Redacción El País
Un hombre de 30 años fue condenado por haber abusado sexualmente de una niña de seis. El ahora penado escapó a Europa con su familia tras enterarse que iban a presentar una denuncia en su contra y permaneció allí durante casi cinco años. Finalmente fue detenido en España y trasladado a Uruguay, donde fue sometido a la Justicia. Llegó a un acuerdo abreviado que estableció un año de cárcel, uno de arresto domiciliario y otro de libertad vigilada.
Los hechos por los cuales fue condenado ocurrieron durante la Navidad de 2019. Luego del almuerzo del 25 de diciembre, el hombre estaba jugando con una niña de seis años, hijastra de su primo. Mientras los demás dormían la siesta él abusó de la niña, obligándola a tocarlo durante varios minutos.
Si bien la víctima contó lo sucedido a la abuela del condenado, esta le restó importancia y le habría dicho que debía "guardar el secreto". Horas más tarde, cuando nuevamente el hombre y la niña quedaron a solas, este tocó sus genitales.
La niña contó lo sucedido a sus padres, quienes confrontaron al abusador. Al enterarse de que iban a presentar una denuncia penal, se fue con su familia a Roma. Esto fue comunicado por la madre el hombre a una amiga suya (la madrina del condenado), a quien sin mayores explicaciones le dijo que se iban a mudar a Europa y que esperaba volver a verla en algún momento.
Abusos desde la infancia y caso que prescribió
Lucía Ramírez (ahora de 26 años) habló con El País y dijo conocer al ahora condenado desde que eran niños debido a que sus familias eran cercanas. La madre de Lucía es la madrina del abusador, mientras que la madre del hombre es madrina de Lucía. Por este motivo pasaban mucho tiempo juntos desde pequeños. Si bien ella también asegura haber sufrido abusos por parte del condenado por este caso, el suyo prescribió, por lo que la Justicia no pudo dictaminar.
Recuerda haber sufrido un primer episodio de abuso cuando ella tenía seis años y él diez, aunque relata que estos se repitieron durante años. "Miedo a que no me creyeran y no saber reconocer lo que estaba pasando", asegura que fueron los motivos por los que tardó años en revelar estas situaciones, aunque cuando era pequeña solía decir que él la "molestaba". Según cuenta Lucía, él usaba su gran tamaño para arrinconarla. "Siempre intentaba que nos quedemos solos y en lugares oscuros", dice.
Años más tarde, a sus 19, decidió contar a su madre lo vivido. Luego se enteró de la situación de abuso que vivió la niña, por lo que decidió ponerse en contacto con su familia para "tomar fuerza y denunciar todos juntos". "En una llamada de mi madre con la abuela del ahora condenado, a ella se le escapó decir que habían tenido un ´inconveniente´ con una niña pero que ya se iba a solucionar. En seguida averiguamos y nos pusimos en contacto", relata hoy Lucía. Al presentarse ante la Justicia, y luego de varias instancias con Fiscalía, se enteró de que su caso había prescrito. Igualmente, podía participar como una de las testigos más importantes en la causa de la niña.
En el medio del caso, asegura que su madre recibió una llamada por parte de la madre del hombre en la que "le pedía por favor que retirara la denuncia porque le iban a matar al hijo".
En conversación con El País, apunta contra Fiscalía. "No le hizo la Cámara Gesell a la niña y eso que su abogada lo pidió. Dicen que tienen muchos casos y no avanzaron nada", dice.
Hallazgo en España y acuerdo abreviado
Si bien inicialmente la madre del hombre había comunicado su intención de mudarse a Roma, a través de redes sociales (fotos publicadas por amigos que lo habían ido a visitar) consiguieron descubrir que se había mudado a España. Finalmente, gracias a una orden de captura internacional fue detenido a fines de 2024 por la Policía española en el municipio de Dénia, en la costa mediterránea.
Meses después, tras ser trasladado Uruguay, permaneció en prisión preventiva hasta los últimos días de diciembre de 2025, cuando recibió su condena mediante acuerdo abreviado con la Fiscalía de Delitos Sexuales de 2do Turno. Admitió haber sido autor de dos delitos de abuso sexual agravados y fue condenado a tres años de penitenciaría, aunque solo uno en cumplimiento efectivo (cárcel). Debido a que se descuenta el tiempo que pasó en prisión preventiva, ya se encuentra en la siguiente fase de la pena.
Se trata de un año en arresto domiciliario total con tobillera electrónica. El último año lo pasará en libertad vigilada, cumpliendo las siguientes condiciones: obligación de fijar domicilio y no modificarlo sin previo aviso, presentarse una vez por semana en una seccional policial, prohibición de comunicación y acercamiento a la niña y su madre en un radio de 1.000 metros. También debe reparar patrimonialmente a la víctima con doce salarios mensuales (o en su defecto lo doce salarios mínimos).
Además, sufrirá la pérdida e inhabilitación del ejercicio de la patria potestad o guarda, así como su inhabilitación para el ejercicio de funciones en el área educativa, salud y todas aquellas que impliquen trato directo con niños o adolescentes, personas con discapacidad o en situación de dependencia. Esto regirá por diez años.
Lucía manifestó a El País su disconformidad con la resolución del caso. "Eramos varios los testigos, incluso el tío del hombre iba a declarar. Si iba a juicio la pena iba a ser mucho mayor", aseguró. "No nos protegieron a mi ni a la niña", concluyó.
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