Un juez avaló la campaña contra las cotorras porque afectan la producción granjera y la distribución eléctrica

El magistrado desestimó el recursos de amparo de una organización ambientalista, consideró legítima la campaña contra las aves y destacó que se trata de una iniciativa acotada en el tiempo que se aplicará solamente en algunos lugares.

Expo Melilla 2023
Bandada de cotorras, o loras, sobrevolando en Montevideo.
Foto: Leonardo Mainé

El juez de lo Contencioso Administrativo Juan José Benítez Caorsi desestimó una acción de amparo presentada por el Movimiento Ecqus Internacional que pretendía detener el programa del gobierno para abatir la población de cotorras en zonas de montes frutales. El magistrado argumentó que la práctica para su erradicación -cuestionada por la ONG por ser muy agresiva y con posible afectación ambiental- se justifica por el daño que esa ave hace a la distribución de electricidad y a la producción agropecuaria. “No hay arbitrariedad, sino ejercicio legítimo de las competencias ministeriales”, escribió Benítez en su dictamen. El juez entendió también que como el programa tiene “una delimitación espacial y temporal (...) no hay una infracción al principio de precaución tanto para el bienestar animal, como para la protección del ambiente para los ciudadanos”, agregó.

Ahora, la organización ambientalista evalúa si apela la decisión, dijo a El País la integrante del grupo, Karina Kokar. Los ambientalistas plantearon, como objeción central, que el programa supone la aplicación de un cebo muy tóxico en los nidos de las cotorras. Sin embargo, el juez detalló que se realizó un análisis de riesgo “por lo que no se aplica a centros poblados, a guisa de ejemplo en plazas públicas no hay uso de plaguicidas”.

“En este contexto, difícilmente pueda ser calificado como ilegitimidad manifiesta el contenido de las resoluciones impugnadas, cuando la Ley 18.441 sobre bienestar animal en su artículo 12 literal C autoriza a dar muerte por envenenamiento para combatir “plagas domésticas o agrícolas”, planteó Benítez. La cotorra (myiopstta monachus) fue declarada plaga en Uruguay en 1947.

Para Benítez no hay “crueldad” hacia las aves en la estrategia planteada y recordó que la campaña se llevará adelante de forma acotada en Canelones, Montevideo rural y San José. “O sea, no es al barrer en todo el país, sino en zonas específicas”, consideró.

Productores de frutos en Progreso
Cotorras sobrevuelan la ciudad de Progreso.
Foto: Darwin Borrelli

También entendió que no es de recibo el planteo ambientalista de que debería utilizarse cebo anticonceptivo. Citó a un técnico del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca que sostuvo que la población del animal creció mucho porque se dejaron de hacer campañas en 2021 y que explicó que “la cotorra es un bicho muy longevo, puede llegar a vivir 15 años”. Tras la decisión judicial, técnicos de Ganadería ya visitaron al menos un establecimiento cercano a Progreso, Canelones, particularmente afectado por la presencia de cotorras que arrasaron los manzanos, tomaron fotos y datos del predio.

Cambios ambientales

El productor Fernando Delpiano, presidente de la Sociedad de Fomento Rural de Progreso, explicó a El País que hay cambios ambientales que han incidido en la proliferación de las cotorras. Años atrás hacían sus nidos en talas o molles y tenían depredadores como los gatos monteses que controlaban su población. Ahora anidan en eucaliptus altos a los que no llegan esos depredadores o torres de la red eléctrica lo que también supone una complicación para UTE, explicó. Para Delpiano deben utilizarse todos los métodos posibles para controlar el crecimiento desmedido. “Se dejó de controlar la población, explotó y generó un desequilibrio. Lo que más le gusta es el maíz pero luego sigue con la fruta”, señaló.

MGAP
Fachada del edificio sede del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca.
Foto: Darwin Borrelli

Una especie longeva cuya población creció mucho

Benítez destacó en su fallo que no se utilizará el método del “pega-pega” para controlar la población de cotorras que los ambientalistas consideran cruel porque las aves quedan adheridas a la zona donde se aplica y se desgarran tratando de escaparse.

Un aspecto que favorece la proliferación de las cotorras es que, si no se controla su población, esta se dispara porque se trata de una especie longeva que vive más de 15 años y, a veces, hasta 30. En plantaciones de Colonia Wilson, San José, se ha llegado a perder el 30% de la fruta, dice Delpiano que es agrónomo y además de ser productor asesora a otros granjeros. “Si no hacemos nada para bajar las poblaciones para muchos productores va a ser el final porque las suyas son explotaciones familiares que necesitan ingresos”.

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