PANDEMIA
El presidente de ANEP dijo: “Estamos trabajando para hacerlo de forma escalonada previa autorización sanitaria. Queremos hacerlo cuanto antes, de ser posible”.
El 28 de abril el presidente Luis Lacalle Pou anunció en conferencia de prensa el regreso de las clases presenciales. Primero las escuelas rurales de un solo docente, después las escuelas rurales de hasta 50 niños que no son unidocentes y las clases de cero a cinco años de educación pública y privada, y en una tercera etapa, el resto de las escuelas rurales y el primer ciclo de educación primaria en todo el país, salvo en Canelones y Montevideo. Sin embargo, no se hizo referencia a qué pasará con las escuelas y centros de educación especial.
Al respecto, Robert Silva, presidente de ANEP, dijo a El País: “Estamos trabajando para hacerlo de forma escalonada previa autorización sanitaria. Queremos hacerlo cuanto antes, de ser posible”. Además, explicó que regirá, como el año pasado y a comienzos de 2021, el mismo protocolo que para todos los centros educativos del país. “Las condiciones sanitarias son las mismas. Los criterios (para el regreso) son similares atendiendo las diferentes realidades”. Sin embargo, ¿cuál es la situación de estos centros educativos actualmente?
De acuerdo a información disponible en la página de la Dirección General de Educación Inicial y Primaria, en Uruguay hay 81 escuelas especiales en todo el país, todas son urbanas y, de ellas, 27 están en Montevideo. Además existen colegios privados.
Patrizia Spagnulo, maestra especializada y directora de un colegio de educación especial de Montevideo que funciona desde hace 26 años y tiene alumnos con diversas patologías y trastornos -aunque la mayoría tiene Trastorno del Espectro Autista-, dice que hoy la situación del colegio es de “total incertidumbre e inquietud”.
“Siendo una institución educativa formal dependiente de ANEP, en ningún momento de este período (ni el año pasado) antes, durante o proyectando el retorno a la presencialidad, hemos tenido una sola indicación formal sobre las medidas a tomar, debiéndonos regir por lo que todos escuchamos en los informativos, y de acuerdo a la responsabilidad y conciencia de cada dirección”. En conferencias del gobierno no se ha hablado particularmente de educación especial.
De esta manera, Spagnulo cree que se debería pensar a la educación especial como una categoría en sí misma, con sus “parámetros y realidades”, teniendo en cuenta “las características de su población, de la modalidad educativa y la dinámica de cada centro”.
En el colegio que ella dirige, en particular, han intentado mantener el contacto con los niños y jóvenes que concurren al colegio. “Hacer todo detrás de una pantalla es un detalle no menor teniendo en cuenta las dificultades que esto ofrece a nuestra población”. Grupos de Whatsapp de intercambio con las familias, clases por Zoom, actividades por videos de Youtube, todo suma, pero no es suficiente. El encierro afecta “muchísimo” a estos niños y también a sus familias.
“Son varios los llamados y mensajes de madres y padres que buscan ayuda, que se sienten estresados y frustrados porque sus hijos no quieren saber nada con la tarea. Miran los videos y escuchan los audios con alegría, disfrutándolos, pero al momento de sentarse a trabajar o al momento de bailar o hacer un ejercicio, se niegan y empieza una crisis”, cuenta Spagnulo.
Ellos quieren volver, no entienden por qué está cerrado. Quieren verse, asegura la docente. “Aunque después no se hablen o parezca que no se relacionan, saben que son parte de un grupo y que ese espacio les pertenece y que siempre hay una oreja para escuchar, un ojo para observar y guiar, una sonrisa para alentarlos. Las referencias que tenemos de recaídas en desajustes conductuales, depresión, angustia, aislamiento, nuevas obsesiones, desinterés, son preocupantes”, concluye.