El fenómeno de El Niño podría alcanzar una intensidad récord y convertirse en el más fuerte de los últimos 100 años, según explicó Marcelo Barreiro, doctor en Oceanografía, investigador y docente de la Universidad de la República (Udelar), en entrevista con En Clave País, el streaming del diario El País.
El investigador indicó que la temperatura de la superficie del mar en una región del Pacífico ecuatorial registra actualmente una anomalía de 3,5 °C respecto de los valores normales y que el fenómeno todavía no llegó a su punto máximo. De acuerdo con sus proyecciones, "el pico se produciría en diciembre, cuando la desviación podría alcanzar los cuatro grados".
Barreiro explicó que la denominación “súper Niño”, utilizada en ocasiones para describir este tipo de episodios, no es un término científico. Sin embargo, sostuvo que el fenómeno actual "se encuentra claramente dentro de la categoría de El Niño muy fuerte", de acuerdo con los criterios que utiliza la comunidad científica para clasificar su intensidad.
Para determinar la magnitud del fenómeno, los investigadores miden las anomalías de la temperatura superficial del mar en una región específica del Pacífico ecuatorial. Cuando la temperatura supera entre 0,5 y un grado los valores habituales, se considera un Niño débil; entre uno y 1,5 grados, moderado; entre 1,5 y dos grados, fuerte; y por encima de los dos grados, muy fuerte.
El especialista recordó que, desde la década de 1980, se han registrado cinco episodios de El Niño muy fuerte: los de 1982-1983, 1991-1992, 1997-1998, 2015-2016 y 2023-2024. El episodio de 2015-2016 había sido el más intenso hasta ahora, con una anomalía de 2,6 °C en la región del Pacífico utilizada como referencia. La cifra actual de 3,5 °C y la posibilidad de llegar a cuatro grados marcarían, según su análisis, un escenario excepcional.
Qué se espera para Uruguay durante el verano
Barreiro explicó que "El Niño comenzó a desarrollarse en julio y que su influencia se extenderá hasta mayo o junio del año siguiente". No obstante, aclaró que "sus efectos sobre Uruguay varían según la estación y la región del país".
Durante la primavera, el fenómeno está asociado a temperaturas inferiores a las habituales y a lluvias por encima de lo normal, principalmente al norte del río Negro. Según el investigador, esas previsiones ya se han observado en el comportamiento reciente del tiempo.
En el suroeste del país, en cambio, durante setiembre, octubre y noviembre existe una tendencia a precipitaciones por debajo de lo normal. Esto muestra que los impactos del fenómeno no son uniformes y que pueden variar incluso dentro de un territorio relativamente pequeño como Uruguay.
De cara al verano, Barreiro señaló que "la influencia de El Niño tiende a debilitarse" y que "otros patrones de variabilidad climática también inciden en las condiciones meteorológicas". Con la información disponible al momento de la entrevista, la previsión apuntaba a "un verano algo más lluvioso de lo normal, fundamentalmente al norte del río Negro".
En cuanto a las temperaturas, se esperaba que fueran algo más bajas de lo habitual en el norte y cercanas a los valores normales en el sur. Para la zona costera, el investigador sostuvo que, "considerando únicamente la señal de El Niño, no se observaba un impacto marcado sobre las precipitaciones y las temperaturas".
De todos modos, advirtió que "las proyecciones para el verano tienen incertidumbres, debido a la interacción con otros fenómenos climáticos cuya evolución resulta más difícil de anticipar".
El cambio climático puede potenciar las tormentas
Durante la entrevista, Barreiro hizo una distinción entre El Niño y el cambio climático. Explicó que "El Niño es un fenómeno de variabilidad climática natural que ha existido a lo largo de la historia y que, por sí mismo, no puede atribuirse al calentamiento global".
Sin embargo, advirtió que sus efectos pueden ser más intensos en un planeta que ya presenta temperaturas más elevadas.
En el caso de Uruguay, "El Niño suele provocar cambios en los vientos que favorecen las lluvias". A su vez, el calentamiento de la atmósfera aumenta la cantidad de vapor de agua que puede contener, un elemento que funciona como combustible para las tormentas.
“Las tormentas que puede generar un fenómeno de El Niño van a ser más intensas porque hay más combustible”, explicó el investigador.
Barreiro señaló que todavía no está claro hasta qué punto el cambio climático ha modificado la dinámica propia de El Niño. No obstante, sostuvo que "el calentamiento global sí ha cambiado el contexto en el que se producen sus impactos, lo que puede agravar las consecuencias de determinados eventos meteorológicos".
Una herramienta para anticipar los impactos
Ante la posibilidad de que el fenómeno tenga consecuencias importantes en distintos sectores, el Departamento de Ciencias de la Atmósfera, Física y Océanos de la Facultad de Ciencias de la Udelar desarrolló un sitio web con información científica sobre los impactos de El Niño en Uruguay.
La iniciativa reúne conocimientos generados durante aproximadamente 30 años de investigación sobre el fenómeno, la variabilidad climática y el cambio climático. El objetivo es que esa información esté disponible para organismos públicos, empresas y distintos sectores productivos, de modo que puedan anticiparse y adoptar medidas de acuerdo con sus necesidades.
Barreiro explicó que los científicos pueden aportar información sobre los escenarios climáticos probables, pero que las medidas concretas deben ser definidas por los especialistas de cada sector. Como ejemplo, mencionó los informes elaborados para el sector agropecuario con recomendaciones de manejo ante un escenario de El Niño fuerte.
También destacó el trabajo conjunto con el Instituto Uruguayo de Meteorología (Inumet) para mejorar la disponibilidad y el análisis de la información.
Consultado sobre la preparación del país, el investigador consideró que "el tema se ha tomado con seriedad" y valoró la coordinación entre organismos y "las herramientas que se están poniendo a disposición de la población y de los distintos sectores".
El antecedente de La Niña y la sequía
Barreiro también explicó la diferencia entre El Niño y La Niña, dos fases opuestas de un mismo sistema de interacción entre el océano y la atmósfera.
Mientras El Niño se caracteriza por un calentamiento anormal de las aguas del Pacífico ecuatorial, La Niña implica un enfriamiento de esa región. El investigador recordó que "Uruguay sufrió las consecuencias de tres episodios consecutivos de La Niña, entre 2020 y 2022, cuyo efecto acumulado contribuyó a la sequía que dejó sin agua potable a la región metropolitana".
Desde el punto de vista económico, sostuvo que las sequías suelen tener consecuencias más graves que los episodios de exceso de precipitaciones. En ese sentido, recordó que la sequía que afectó al país tuvo un impacto estimado de cerca de dos puntos del producto interno bruto (PIB), equivalente a unos US$ 2.000 millones.
En cambio, explicó que los efectos de El Niño suelen manifestarse de otra manera, con consecuencias sociales asociadas, por ejemplo, a las inundaciones y al desplazamiento de familias.
Sobre lo que ocurrirá después del episodio actual, Barreiro señaló que todavía no es posible determinar si Uruguay ingresará en una fase neutra o si se desarrollará un nuevo evento de La Niña.
“Una cultura meteorológica” desde la escuela y el liceo
Más allá de las previsiones, el investigador puso el foco en la necesidad de mejorar la formación de la población para interpretar la información meteorológica y actuar adecuadamente ante fenómenos extremos.
Barreiro sostuvo que existe una mayor sensibilidad social frente a las lluvias intensas, las olas de calor y otros eventos, pero consideró que todavía falta una formación básica que permita comprender qué significan las alertas y cómo responder ante ellas.
“Lo que nos falta mucho es que haya una formación mínima en meteorología”, afirmó.
El investigador planteó que esa formación podría incorporarse desde la escuela y, especialmente, en la educación secundaria. A su entender, "conceptos como tornado, ciclón, baja presión o ráfaga suelen confundirse, aunque refieren a fenómenos diferentes y con escalas y duraciones distintas".
“Lo que estamos fallando es más en generar una cultura meteorológica, una cultura climática”, señaló, y agregó que disponer de más información no alcanza si las personas no cuentan con herramientas para interpretarla.
En esa línea, consideró que "los fenómenos atmosféricos deberían abordarse también desde la física en el liceo, y no únicamente desde una perspectiva descriptiva en geografía".
La nueva licenciatura en Oceanografía de la Udelar
Durante la entrevista, Barreiro también destacó la creación de la licenciatura en Oceanografía de la Universidad de la República, una carrera que "reúne a 11 servicios universitarios y contempla distintas ramas de la disciplina".
La formación abarca la Oceanografía Física, Química, Geológica, Biológica y Socioambiental, con el objetivo de integrar distintas perspectivas para estudiar los océanos.
El investigador consideró que "la creación de esta carrera representa un paso importante para Uruguay, un país con una extensa zona marítima que hasta ahora no contaba con una licenciatura específicamente dedicada a la formación en Oceanografía".
A su juicio, "desarrollar capacidades nacionales en esta área resulta especialmente relevante porque fenómenos como El Niño, que se originan principalmente en el océano Pacífico, tienen repercusiones directas sobre el clima, la economía y la vida cotidiana de los uruguayos".
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