Roma AI, la startup uruguayo-chilena que permite crear, operar y gobernar agentes de inteligencia artificial (IA) integrados en las herramientas de las empresas, concretó una ronda semilla de US$ 1,2 millones.
La inversión fue liderada por el fondo chileno Invexor Venture Partners, que apuesta a empresas emergentes tecnológicas en etapas tempranas y de crecimiento.
Según explicó el uruguayo Richard Barbera, CEO y cofundador de la tecnológica junto a los chilenos Javier Hernández y Benjamín De Oto, el dinero se utilizará para crecer, fortalecer el equipo de ingeniería y desarrollar nuevas capacidades de gobernanza y seguridad para agentes de IA.
Según detalló, el 55% de los recursos se destinarán a contratación de personal -hoy la plantilla está conformada por nueve colaboradores y el plan es llegar a 30 en seis meses, con varios de ellos en Uruguay-, mientras que el 33% se utilizará para marketing y eventos promocionales. El resto se empleará en tecnología e infraestructura y en operaciones y administración.
Barbera ideó Roma AI en febrero de 2025, tras varios años liderando el desarrollo de asistentes conversacionales para grandes retailers, como Cencosud, y al ver el potencial de las nuevas plataformas de IA. «Siempre tuve ese bichito de querer hacer eso, a otra escala y para otro tipo de empresas. Y ahora, lo que en otro momento me hubiera llevado seis meses y un equipo de dos o tres personas, la IA me lo permitió resolver en menos de un mes, trabajando solo», destacó.
Tras validar el prototipo con empresas dispuestas a pagar desde el inicio, el emprendedor, que está incubado en Ingenio, sumó como inversor ángel a Ramón Heredia. En mayo de 2025, la compañía se constituyó en Chile, donde ya tenía clientes corporativos.
Hoy procesa más de 500.000 mensajes al mes para más de 50 empresas de la región. Los principales clientes provienen de sectores regulados, como banca, seguros, salud y retail.
Gobernanza de agente
La plataforma permite crear, operar y gobernar agentes e integrarlos con los sistemas de gestión de las empresas, como calendarios, plataformas de pago, catálogos y desarrollos propios, a través de APIs (interfaz de programación de aplicaciones). Uno de sus diferenciales es que brinda trazabilidad, reglas de negocio, auditoría y monitoreo continuo, indicó Barbera. A modo de ejemplo, mencionó que las empresas ya la utilizan para «tramitar la venta de un crédito automotor de punta a punta o coordinar un turno en una clínica dental sin intervención humana», a la vez que aclaró que esto brinda seguridad. «No le podés dar acceso a tus sistemas directo a OpenAI por un tema normativo; nuestra plataforma se integra dentro de la empresa, y esos datos sensibles se quedan dentro», remarcó.
Además, el cliente puede auditar cada conversación y cada acción en la que participó el agente.
El modelo de negocio de la startup se basa en el cobro por volumen de conversaciones, no por proyecto. «Para no estar en la discusión de los tokens, directamente lo hacemos por cantidad de conversaciones y nos hacemos cargo de todo», aclaró.
Los planes para pymes parten de 500 conversaciones mensuales por US$ 99, mientras que las cuentas corporativas contratan 2.000, 4.000 o 10.000 conversaciones al mes, con soporte preferencial y equipo dedicado.
A futuro, la estrategia de crecimiento de Roma AI combina la incorporación de clientes con la venta de más servicios dentro de las cuentas activas. «Tenemos una fuerte retención, hasta ahora ningún cliente corporativo dio de baja el servicio», finalizó.
La plataforma es utilizada por un amplio rango de empresas. Richard Barbera, CEO y cofundador, explicó que la vertical que concentra el mayor crecimiento es la financiera, con clientes como Caja Los Andes, BK Servicios Financieros, Banco Tanner, Crediautos, BICE Vida y Consorcio. Pero también tienen clínicas dentales y estéticas que captan pacientes por redes sociales. «Cada una recibe en promedio 80 turnos agendados por mes de forma automática», comentó. En el rubro automotor sus asistentes gestionan entre dos y tres ventas de vehículos por mes por concesionaria.