JOSÉ IGNACIO. MARCELO GALLARDO
Justo cuando la temporada de verano está comenzando, una noticia negra. Un barco derramó miles de litros de petróleo al mar mientras descargaba en la boya de José Ignacio. El balneario más exclusivo de Uruguay amaneció empetrolado.
Las autoridades de gobierno temen que el impacto del vertido de crudo genere una imagen negativa de Punta del Este en el mercado argentino.
El nerviosismo y la preocupación de algunas de las principales figuras del gobierno nacional y local quedó de manifiesto ayer cuando se tomó conocimiento del derrame de crudo registrado en la boya petrolera de José Ignacio.
El presidente de Ancap, Daniel Martínez, explicó a El País que para evitar este tipo de problemas se está trabajando con toda la capacidad técnica y humana para resolver un problema causado por lo que calificó como un pequeño derrame que equivale a 94 barriles de petróleo, una ínfima porción del millón de barriles que transportaba el barco noruego que opera en la Terminal Este de José Ignacio.
El vertido de crudo pegó muy fuerte entre autoridades y operadores quienes, en un primer momento, creyeron revivir la pesadilla ocurrida 10 años atrás cuando el tanquero San Jorge encalló al Sur de Punta del Este y provocó el peor desastre ecológico de la historia de Maldonado.
La presencia de varios equipos periodísticos argentinos, que ya están instalados en Punta del Este para cubrir la movida del verano y algunas informaciones conocidas en Argentina preocuparon aún más a las autoridades a cargo del plan de contingencia.
La tranquilidad volvió a los jerarcas gubernamentales cuando los informes efectuados por los técnicos del organismo a partir de los cálculos efectuados sobre la descarga de crudo y los sobrevuelos en helicóptero de la zona afectada coincidieron en señalar que se trata de un incidente menor producto del derrame de unos 15 metros cúbicos de crudo, según las estimaciones oficiales.
La primera información oficial se produjo alrededor de la hora 17, lo que deja en claro que entre conocida la noticia del derrame y la conferencia de prensa en las instalaciones de la Terminal Este de Ancap abundaron las conjeturas.
El presidente de Ancap, Daniel Martínez, explicó "la evaluación indica que fue una pérdida chica. Lo que se detecta son trazas de crudo y la mayor parte del mismo emulsionado. Por ser poca cantidad la propia marejada lo va emulsionado", agregó Martínez. "Si uno se acuerda del San Jorge esto no tiene absolutamente nada que ver. Son apenas marcadas y cuando uno se acerca a José Ignacio ni siquiera negro se ve. Es de color gris porque ya fue emulsionado por el mar", enfatizó Martínez.
Aparte de los operativos de limpieza en la zona de playa afectada, personal de Ancap colocó una barrera debajo del puente "Fernando Pérez Veiga" para evitar que su ecosistema fuera perjudicado por el crudo. Hasta las últimas horas de la tarde la barra de la laguna no había sido abierta. Sin embargo, las condiciones de tiempo y las pronosticadas para las próximas horas hacen temer que la laguna se abra al mar por lo que se tomaron precauciones para evitar el ingreso de crudo.
Martínez insistió con la poca cantidad de petróleo vertido. "Es una capa muy fina que muy rápidamente la propia acción de mar lo emulsiona. Lo mejor que pasó es que rápidamente llegó a la costa porque permite limpiar rápidamente para solucionar el problema. Si la corriente lo llevara a pasear al mar capaz que volvía en cualquier momento lo que es infinitamente peor", enfatizó.
Martínez dijo que ayer a las 17 más de la mitad del crudo derramado durante la descarga había llegado a la costa.
El derrame. Ancap recibe cada mes embarques de un millón de barriles de petróleo. En este caso el crudo fue traído por el tanquero noruego Front Bravant desde Rusia. Se trata del crudo conocido como "Ural".
El petrolero trajo en sus tanques alrededor de 150.000 toneladas de crudo que empezó a ser bombeado hacia la costa a partir de la hora 14 del viernes.
El presidente de Ancap, Daniel Martínez relató ayer que alrededor de las 3 de la madrugada el capitán y la tripulación del barco comenzaron a sentir el característico olor a crudo.
"Esto motivó que fuera cesado el bombeo del barco hacia la boya, el cierre de las válvulas tanto a la salida del barco como en la planta. Allí se empezó a activar el plan de contingencia y notificar de inmediato al Comité de Emergencia departamental", explicó Martínez. Las condiciones de mar, Fuerza 5 con olas de 2.5 y 3 metros de altura impidieron que los remolcadores de ANCAP que forman parte de la maniobra pudieran aplicar dispersantes sobre la mancha que se fue formando entorno al buque.
La fuerza de la corriente y el viento reinante en el lugar hicieron derivar la mancha de crudo unos cinco kilómetros hacia el noreste registrándose el mayor impacto a la altura de la desembocadura de la Laguna José Ignacio en el océano Atlántico. A partir de esa zona y hasta la playa La Juanita fue notorio el vertido de crudo que ganó la arena de playa a partir del mediodía de la víspera. En tanto, otra porción del derrame se dirigía hacia la zona de Playa Mansa de José Ignacio e inclusive otra parte siguió hacia el Este pasando por delante de la península e internándose hacia el departamento de Rocha. Esto motivó que el secretario general del municipio Enrique Pérez Morad advirtiera por teléfono al intendente de Rocha, Artigas Barrios, sobre el eventual impacto en costas rochenses.
Pérez Morad adelantó que se esperaba la llegada a la costa del vertido a los efectos de proceder de inmediato con las tareas de limpieza lo que ocurrió efectivamente al caer la tarde de la víspera. Los responsables del operativo esperaban que toda la mancha de crudo impactara en la costa para evitar superponer las tareas de los efectivos a cargo de la limpieza lo que provocaría un notorio cansancio y un gasto innecesario que afrontar.
El comité de emergencia local se reunió alrededor de la hora 9 de ayer en la Prefectura de Puerto y luego la totalidad de sus integrantes se dirigió a las instalaciones de la Boya Petrolera de José Ignacio donde fueron llegando los integrantes del directorio de Ancap, el ministro de Medio Ambiente Mariano Arana y el intendente de Maldonado Óscar de los Santos.
Junto a los jerarcas llegaron el prefecto de puerto Álvaro Guinea y el comandante del Batallón de Ingenieros de Combate Nº 4 de Laguna del Sauce Jorge Palau además de los técnicos del organismo y principales jerarcas comunales.
Uno de los nuevos helicópteros de la Aviación Naval fue empleado en varias ocasiones para sobrevolar la zona afectada por el derrame llevando a bordo al intendente Óscar de los Santos, al secretario general municipal Enrique Pérez Morad y al titular de Ancap Daniel Martínez.
Las consecuencias del derrame se vieron en toda su magnitud a partir del mediodía cuando la mancha llegó a la costa.
"Entendemos que hoy estamos concentrando todo el esfuerzo en superar el incidente", añadió Pérez Morad. "Queremos solucionar rápidamente el problema para que en pocos días más esto sea un mal recuerdo", afirmó.
Buscarán identificar la rotura
Las autoridades de Ancap estiman que se derramaron unos 15 metros cúbicos. Esto equivale a 94 barriles de petróleo: unos 15.000 litros. El petrolero Front Bravant trajo a bordo un millón de barriles. Al percatarse del vertido, en la madrugada del sábado ya se habían descargado unos 500.000. El crudo se bombea desde el barco a la boya y desde allí al parque de tanques, a unos 4.000 metros de distancia. Cada máquina bombea a tierra unos 6.000 metros cúbicos de petróleo por hora. Hasta ayer las condiciones del mar habían impedido detectar con precisión el lugar de la rotura. Todo indica que la pérdida se encuentra en alguno de los dos manguerones submarinos (de 50 centímetros de diámetro, dotados de doble carcaza antiderrames) o en el oleoducto submarino de 3.600 metros de largo por 90 centímetros de diámetro que conecta a la boya con los tanques en tierra firme. Esta tubería tiene una pared de acero de 12 milímetros de espesor revestido exteriormente con 11 centímetros de hormigón armado. La profundidad en el lugar es de 19 metros. Para que los buzos pudieran sumergirse e identificar la rotura debían mejorar las condiciones. La rotura dejó a Ancap con 500.000 barriles de petróleo a bordo del tanquero. "Sólo de flete parado Ancap genera una pérdida de U$S 40.000", aseguró Daniel Martínez. "En el negocio del petróleo nada baja de muchos ceros. Lamentablemente". Entre productos terminados y crudos Ancap tiene un horizonte de 50 días.
El "San Jorge" en 1997: otro derrame en plena temporada
El 8 de febrero de 1997 el buque cisterna San Jorge, de bandera panameña, encalló a 20 millas de las costas de Punta del Este cuando se dirigía de Argentina a Brasil.
Uno de sus depósitos se rompió por el impacto y derramó unas 3.000 toneladas de crudo. En plena temporada, el petróleo afectó 30 kilómetros de playas del balneario esteño, de José Ignacio a La Barra, y afectó seriamente a la Isla de Lobos.
Cuando ocurrió el accidente, el enorme buque cisterna de 212 metros de eslora transportaba unos 58.000 metros cúbicos de petróleo. El temor de la Prefectura Naval uruguaya al momento de desencallarlo y remolcarlo era que el barco se partiera en dos y causara un daño todavía mayor.
El segundo temor era que la mancha de petróleo modificara su rumbo y en lugar de alejarse hacia las costas argentinas, volviera a Uruguay. Ninguna de las predicciones se cumplió, pero los daños y costos del accidentes fueron altos.
No obstante, una de las consecuencias de la contaminación que provocó más conmoción fue la muerte de miles de lobos marinos de la reserva natural de la Isla de Lobos.
A escasos días del accidente ya habían muerto 1.700 cachorros y 14 hembras adultas. Para peor, las perspectivas indicaban que en las semanas morirán otros 5.000 animales.
El petróleo "arruinó el olfato y las cuerdas vocales de los lobos hembras y eso impide que reconozcan a sus crías; por eso no pueden amamantarlas y mueren tantos cachorros. Además el petróleo los deja ciegos y se filtra hasta los pulmones y la sangre. También diluye su grasa, que regula la temperatura en el cuerpo, y mueren de frío", había explicado Alberto Ponce de León, jefe del Departamento de Mamíferos Marinos del Instituto Nacional de Pesca.
En la isla, los biólogos tuvieron que esparcir manualmente un producto canadiense que encapsulaba el petróleo y lo degradaba en su interior.