP), Daniel Caggiani, en el Parlamento, se hace cada vez más cuesta arriba debido a la fragmentación, tanto de la oposición como del oficialismo, en múltiples partidos y sectores que conviven puertas adentro en el Palacio Legislativo.
En el caso del Partido Nacional, con el expresidente Luis Lacalle Pou fuera de los ámbitos diarios de conversación, el gobierno frenteamplista suele comunicarse -señalaron fuentes oficiales a El País- desde distintos ámbitos y, muchas veces, de forma duplicada. Se hace llegar los mensajes, por un lado, a Álvaro Delgado, presidente del directorio del partido, y por otro, al senador Javier García, al frente de Alianza País, el sector más votado en las pasadas elecciones. A nivel parlamentario, a veces, uno de los interlocutores también es el senador Martín Lema, tras la escisión de su lista, la 404, del sector Aire Fresco, el que compartía con Delgado.
Con los colorados ocurre algo similar, aunque se suma una complejidad extra. Desde el gobierno se suele hablar por separado con Andrés Ojeda (Unir) y Pedro Bordaberry (Vamos Uruguay), y muchas veces también se duplican las conversaciones con diputados que no siempre están alineados con la cúpula de sus sectores, algo que ha ocurrido mayormente -aunque en contadas ocasiones- en el segundo caso.
Con Cabildo Abierto la situación también es asemejable a las anteriores. Aunque existe un diálogo directo con el líder histórico de esta fuerza política, Guido Manini Ríos, el gobierno se ve obligado a hablar también con Álvaro Perrone, uno de los dos únicos diputados que el partido tiene en el Parlamento.
Las diferencias entre el presidente de Cabildo Abierto y el legislador han trascendido públicamente. De hecho, el domingo pasado Perrone declaró a El País: “A ver, voy a ser claro: el líder es Manini Ríos. Pero los que votan son los diputados. Los liderazgos son una cosa y los votos, otra. Y además, una cosa es ser líder de un partido y estar en el día a día del Parlamento, y otra cosa es ser líder desde lo lejano”.
El problema que afronta el gobierno con la fragmentación del diálogo también sucede puertas adentro del Frente Amplio. La lista 609 (el MPP y sus aliados) consiguió ocho senadores y 34 diputados, pero el total de la bancada es de 16 legisladores en la cámara alta y 48 en la de Representantes. Por eso, muchas veces, desde la Torre Ejecutiva se ven obligados a propiciar diálogos directos con Mario Bergara (Seregnistas) y Oscar Andrade (Partido Comunista), en conversaciones que a veces también se duplican con el ministro de Trabajo y Seguridad Social, Juan Castillo, del mismo sector, y con Constanza Moreira, de Casa Grande, quien ingresó al Parlamento mediante una alianza con los comunistas.
Rendición de cuentas
Este escenario, ya de por sí complejo, es el punto de partida del gobierno para intentar que prospere la Rendición de Cuentas.
En una conferencia de prensa que generó algunas dudas en la propia interna del bloque opositor, el 9 de julio la coalición republicana anunció que no brindaría su apoyo para el proyecto presupuestal, con lo que no se dio tiempo al oficialismo de siquiera comenzar con el diálogo para aprobar en general la iniciativa.
Por tanto, esta situación obligó al gobierno a buscar los dos votos que le faltan entre los diputados en Cabildo Abierto -que ya se mostró proclive a dar el respaldo, aunque esto también representa una complejidad para el Ejecutivo, que ve en esta postura cabildante una ventaja negociadora al comunicar de arranque su posición- o esperar a que blancos, colorados e independientes revean su postura.
Esto último en buena parte debido al convencimiento de que la definición adoptada no fue una decisión que pueda traer rédito a la coalición republicana, que como actor principal de la oposición tampoco puede jactarse de buenos niveles de aprobación en los informes de opinión pública.
Algunos analistas, como por ejemplo la politóloga Mariana Pomiés, entrevistada este viernes por En Clave País, también entienden que la estrategia que siguió la coalición en este tema ha sido equivocada. Por lo menos, dijo la directora de Cifra, fue “arriesgada, en cierta medida hasta mentirosa”, en tanto los legisladores sí se mostraron dispuestos a discutir el articulado -algo que no es posible dado su rechazo a hacerlo en general.
“Están muy jugados a que Cabildo les dé los votos”, dijo la politóloga, que advirtió que, de esta manera, el bloque opositor “perdió la sartén por el mango” en la escena parlamentaria. O, mejor dicho: “Le dieron el mango de la sartén a otros”. O sea, a los dos legisladores de Cabildo Abierto.