SAULI NIINISTÖ

"No hay que sentirse más grande de lo que uno es"

Es el primer presidente de Finlandia en visitar Uruguay en casi un siglo de vida independiente del país nórdico.

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Sauli Niinito. Foto: Oficina del Presidente de la República.

Si bien el presidente en Finlandia tiene menos peso ejecutivo que en Uruguay, se encarga de la política exterior y de comandar a las fuerzas armadas. Niinistö es una figura central en la política finlandesa, donde ha sido ministro de Economía, “speaker” del Parlamento y ha tenido un rol clave en la delicada relación de su país y de la Unión Europea con Rusia. Además es uno de los sobrevivientes del tsunami de Tailandia de 2004 donde se salvó al subirse a un poste con su hijo. Dato no menor, fue también presidente de la Asociación Finlandesa de Fútbol.

—¿Cuáles son los motivos de este primer viaje de un presidente de Finlandia a Uruguay?

—En principio es una muestra de reciprocidad tras el viaje del presidente Mujica a Finlandia dos años atrás. Él tuvo la amabilidad de invitarme, así que estoy en cierta forma devolviendo su gentileza. Por otro lado, somos dos países que tenemos muchas cosas en común pese a que estamos bastante lejos. También es verdad que hay industrias finlandesas que están mostrando gran interés en Uruguay. Sabemos de las inversiones que están haciendo allí. Algunos de estos industriales se van a sumar a nuestra delegación para el viaje. Y esperamos que encuentren nuevos negocios y asociaciones que también traigan beneficios a Uruguay y a su gente. Pero la primera razón es estrechar aún más nuestras ya muy buenas relaciones bilaterales.

—Hoy Uruguay es uno de los mayores receptores de inversión directa finlandesa.

—Sí, sobre todo en lo que tiene que ver con el rubro forestal. Nuestras dos principales empresas del sector tienen presencia en Uruguay, UPM y Stora Enso, aunque esta hoy es en parte sueca. La verdad no sé si estas empresas tienen inversiones de semejante magnitud en otros países.

—¿Y qué le comentan estas empresas sobre su experiencia en Uruguay?

—Creo que han sido muy positivas. Todos recordamos los problemas que hubo en algún momento (la crisis con Argentina por Botnia), pero en general escucho que la experiencia ha sido muy buena. Y el hecho de que estén pensando aumentar sus inversiones de la manera tan fuerte en que se está hablando, me da para pensar que están contentos. Usted no duplica su inversión en un país si los antecedentes no han sido satisfactorios.

—A primera vista Uruguay y Finlandia parecen dos países muy distintos, pero estando aquí uno se da cuenta que hay semejanzas, sobre todo la relación con vecinos grandes y difíciles como Rusia. ¿Cuál sería la receta finlandesa para sobrevivir en un entorno complicado?

—Creo que si no sos una gran potencia, hay que aceptar el rol que te toca jugar. Usted sabe que nosotros hemos sido durante la historia parte de Suecia y de Rusia, y eso nos ha enseñado mucho. Y que no hay que sentirse más grande de lo que uno es. Esa es la mejor actitud para enfrentar este problema. Pero es verdad, mi asistente por ejemplo ha recorrido bastante América del Sur, y me decía que el estilo de vida en Uruguay es muy similar al europeo.

—Bueno, es un comentario algo generoso... Desde hace ya algunos años la UE y el Mercosur están enfrascados en negociaciones para un acuerdo de libre comercio. ¿Qué punto de vista tiene Finlandia al respecto?

—No hemos tomado todavía una postura oficial sobre el tema. Pero en principio, Finlandia apoya el libre comercio. Históricamente nos hemos beneficiado del libre comercio y creemos que es algo positivo. Pero este caso puntual todavía no se ha discutido en Finlandia. Sobre los problemas en Europa que usted mencionaba, tenemos varios, no solo el Brexit. Está también la cuestión de Turquía, que es muy delicada en este momento. Y también el tema de los refugiados que está golpeando mucho por estos días.

—Uruguay tuvo una experiencia compleja con los refugiados, porque el gobierno del presidente Mujica aceptó a unos 40 ciudadanos sirios, pero varios de ellos ahora se quieren volver a su país.

Nosotros recibimos unos 35 mil refugiados durante el otoño e invierno pasados. Una cantidad enorme de gente. También encontramos que algunos de los que vinieron, no se adaptaron al país, que el país no era lo que ellos esperaban, y se fueron. Pero todavía tenemos a unos 20 mil aquí, y es muy difícil integrarlos, encontrarles trabajo. Pero estamos haciendo un trabajo duro en ese sentido.

—Una palabra que surge mucho hablando con la gente es que Finlandia es un país de "consensos". Que se da mucha importancia al diálogo. Uruguay supo ser así en algún momento, pero ya no tanto. ¿Cuál es el secreto de Finlandia para mantener ese espíritu?

Primero que nada me gustaría señalar que Finlandia es desde hace años y de acuerdo a los rankings internacionales, uno de los países más estables del mundo. Así que la situación en Finlandia es bastante buena. Pero el consenso aquí no se refiere solo al tema político, también alcanza a las relaciones laborales, etc. Seguro que tenemos enormes discusiones políticas. Tal vez hoy en día eso se haya debilitado también un poco en el país, hay gente que dice que esa idea de consenso se ha llevado demasiado al extremo. Pero tanto las personas como el sistema político reconocen la importancia de mantener la estabilidad y tomar decisiones concretas, y no pasarse discutiendo temas por años. Yo todavía confío en que si bien estamos atravesando problemas hoy en Finlandia, al final del día la tradición de consensos y diálogo siga siendo la que domine en el país.

Otra gran bandera de Finlandia es el sistema educativo. ¿Cómo ven esto los finlandeses? Algunos me lo han mencionado como un gran orgullo nacional, otros dicen que está un poquito sobredimensionado…

En general eso se refiere al sistema de educación inicial, que ha logrado muy buenos resultados en las pruebas Pisa. Creo que se debe a que después de la segunda guerra mundial la gente y los padres se dieron cuenta de que si querían darle a sus hijos un mejor nivel de vida, del que ellos habían tenido, la educación era la clave para lograr eso. La educación y los maestros siempre han sido muy respetados en Finlandia. Nuestros maestros tienen todos título universitario, a diferencia de muchos otros países, y creo que eso es clave para entender los resultados de la educación en el país.

Los países nórdicos son vistos a nivel global como un ejemplo de igualitarismo y de políticas sociales de bienestar. Sin embargo en estos años todos los países están asumiendo reformas pro mercado o liberales significativas. ¿Se puede hacer esas reformas sin perder la identidad de estos países?

Es verdad que desde hace ya varios años los países nórdicos, incluido Finlandia, se han vuelto más abiertos al mercado y asumido reformas de tipo liberal en la economía. Pero tenemos una larga tradición de igualdad, y creo que podemos mantener eso pese a los cambios. Hoy en día la economía de nuestros países no está tan bien, y hemos sufrido mucho, por ejemplo por las sanciones que ha padecido Rusia, que es un importante socio comercial. Hemos tenido que recortar nuestros presupuestos y eso ha golpeado en los beneficios sociales de la gente. Pero de todas formas en mi opinión hemos tenido éxito en mantener nuestras tradiciones en ese sentido. Seguimos siendo de los países más igualitarios según el índice Gini, por ejemplo. Está muy profundo en las raíces nórdicas esa tradición, y no creo que eso vaya a cambiar.

Los finlandeses parecen tener como característica nacional el ser un poco melancólicos o grises, otro aspecto en el que parece tenemos mucho en común. Pero por otro lado hay todo un mundo que desborda optimismo en el sector de las startups y emprendimientos de este tipo, que es vanguardia a nivel de Europa. ¿Cómo se combina todo eso?

Creo que esa imagen de que los finlandeses somos gente triste no es tan acertada. Tal vez tenga que ver con que somos gente un tanto introvertida y callada. Hay una historia que se cuenta aquí de dos hermanos que se encuentran tras 20 años sin verse. Uno le dice al otro "¿Cómo estás?". "Bien. ¿Y tu familia?", contesta el otro. "Veo que te volviste un conversador en estos años", responde el primero. Hay una cosa que refleja el fenómeno de las startups y es que los jóvenes con buena educación hoy en Finlandia quieren tener su propio emprendimiento. No quieren ser empleados de otro. Eso es totalmente nuevo en Finlandia. En mis tiempos, cuando era estudiante, la mayoría de la gente quería entrar a trabajar en Nokia, o en otras empresas grandes o en el Estado. Ahora hay toda una cultura nueva de que hay que inventarse algo para uno mismo. Y eso hoy es clave para la sociedad finlandesa. Y es algo que ha pasado muy rápido, el proceso no ha llevado más de 10 años.

¿Cree que ese proceso puede ser replicado en otros países? ¿O hay una raíz cultural que hace que sea algo único de los finlandeses?

No veo límites. ¿Por qué no?

Relaciones en su mejor momento histórico.

Uruguay y Finlandia son socios estratégicos en el pleno sentido de la expresión. La relación bilateral cobró entidad a mediados de la década pasada con la radicación de la primera de las dos megainversiones directas de fuente total o parcialmente finlandesa, las plantas de UPM y Montes del Plata, de la cual Stora Enso es accionista. Sumados esos dos emprendimientos representan una cifra cercana a tres puntos del PBI; los empleos directos o indirectos generados se aproximan a los diez mil. Si tomamos las dos pasteras la inversión en la planta industrial de cada una de ellas supera los mil millones de dólares. A eso debe agregarse que tanto UPM como Montes del Plata son dueñas de más de 200 mil hectáreas de tierras forestales. Asimismo, ambas poseen polos logísticos con instalaciones portuarias e importante infraestructura. A comienzos del pasado mes de julio UPM comunicó que Uruguay podría albergar una tercera planta de celulosa, si se adecuara la infraestructura logística que permita el desarrollo de emprendimientos de gran escala orientados a la exportación. La llegada hoy del presidente Niinistö se da en el marco de estas negociaciones, que pueden tener un impacto sin precedentes para la economía del país, y cuando el gobierno más necesitaba un gesto positivo que mostrar al mercado.

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