Una mujer llega a un servicio de emergencia con dolor en el pecho y el médico le sugiere que está ansiosa o nerviosa. Le da un ansiolítico sublingual y la manda de regreso a casa, sin hacerle un electrocardiograma. Ella tampoco se lo sugiere. En el mismo servicio de urgencia si el que consulta es un hombre, es muy posible que con esa misma sintomatología le realicen enseguida un electro. “Hay una baja percepción del riesgo cardiovascular, tanto en el médico como en la paciente”, resumió Mariana Drever, cardióloga y expresidenta del Comité de Cardiopatía de la Mujer de la Sociedad Uruguaya de Cardiología. Lo que dice la experta es un problema mayor si se considera que en Uruguay las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte de las mujeres (en los hombres es el cáncer).
“Si sigue siendo la primera causa es porque continúa habiendo más fallecimientos. Si eso sucede es que hay menos diagnóstico y menos tratamiento”, afirmó la especialista en En Clave País.
A ello se suma que los síntomas de una mujer que infarta no son los mismos que los de un hombre, una realidad que tampoco es conocida siempre por el personal de salud. Ellas sí presentan dolor en el pecho, aunque acompañado por otros síntomas como el cansancio, la fatiga o falta de aire y el dolor de espalda. Y es por eso que las pacientes suelen confundir lo que les sucede con una contractura u otra dolencia y, por lo tanto, consultan más tarde, según Drever.
“Durante un gran tiempo hubo una mala formación de los médicos en lo que es salud cardiovascular, más que nada de la mujer, entonces ello llevó a que se minimicen los síntomas. Eso está cambiando. Por eso se realizan campañas para concientizar de que la primera causa de muerte en la mujer es la enfermedad cardiovascular. Si te viene una con dolor de pecho a una consulta, entonces lo primero que hay que hacer es un electro y luego ir a otras causas”, sostuvo la cardióloga.
A su vez, es habitual que la mujer también tenga la percepción de angustia ante un dolor en el pecho. “La mujer carga con mucho, preocupaciones del hogar, hay madres solteras, otras cuidan padres, y entonces sucede que ella también dice que está angustiada por todo lo que hace”.
Autopercepción
La visión de las mujeres sobre el tema ha sido investigado. En el estudio Enfermedades cardiovasculares: ¿qué perciben las mujeres de Uruguay? se les solicitó que que seleccionaran, de un listado de 12 patologías, cuál consideraba que era el principal problema de salud. El cáncer fue la enfermedad que lideró el ranking (51%) declarado por las encuestadas. Lo siguieron —con una significativa distancia (40% por debajo)—, las enfermedades psiquiátricas (11%) y las patologías cardiovasculares + ACV (10%: 8% y 2%, respectivamente).
“La percepción de las mujeres encuestadas sobre la enfermedad cardiovascular (ECV) es baja, existiendo brechas por edad, nivel socioeconómico y región. En la consulta, los médicos informan poco sobre el tema. Es necesario un esfuerzo continuo para mejorar la percepción de las mujeres sobre la ECV en su propio género, intentando llegar principalmente a las poblaciones de mayor riesgo”, concluyeron Mónica Giambruno, Virginia Michelis, Anabela Fernández, Ivanna Duro, Elena Murguía, Carolina Artucio y el Comité de Cardiopatía en la Mujer de la Sociedad Uruguaya de Cardiología, autores del estudio publicado en 2022. Según Drever otras investigaciones sobre el tema obtuvieron los mismos resultados, con un agregado: además del cáncer las mujeres uruguayas perciben los femicidios como otra de las principales causas de muerte.
Además, estudios realizados con consultas a médicos generalistas demuestran que solo una proporción muy baja dice sentirse capacitado para evaluar el riesgo cardíaco de las mujeres en particular.
Las diferencias la atención que se brinda en emergencias a hombres y mujeres también persiste en algunos procedimientos, según Drever. Citó el estudio Angioplastia primaria en el infarto agudo de miocardio: diferencias según el género, que analizó la situación en Uruguay entre 2004 y 2012 y concluyó que si bien las mujeres presentaron características clínicas de mayor riesgo, “recibieron una revascularización menos completa” —se realizaron menos angioplastias y se colocaron menos stents— y “que la mortalidad en cualquier período del seguimiento fue mayor que la de los hombres”.
Otro tema que complejiza la situación es que cuando se le efectuaba a la mujer un cateterismo, procedimiento en el que se introduce un tubo muy fino y flexible por una arteria y se lo guía hasta el corazón para observar si las arterias coronarias están estrechadas u obstruidas, los médicos pueden no observar nada anormal. “Entonces, les decían no tenés nada, estabas angustiada, puede ser otra cosa. Incluso le retiraban los tratamientos. Pero ahora se ha visto que las mujeres infartamos distinto”, resume Drever. Se refiere a Minoca (Myocardial Infarction with Non-Obstructive Coronary Arteries) que es el infarto sin lesiones coronarias. Lo que sucede no es que las mujeres no tengan nada sino que la patología se produce a nivel de los microvasos y, por lo tanto, en el cateterismo no es visible. Sí puede ser detectada por los cambios en el electrocardiograma y los estudios en sangre (biomarcadores cardíacos). “Ahora se está manejando mejor esto, hay que dejarle un tratamiento como que si hubieses tenido un infarto”.
En Minoca también puede desencadenarse por la ruptura de una placa de colesterol que genera un trombo, bloqueando el flujo de sangre de forma temporal antes de disolverse o desplazarse. Ello no es detectable con el cateterismo aunque sí se observa que la luz cuando realizan el examen se vuelve menos ancha, debido a que posiblemente haya una placa. “La enfermedad coronaria es muy traicionera porque hay muchas formas de verla”, resumió Drever.
Según la experta, los hombres presentan menos Minonca e Inoca (Ischemia with Non-Obstructive Coronary Arteries), que es la isquemia cardíaca sin obstrucciones significativas de las arterias coronarias. Quizás no necesitan un stend, pero no puede faltar tratamiento. “De a poco los cardiólogos estamos aprendiendo más de cómo manejar estas situaciones con las mujeres”, sostuvo.
Otra cuestión que perjudica a las mujeres es que si bien Uruguay tiene un sistema de salud que universaliza el acceso al cateterismo, para que se efectúe el procedimiento hay que solicitarlo. “Y esa indicación sigue siendo deficitaria en relación a los hombres”, indicó Drever.
El origen
En la medicina existió históricamente la tendencia a aplicar lo que se estudiaba y se conocía para el hombre en las mujeres. Luego se empezó a hilar más fino y se detectó que ellas estaban subrepresentadas en los estudios científicos a nivel estadístico. Para empezar, porque en la etapa reproductiva se las solía excluir.
Cuando se comenzó a analizar de forma separada a la mujer, se llegó a la conclusión que su situación en relación a la salud cardiovascular debe ser evaluada de forma diferencial desde la edad temprana. “Se vio que la menarca, la edad en que te desarrollás, es importante. Implica un riesgo cardiovascular en los extremos, cuanto más chiquita o más avanzada es la edad que te desarrollás, aumenta el riesgo cardiovascular, gráficamente es como una U”, explicó Drever. Esto sucede por la implicancia de los estrógenos, que están en todo el organismo, también en el corazón y en el cerebro.
También el embarazo y cómo transcurre tiene relación con el pronóstico cardiovascular. Por ejemplo, se ha demostrado que la diabetes gestacional, el parto prematuro y la preclamsia incrementan ese riesgo de sufrir patologías como hipertensión, diabetes y generar otras enfermedades.
Ya más adelante en el ciclo vital, la menopausia es otro mojón. Por ejemplo, las mujeres sufren más de alzhéimer que los hombres. Estudios científicos determinaron que cuánto más precoz es la edad de la menopausia más precoz es ese deterioro cognitivo.
“Se la está reconociendo hoy como una ventana que tiene el cardiólogo para tener una cierta reestratificación del riesgo de la mujer y aplicar tratamientos para reducir el riesgo cardíaco en las mujeres”, explicó Drever.
En este sentido la capacitación a profesionales de la salud es clave. A mediados de agosto se realizó el seminario-Taller de Educación Médica Continua dedicado a “Menopausia y riesgo cardiovascular: decisiones que cambian pronósticos”, al que asistieron ginecólogos y cardiólogos, entre otros profesionales. “Lo que se intenta es que se trabaje el tema de forma más multidisciplinaria y se unan otras especialidades”, resumió la experta. Como consejos, Drever recomienda no subestimar lo que siente ni estadios, hacerse un chequeo cardiológico, saber cuál es su rango de presión y si consulta en la emergencia por dolor en el pecho, pedir un electrocardiograma si no se lo ofrecen.