De la angustia a la rabia y de la rabia al llanto que, por poco, los dejaba respirar. La familia de Moisés Martínez tocó todas las puertas posibles pidiendo su absolución, pero ese anhelo se desplomó este miércoles pocos instantes después de que ellos llegaran a la sala de audiencias. La jueza María Noel Odriozola les informó que condenaría a Moisés por el homicidio de su padre y que no se configuraba, a su juicio el “perdón legal” que ellos solicitaban por haber sufrido “años de abusos y torturas sistemática” por parte del fallecido. La jueza dispuso la pena de 12 años de cárcel. Actué “dentro de los márgenes que la ley me permite (...) era prácticamente el mínimo”, explicó respecto de la pena.
Moisés mató a su padre en mayo 2025. Tres días antes, había conversado con su madre, quien le contó detalles sobre los años de abusos y torturas que sufrió por parte de su entonces pareja y que la afectaban hasta la actualidad. Después de eso, él viajó a Montevideo desde Paysandú y habló con sus dos hermanas, quienes se sinceraron -y lloraron- sobre los abusos que habían sufrido en su infancia. De acuerdo a la tesis de la defensa de Moisés, él no sabía de los abusos hacia sus familiares y se enteró en ese momento.
Él aseguró que se dirigió a la casa de su padre para pedirle que no se acercara a la madre y una explicación. Allí, le disparó unas 15 veces. Se descubrió el homicidio cerca de tres días después. En ese momento él se entregó y dijo: “Hice Justicia, hice lo que tenía que hacer”.
Durante unos 50 minutos, Odriozola leyó su sentencia en la que describió cuál fue su razonamiento y el motivo por el que dispuso la condena. Ella, a su vez, tenía el deber legal de fallar sobre los argumentos que habían traído tanto la Fiscalía como la defensa al juicio. Es decir, no podía traer razonamientos propios o externos. La Fiscalía que lidera Sabrina Flores había pedido que fuera condenado a una pena de 18 años de cárcel y su abogado, Marcos Prieto, había pedido la absolución por entender que cometió el crimen afectado por un estado de “intensa conmoción”.
Los motivos
La jueza entendió que las declaraciones de los parientes de Moisés que describen los abusos de su infancia “tienen validez en cuanto a la historia de vida” y fueron “de utilidad, pero únicamente en el contexto del resto de la prueba”.
Explicó que quedó demostrado que las charlas con sus parientes le ocasionaron “un gran dolor” y que él dijo que quería ver a su padre para “pedirle explicaciones”. “Sin embargo, fue probado también que se trata de hechos de larga data (previos al 2010), en los que la familia -con las secuelas evidentes que pudieron haber quedado- continuó con su vida, encontrándose en una situación distinta a la que atravesaron durante su niñez”.
Recordó que en el año 2010, una de las hermanas de Moisés contó en la escuela sobre los abusos sexuales a los que la sometía su padre, razón por la que el hombre fue condenado (estuvo en la cárcel un año y medio) y luego no hubo denuncias posteriores (como entiende la jueza que exige el artículo que legisla el “perdón legal”). Sostuvo que a su juicio quedó demostrado que Moisés fue a la casa de su padre con la intención de matarlo. “Si bien la prueba revela una historia familiar compleja y un estado emocional alterado del imputado al momento de los hechos, ello no resulta suficiente para eximir de pena la conducta del imputado, ya que sin haber una situación de peligro ni de él ni de sus familiares, Moisés se dirige a la casa de su padre y lo mata”, concluyó.
En particular tomó uno de los argumentos de la Fiscalía respecto al literal C del artículo 36 (el del perdón legal). Este dice que, para aplicarse el artículo, el autor u otras personas deben haber solicitado protección previamente al Estado sin haber obtenido una respuesta eficaz. Para Odriozola, esto no pasó ya que no hubo agresiones ni denuncias recientes.
“Un padre que abusa deja de ser padre”
Sara Martínez, hermana de Moisés, dijo que la Justicia se encontró con una familia “dispuesta a ir hasta lo último”. “Nos caen porque no hubo más denuncias y eso es no entender cómo funciona un agresor, sobre todo cuando es tu propio padre. Es como si te entrenara para el silencio”, describió.
Indicó que abusó de ella más de 60 veces y que cuando salió de la cárcel, “lo primero que hizo” fue ir a buscarla al liceo. “La Fiscalía me pregunta por qué no lo volví a denunciar. Y no, obviamente que no lo iba a volver a denunciar después de lo que me hicieron pasar. No hubo contención y mucho menos una reparación”, agregó.
Recordó que la pena que le dieron a su hermano es porque se computó el agravante del parentesco. A lo que expresó: “Hoy a mi hermano lo imputan a 12 años de cárcel por llevar la sangre de él. Y hay que entender que un padre que abusa realmente deja de ser tu padre. Porque el rol de la paternidad él nunca lo ejerció. Y que la víctima, la sobreviviente, habla cuando puede y no cuando el sistema quiere (...) Si es por la sangre, que me drenen acá, porque yo no quiero llevar más la sangre de este tipo”.
Entre los abusos descriptos en el juicio, los hermanos enumeraron hechos de índole sexual, pero también abusos físicos, torturas utilizando agua fría y cemento, así como agresiones psicológicas y extorsiones.