CRISIS EN ASSE: UN FINAL ANTICIPADO

Una carrera política a toda velocidad, pero a los tumbos

Llegó tras caída de Venegas; acusó a la “derecha descarnada” de su cese.

Susana Muñiz por Arotxa
Susana Muñiz por Arotxa

Primero se sentía el ruido de los tacos que develaban su nervioso caminar. Luego aparecía ella, con sus trajecitos a lo Michelle Bachelet, su enorme cartera de cuero negro y una pila de papeles y carpetas debajo del brazo izquierdo. Ella siempre adelante. Detrás sus dos asesores de comunicación, franqueándola, prontos para soplarle las respuestas correctas. Así llegaba Susana Muñiz a las entrevistas. Coqueta, pedía unos minutos para peinarse y maquillarse. Contestaba cada pregunta saltando de palabra en palabra, de sílaba en sílaba, de letra en letra. Su lengua, sinuosa, se trancaba en las consonantes, como un alumno miedoso. Se medía. Pero a veces no podía, le ganaba el genio, y se despachaba enfática contra sus detractores.

En marzo de 2015, el mismo día en que dejó la cartera de Salud Pública tras dos años de gestión sin pena ni gloria, firmó una ordenanza por la cual sentenció que varios medicamentos de alto costo no serían entregados jamás por la cartera —entre otros figuraba el Cetuximab, un fármaco contra el cáncer de colon por el que el Estado recibe la mayoría de los juicios. Cuando El País la consultó por esto, respondió: "Presumo que los laboratorios financian los juicios por medicamentos… No solo de forma directa, sino también a través de los propios médicos que los recetan. Les dan becas y vacaciones".

Así es Muñiz —o lo era cuando tenía poder—, por un lado las respuestas medidas entre tartamudeos, y por otro, el golpe "burdo", a decir del expresidente del Sindicato Médico, Julio Trostchansky, uno de los grandes enemigos que cosechó en estos años de liderazgo. Quizá por esto el departamento de comunicación siempre la cuidó tanto. No hacía declaraciones salvo que no tuviera más remedio, que varias cámaras la apuntaran al final de una conferencia de prensa. Concertar una entrevista a fondo llevaba meses, y hacía mucho tiempo que no se enfrentaba a un periodista cara a cara y a solas.

Ese mismo mes de marzo en que dejó el Ministerio, asumió como presidenta de ASSE y entonces se le preguntó por los casos de corrupción que afectaban a los hospitales públicos. Ella contestó: "Me estoy comiendo un garrón porque es una situación bastante anterior a la mía". Se refería al caso Buena Estrella, la empresa por la cual el exdirector de ASSE, Alfredo Silva, terminó procesado por conjunción de interés público con el privado. "Cuando Silva cayó ella era ministra", le recuerdan a veces sus mayores críticos, como el diputado nacionalista Martín Lema.

El tiempo, además, luego, pondría sobre los hombros de Muñiz nuevos y polémicos casos: directores de hospitales que contratan a sus propias empresas tercerizadas de ambulancias y limpieza, gastos excesivos en publicidad en centros de salud del interior, violaciones a los derechos humanos en las colonias psiquiátricas Etchepare y Santín Carlos Rossi, el horror del hospital Saint Bois, donde unos 200 niños recibieron un fármaco para adultos, hospitales sin farmacias habilitadas y centros enteros sin el aval de bomberos, entre otras —muchas otras— irregularidades que motivaron la apertura de una investigadora parlamentaria pedida por Eduardo Rubio, diputado de Unidad Popular.

El ascenso.

Llegó a la política sin necesidad de dar discursos. Tampoco tuvo que conseguir votos. Siempre quiso ser doctora. Y se recibió en 1993. En los años de estudiante militó en la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y mientras hacía la Facultad daba clases de Biología en dos liceos. Le gusta dar clases, dejó de hacerlo recién en 2013 cuando pasó al Ministerio.

Creció, vivió y vive hasta hoy en Ciudad de la Costa. Allí supo ir siempre al comité de base del Partido Comunista. En el Sindicato Médico tuvo una participación más bien tímida siendo afín al sector de Daniel San Vicente, acérrimo y enérgico opositor a las alas mayoritarias. Desde ahí participó en los primeros años de los 2000 en una serie de movilizaciones organizadas por la Federación de Funcionarios de Salud Pública, en ese entonces liderada por Alfredo Silva.

"Un salario digno", pidieron en las grandes protestas de 2003, de las que ella fue parte siendo directora del hospital de Ciudad de la Costa. Lo hizo, eso sí, sin interrumpir el servicio, generando un plan de contingencia que permitiera la atención de los usuarios. Ella solía recordar este antecedente cada vez que se enfrentaba a algún sindicato: "Se puede protestar sin paralizar todo", les decía.

En el primer gobierno del Frente Amplio fue directora del Segundo Nivel de Atención de ASSE. En el segundo, el de José Mujica, comenzó con este cargo y al mismo tiempo trabajando como asesora de Jorge Venegas, antes de que fuera ministro, cuando se desempeñaba como subsecretario de Daniel Olesker. "Después yo me voy, queda Venegas de ministro, y cuando se va viene Muñiz. No era algo raro. Era natural que el cargo fuera para ella", supo declarar Olesker a El País.

Sin embargo, la llegada de Muñiz a la secretaría de Salud fue, para algunos, toda una sorpresa. La salida de Venegas se decidió en una reunión entre el entonces presidente y los referentes del Partido Comunista: Juan Castillo, Eduardo Lorier, Daniel Marsiglia y Marcelo Abdala. "No hay más remedio, tenemos que sacarlo", dijo Mujica en medio de una polémica porque Venegas, chileno, no tenía la ciudadanía uruguaya. El encuentro fue en la chacra del exmandatario. Cuando se fueron tuvieron otra reunión de dos horas en la que analizaron la situación. Manejaron cuatro nombres: el del propio Marsiglia, el del sindicalista de la salud privada Jorge "Fogata" Bermúdez, el de la entonces directora del Departamento de Laboratorios del MSP Cristina Mier, y el de Muñiz. Ganó ella.

Las fuentes dicen que Mujica no sabía quién era.

No solo es funcionaria de carrera en ASSE —por lo que podría a volver a trabajar en la salud pública a partir de hoy—, sino que además se ha atendido siempre en hospitales públicos, nunca ha trabajado en el sector privado y suele ostentar el orgullo de conocer cada una de las más de 900 unidades ejecutoras (entre hospitales y policlínicas) que hay a lo largo y ancho del país. Los que la quieren dice que Tabaré Vázquez la eligió para el cargo teniendo en cuenta todo esto. Los que no, dicen que lo hizo para cumplir con cuotas políticas.

El descenso.

Su estadía en el ministerio pasó sin mucho ruido, más allá de algún enfrentamiento puntual con el Sindicato Médico. Pero una vez asumió el cargo en ASSE una ola de críticas se desató sobre ella. La ordenanza contra los fármacos caros le costó golpes tanto desde la oposición como del gremio médico. En medio de esto se empezaron a dar a conocer una serie de auditorías, ordenadas luego del caso Alfredo Silva, que desnudaban un sinfín de irregularidades en varios centros.

El más escandaloso de los casos es el del Hospital de Bella Unión, donde una empresa regenteada por, entre otros, el hoy director del Pereira Rossell, Federico Eguren, le vendía servicios de ambulancias al centro de salud. Después vino la caída del director del Hospital de Rivera, Andrés Toriani, que había usado fondos destinados a "estudios médicos" para pagar salarios. Tanto Eguren como Toriani contaron, en un principio, con el apoyo de Muñiz.

La expresidenta está casada y tiene un hijo de 20 años. Su esposo, dueño de una empresa, se toma solo dos semanas de vacaciones al año: en Carnaval y en Semana de Turismo. Ella, dicen desde ASSE, hace lo mismo. La carta de renuncia que escribió luego de que el presidente Vázquez le pidió que dejara el cargo, y en la que acusa a la "derecha descarnada" de su caída, la escribió en sus vacaciones en su casa de Ciudad de la Costa. En su entorno dicen que está cansada de los trajes a lo Bachelet y que quizá vuelva a la túnica blanca.

LOS DESENCUENTROS DE "SUSANITA"

Lema y Trostchansky, archienemigos que la tuvieron a maltraer

"La pregunta sería, si vos presidís un organismo y en ese organismo se definen las contrataciones con conocimiento de TODO (sic) el directorio. ¿Quien preside dicho organismo no tiene responsabilidad? ¿Es o se ASSE?", escribió el expresidente del Sindicato Médico, Jorge Trostchansky, el martes en Twitter, unas horas antes de que Susana Muñiz presentara su renuncia. El posteo lo acompañó con la imagen de Susanita, el personaje de Quino.

Trostchansky ha criticado a Muñiz una y otra vez, desde su asunción en ASSE, a través de posteos de este tipo.

En septiembre de 2015, por ejemplo, puso una captura de Mafalda mirando a Susanita y preguntándole "¿Y el futuro?".

En entrevista con El País, en mayo del año pasado, Trostchansky dijo que estos posteos molestaban mucho a Muñiz, y que "incluso era algo que ella ponía sobre la mesa cuando había reuniones para hablar por cosas serias"

El otro gran rival de Muñiz, en tanto, fue el diputado nacionalista Martín Lema, que hizo más de 100 pedidos de informes en poco más de dos años, y fue el primero en pedir que se dieran a conocer las auditorías que se realizaron después del caso Alfredo Silva, al exdirector de ASSE procesado por conjunción. A partir de esto salieron a la luz varias de las irregularidades que se conocen ahora.

Lema, además, interpeló a las autoridades de Salud Pública en el verano pasado, y allí puso sobre la mesa una serie de casos de presunta corrupción en varios hospitales.

Tras esto, el diputado de Unidad Popular, Eduardo Rubio, pidió que se abriese una investigadora sobre ASSE. Esta, que seguirá su curso, está indagando irregularidades desde el año 2008.

Tanto Muñiz como los directores que presentaron su renuncia ayer, por pedido del presidente Tabaré Vázquez, deberán seguir declarando ante ésta, que volverá a reunirse la semana que viene.

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