CAMBIO EDUCATIVO AL FIN DEL PERÍODO

Adiós a la repetición automática en los liceos; ahora los docentes tendrán la última palabra

Tras dos años de discusión, el Codicen resolvió la eliminación de la repetición automática. La cantidad de asignaturas con calificaciones de insuficiencia dejarán de condicionar la promoción.

Liceales

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La repetición escolar tendrá, en Uruguay, la apariencia de esos tribunales de La Haya. En vez de jueces de toga negra y pañuelo blanco, habrá docentes. Examinarán a cada estudiante, uno a uno, y darán su veredicto final: ¿pasa de año?

Tras más de dos años de discusión, el Codicen tomó una resolución: adiós a la repetición automática. ¿Qué significa? Los alumnos dejarán de promover, o no, según la cantidad faltas o de asignaturas sin una calificación suficiente. Los profesores, en las famosas reuniones de fin de año, tendrán la potestad de determinar si Fulano o Mengano están en condiciones de avanzar al siguiente nivel. Como reza el documento oficial: “Que la eventual repetición de un estudiante sea una decisión del colectivo docente”.

La decisión del Codicen, la primera de este talante desde que en Uruguay la repetición está siendo cuestionada, se hará efectiva cuando Primaria, Secundaria y UTU reglamenten lo que las autoridades de la educación les encomendaron. Dicho en criollo: regirá a partir del próximo año lectivo -cambio de gobierno mediante.

“La repetición es un problema del sistema, no es obra de ningún partido políticos”, explicó Antonio Romano, director de Planeamiento de la ANEP y uno de los promotores de la medida. “Esta resolución no es un decretazo, sino que hubo comisiones, seminarios internacionales y nacionales, y demasiada evidencia empírica para afirmar que el enrome atraso en el egreso (de la enseñanza obligatoria) está ligado a la repetición”.

PISA lo dejó en claro. De los 79 países que fueron evaluados, Uruguay es el cuarto con más porcentajes de estudiantes tuvieron al menos una experiencia de repetición. Y, a la vez, es rezago queda tan de manifiesto en el desempeño académico que ni siquiera se empareja por niveles socioeconómicos.

A los 15 años, edad en la que PISA evalúa, un estudiante debería estar en primer año de bachillerato. Esos uruguayos que cursaban en tiempo y forma al momento de la prueba obtuvieron, en promedio, 467 puntos en Lectura. Aquellos que estaban con un año de retraso sacaron 90 puntos menos. Y los que repitieron dos años, 129 menos.

El retiro de los blancos muestra que es difícil acordar políticas de Estado. Foto: AFP
El nuevo sistema regirá a partir del próximo año lectivo -cambio de gobierno mediante. Foto: AFP

Pero hay un dato que al Codicen le preocupaba más aún: PISA evalúa a adolescentes que siguen en el sistema, sin embargo, de cada diez estudiantes que repiten en primer año de liceo o UTU, nueve abandonan. Tanto es así que el sociólogo Santiago Cardozo llegó a decir: “La no promoción (y el desfase que eso genera) es uno de los mejores predictores de riesgo en las trayectorias educativas”.

Resolución educativa.

El nuevo cambio reglamentario solo conoce dos antecedentes: la flexibilización de la repetición por inasistencias -que ya se aplica- y una resolución de Secundaria, del año pasado, que establece que el estudiante que repite no tiene que volver a cursar aquellas asignaturas que ya había aprobado. La nueva disposición va mucho más allá.

El Codicen le pide a los desconcentrados “que sea posible concebir modalidades de evaluación que trasciendan la consideración materia a materia, promediando entre conocimientos que tienen afinidad epistemológica”. Así las cosas, las asignaturas seguirán existiendo pero las calificaciones serán por áreas temáticas: lectroescritura, ciencias y lógica.

Eso les implica a los profesores un desafío: dejar de lado el asignaturismo y tratar de entender al alumno y cómo ayudarlo. Entonces, la política vuelve al debate. ¿Están dadas las condiciones para que haya alternativas a la repetición escolar?

En la escuela parece no haber demasiadas dificultades. El año pasado Primaria alcanzó el mínimo histórico de repetición: 3,8%. Según los datos preliminares a los que accedió El País, todo parece indicar que este 2019 se seguirá debajo del 5%, un guarismo casi insignificante. El problema es en la educación media. Cada alternativa implica inversión: tutores, clases de apoyo, seguimiento personalizado...

“Es que en todo este debate, la clave está en la palabra ‘seguimiento’”, dice Adriana Aristimuño, una de las académicas que más ha estudiado la repetición y cuyo nombre se maneja para la dirección de Planeamiento del próximo Codicen.

En una de las investigaciones que lideró Artistimuño, revelaba que en un tercio de los países no existe la repetición y que hay otros 43% en que la cantidad de veces que se puede repetir está limitada. Pero en todos estos casos, enfatizaba la académica, “había una alternativa”. Por eso a esta docente de la Universidad Católica le parece “bárbaro” que se le delegue la responsabilidad al colectivo docente, el que “está capacitado para evaluar y tener en cuenta aspectos como inasistencias o materias bajas”.

Eso sí: para Aristimuño “es llamativo” que una resolución de esta envergadura “se termine efectivizando justo en mitad de un cambio de la administración”.

Fin a un paradigma uniforme

“En las condiciones actuales (y pasadas), el sistema no brinda oportunidades reales a un número muy importante de estudiantes de cursar y progresar en los tiempos esperados: el estudiante que no aprende, no progresa... pero el que no progresa, no aprende”. Cuando el sociólogo Santiago Cardozo pronunció esta frase, en el seminario internacional en el que se discutía sobre la repetición, buena parte del auditorio asintió con la cabeza como esos perritos de juguete que algunos taxistas llevan en la parte delantera de sus vehículos. Cardozo resumía, en pocas palabras, un cambio de paradigma.

El presidente del Codicen, Wilson Netto, enfatizó que el seguimiento de las trayectorias educativas establece un cambio conceptual: si la educación es para todos, todos tienen el derecho de estar y continuar.“ Hay que romper con la uniformidad, que era el paradigma del siglo XX, para dar paso a la singularidad”.

Una muestra de este cambio de paradigma es la propia modificación de los nombres: la educación inicial era preescolar, porque filtraba al estudiante para la escuela. El bachillerato era preuniversitario, porque era el colador de los que estaban aptos para la universidad.

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