LA OTRA CARA DE LA PANDEMIA

Las maestras que fueron al rescate de los escolares en plena pandemia del COVID-19

Después de la suspensión de las clases presenciales, miles de escolares se desvincularon de las escuelas. Algunas maestras fueron puerta por puerta para entender el motivo y restablecer el vínculo.

La pandemia del COVID-19 retrasó los aprendizajes y agrandó la brecha entre ricos y pobres. Foto: Archivo El País
La pandemia del COVID-19 retrasó los aprendizajes y agrandó la brecha entre ricos y pobres. Foto: Archivo El País

Iban más de dos semanas de clases virtuales y el 70% de los escolares de la escuela 97, en Dolores, no se conectaba. Ni siquiera daba señales de vida. La desvinculación a causa del COVID-19 superaba la que esa misma institución había padecido cuatro años antes, cuando la potencia de un tornado de más de 300 kilómetros por hora había volado los techos, hizo estallar los vidrios y dejó un camión de carga volcado en el patio del recreo.

María Noel García -con 15 años de experiencia docente, diez de ellos en esta escuela del litoral y tres como maestra comunitaria- comprendió que la insistencia por Whatsapp, o las cartas que enviaban a los escolares cuando un adulto retiraba la vianda de emergencia en la escuela (si lo hacía), no eran suficientes. “¿Y si vamos a buscarlos uno por uno?”.

María Noel García, escuela 97 de Dolores, Soriano. Foto: Gentileza
María Noel García, escuela 97 de Dolores, Soriano. Foto: Gentileza

A más de 240 kilómetros de allí, entre las casas de techos bajos que rodean al Mercado Modelo de Montevideo, Viviana Castro -maestra desde hace 24 años- se hacía la misma pregunta. El equipo docente de su escuela, la número 89, había agotado los recursos: llamadas a los teléfonos registrados y a los vecinos más cercanos, mensajes en la plataforma de Plan Ceibal y correos electrónicos. Pero, ¿quién iba a responder cuando los padres estaban preocupados por la falta de trabajo, o desbordados por cómo entretener a los más pequeños, o asustados por el avance de un virus del que tenían poca información, o cuando no comprendían que la obligatoriedad de la asistencia a clase estaba en suspenso, pero no el derecho a educarse?

Viviana Castro, escuela 89 de Montevideo. Foto: Gentileza
Viviana Castro, escuela 89 de Montevideo. Foto: Gentileza

“Vamos a las casas”. A Viviana no le importó caminar unas 30 cuadras de ida, incluso cuando el sol ya se ocultaba y las calles apenas quedaban en penumbras, para golpear la puerta de varias viviendas del Plan Juntos y conversar. Fue así que se enteró que unos quince alumnos pasaban horas sin comer. Y hasta comprobó que una niña que había perdido a su madre años atrás por una muerte súbita se tuvo que mudar de apuro a Melilla, a la casa de su abuela, porque el padre no podía compatibilizar la crianza y el trabajo. Y esa mudanza fue como revivir la pérdida de su madre.

María Noel, en Dolores, siguió los pasos que su colega montevideana. Caminó las mismas calles que el tornado había dejado destruidas y llegó a la casa de una madre que estaba desbordada. Sus cuatro hijos en edad escolar recibían tareas diarias, y esa madre que no había acabado Primaria y casi no comprendía las consignas de las maestras, pero se desesperaba en el intento de que los pequeños cumplieran con los deberes en tiempo y forma. “Hubo que ayudar a esa madre a administrar los tiempos, hubo que hacer que los maestros tuvieran consideración y, sobre todo, hubo que escuchar... escuchar mucho”.

La situación escolar en números.

La pandemia del COVID-19 retrasó los aprendizajes y agrandó la brecha entre ricos y pobres. Se ha dicho hasta el hartazgo. Pero en algunos rincones del país dejó al descubierto -o mejor dicho tapadas hasta que los maestros lo descubrieron- miles de situaciones de violencia, de afectación a la salud mental, de negligencia y abandono.

Intervenciones de escuelas disfrutables en 2020 Fuente. CEIP. Infografía: Sergio Galeano | El País
Intervenciones de escuelas disfrutables en 2020 Fuente. CEIP. Infografía: Sergio Galeano | El País

En concreto, las autoridades han detectado desde el suicidio de una niña, a 413 casos de abuso y 16 de explotación sexual, y más de 275 episodios de maltrato emocional que requirieron la intervención de trabajadores sociales y psicólogos.

Escuelas Disfrutables, el programa de Primaria que cuenta con equipos psicosociales que buscan generar un mejor clima educativo, aumentó un 40% sus intervenciones durante el año de pandemia. Y en al menos 3.438 casos esas labores fueron a causa de la desvinculación escolar.

Situaciones de violencia en centros escolares. Fuente. CEIP. Infografía: Sergio Galeano | El País
Situaciones de violencia en centros escolares. Fuente. CEIP. Infografía: Sergio Galeano | El País

La cifra (que implica más del 1% de los escolares que se habían matriculado) es solo la punta más visible de un iceberg que, por lo bajo, esconde las miles de intervenciones que tuvieron que hacer maestras como María Noel y Viviana.

“En junio, tras ir casa por casa, logramos la renvinculación de todos los estudiantes. Pero en setiembre hubo dos niños que se volvieron a desvincular. En esos casos se dio pase a la intervención de Escuelas Disfrutables”, cuenta María Noel. Desde ese programa se resuelve si el caso amerita, en última instancia, un pase a la Justicia. Antes se intenta el apoyo profesional, pero, según el reporte anual al que accedió El País, hay departamentos como Colonia y Lavalleja en que Escuelas Disfrutables no tiene siquiera un solo trabajador social.

Lo que determine un juez, a su vez, no cambia la realidad. ¿Qué realidad? “Una tarde llegué a una casa de una familia de la escuela. Eran como siete hermanos durmiendo en una misma habitación. No tenían siquiera una mesita para ponerse a hacer las tareas. ¿Cómo es posible que un padre, aunque sea su obligación, entienda en ese contexto la relevancia de la escuela?”. María Noel se conforma con la otra cara de la moneda: los padres que hicieron lo imposible para mantener el vínculo.

Intervención jurídica Fuente. CEIP. Infografía: Sergio Galeano | El País
Intervención jurídica Fuente. CEIP. Infografía: Sergio Galeano | El País

“Una hace lo mejor para los niños. Parece una frase hecha, un lugar común. Pero es así. El maestro no se limita a enseñar sumas y restas”. Viviana fue decoradora, cuando ayudó a la niña que se había mudado a Melilla a que rediseñara su habitación para que levantara la autoestima y volviera a clase. Fue psicóloga tras cada puerta que le tocó golpear. Y hasta fue coreógrafa para que otra niña de 13 años pudiera superar su trauma de ir a la escuela.

Julia -la llamaremos así para reservar su identidad- era una de las niñas que vivía más lejos de la escuela. No se conectaba, pese a que en la planilla de Primaria figuraba como que tenía una tablet de Ceibal y buena conectividad. “Cuando fuimos a su casa”, recuerda Viviana, “la madre nos explicó que la niña no participaba por el COVID-19. Después de conversar un rato, descubrimos que las dificultades de aprendizaje de esa niña-adolescente le habían quitado las ganas de encontrarse con sus compañeros de clase. Se sentía menos que el resto. Pero vimos que en esos días sin nada que hacer, se las pasaba mirando videos de Tik-Tok y bailaba al compás de sus bandas favoritas”. Por eso Viviana ideó un baile, usando un poema de Pablo Neruda, y la chica fue su asistente. La coreografía luego se la enseñaron a los más pequeños de la escuela y Julia, con el alma fortalecida, regresó al banco escolar.

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