Nació en un pequeño pueblo de Paysandú y hoy hace agentes de Inteligencia Artificial para empresas en varios países

Desde joven, a Christian Valdomir Costanzo, le atraía el mundo emprendedor. Estudió agronomía y medicina, no le gustó, y creó una startup. La vendió y en 2024 cofundó Mozart que ya posee más de 50 clientes

Christian Valdomir Costanzo. Cofundador y CEO de Mozart.
Christian Valdomir Costanzo. Cofundador y CEO de Mozart.
LEO MAINE

Christian Valdomir Costanzo, cofundador y CEO de Mozart, nació hace 31 años en Tiatucurá, un pequeño pueblo a 160 kilómetros de Paysandú. A los tres años se mudó a la capital departamental donde vivió hasta sus 18 años, cuando se instaló en Montevideo para estudiar Agronomía. Abandonó, probó con Medicina, pero también desistió. Realizó cursos de informática y una tecnicatura en empresas en la Universidad de la República.
También trabajó en varias compañías aunque su plan siempre fue emprender, algo que le apasionaba desde muy joven. Así, en 2015 creó Cucowin -startup que vendió en 2023- y en paralelo cofundó Urubank, el origen de Mozart.

Hoy la firma que creó junto a José Ignacio Verde y Diego Sánchez, ofrece agentes de voz con inteligencia artificial (IA), principalmente para recupero de carteras de deuda del sector financiero, tiene unos 50 clientes en la región y crece un 30% mensual. En sus ratos libres disfruta salir a correr y estar con amigos y familia.

A continuación, un extracto de la entrevista con El Empresario.

Estudió agronomía, medicina y economía, pero emprendió en tecnología. ¿Por qué?
Mi idea era ser ingeniero agrónomo para administrar una estancia, o si era médico crear una app de salud. Comencé ambas carreras, pero las dejé. Luego cursé una tecnicatura en empresas en la Udelar y me encantó; no por la parte económica, sino por (entender) cómo funcionaba una empresa. También hice un curso de analista programador. Ahí dije: «Esto es lo que quiero». Luego, viendo el auge de las economías colaborativas, decidí hacer algo. En 2014 creé un «Uber de médicos», pero no funcionó en Uruguay, aunque logré lanzar una (versión) beta en Chile que captó 5.000 usuarios y un fondo de Startup Chile.

Christian Valdomir Constanzo, cofundador y CEO de Mozart

"De joven iba al ciber y, en lugar de jugar como otros amigos, leía notas de emprendedores del exterior con ideas exitosas"

—¿Por qué emprender?
El interés por emprender lo tengo desde que hacía el liceo en Paysandú. En 2012 armé Pichonart junto con mi padre, donde vendíamos productos sublimados a todo el país por Mercado Libre y Facebook. También traía cosas de China, como una especie de drop shipping. Siempre me gustó ese mundo: de joven iba al ciber y, en lugar de jugar como otros amigos, leía notas de emprendedores del exterior con ideas exitosas. También conocí historias de uruguayos como Sergio Fogel y AstroPay y pensé: «¡Qué genial que esté pasando en Uruguay!». Entonces, cuando vine a Montevideo a estudiar, vi que se podía hacer y comencé a programar por mi cuenta, a copiar código. En 2015 hice mi primer emprendimiento formal en Montevideo con US$ 50, Cucowin. Nació como una agencia digital y terminó siendo una software factory, con 22 personas, que vendí en 2023 a un grupo chileno. Si bien no fue una venta millonaria, lograr mi primer exit me permitió ver que podría construir algo con valor para otro. En paralelo, trabajé en otras empresas como Dedicado y Claro Empresas. Mi primer trabajo fue en un call center de Scotiabank. Además, Cucowin me permitió lanzar varios proyectos porque lo usaba como motor de desarrollo de mis ideas. La génesis de Mozart, Urubank, es uno.

Christian Valdomir Costanzo. Decidió pivotear su modelo de negocio cuando investigó y descubrió que el mercado de deuda tardía en la región es de US$ 200.000 millones.
Christian Valdomir Costanzo. Decidió pivotear su modelo de negocio cuando investigó y descubrió que el mercado de deuda tardía en la región es de US$ 200.000 millones.
Foto: Leonardo Mainé

—¿Cómo se gestó Mozart?
Surgió con el auge de los bancos digitales. En un momento vi que estaba Ualá en Argentina, Nubank en Brasil, Revolut en Europa, y dije: «Esto tiene que estar acá». Compré el dominio Urubank y me puse a investigar cómo hacer un banco. Iba seguido al Banco Central para averiguar, para hablar con las autoridades. Mientras estaba en la sala de espera, comencé a hablar con gerentes de bancos, directores de financieras y dueños de cooperativas. Hasta que un día, luego de hablar con varios, contarles la idea y decirme todos los requerimientos, me di cuenta que era imposible. Pero tenía los contactos que había hecho y decidí crear un «banco de pymes». Se los comento y al inicio no tuve respuesta. Hasta que, al llegar la pandemia, una financiera me llamó. El dueño me dijo que no le interesaba el banco para pymes, pero como estaba cerrando sus sucursales y necesitaba seguir operando, quería vender créditos por WhatsApp. Y vi una oportunidad. Yo trabaja para una empresa chilena que tenía una herramienta de envíos por esa plataforma, así que acepté el reto. Con el equipo de Cucowin y los chilenos, armamos Urubank con esta versión de venta de créditos por WhatsApp.

—¿Cuándo pasaron de una idea para un cliente a ser una empresa con escala regional?
Al entrar en ScaleUp de Endeavor. El programa fue un antes y un después, porque si bien confiaba en poder vender afuera, no sabía cómo. Aprendí mucho de Martín Alcalá Rubí, Santiago García, Ruben SosenkeRuben Sosenke. Empezamos a crecer como empresa que automatizaba procesos comerciales de entidades financieras por WhatsApp. Comenzamos a trabajar con bancos enormes de la región, sobre todo en Centroamérica. Fue muy fácil venderlo porque el modelo de negocio era muy simple, cobraba solo por cada crédito que colocaban. Ahí nos dimos cuenta que el modelo escalaba bien, pero el negocio no. Entonces a fines 2023 cerramos la empresa. Con José Ignacio Verde, mi socio, decidimos poner la inteligencia artificial (IA) en el centro, en cómo desarrollar, prospectar, vender y ordenarnos. En febrero de 2024 surgió Mozart, que era nuestro orquestador de Urubank. También se sumó Diego Sánchez, uno de los desarrolladores.

—Hasta ese momento el negocio era la venta de créditos, pero a fines de 2024 pivotearon para cobranza de deuda. ¿Por qué?
Un día de noviembre de 2024, tuvimos una reunión con Crédito Amigo y nos dijeron que la cobranza era su dolor principal. Ahí fue el clic. Me puse a investigar y encontré que el mercado de deuda tardía en la región es de US$ 200.000 millones. Entonces pensé que, si podíamos captar el 1%, eran US$ 2.000 millones. Y ya teníamos las herramientas de voice agent para llamadas, que funcionan como una persona real que se entrenan con información de la empresa, y se conectan al CRM para conocer el contexto. Ahí nos dimos cuenta que no vendíamos una herramienta, sino resultados. Por eso cambiamos el modelo de negocio, de un SaaS (Software as a Service) a un trabajador virtual. Hoy nuestro negocio es venta de IA worker. Para eso desarrollamos nuestro motor de voz conversacional. Para entrenarla, le volcamos data, grabaciones, PDF, Excel, y lo conectamos a microservicios de AWS (Amazon Web Services). Logramos un motor conversacional que entiende la cadencia, emociones y cómo funciona la conversación. Nuestro gran diferencial es que comprende mejor la cadencia en español comparado con otras IA. Y con cada interacción mejorara su capacidad. Cada agente trabaja con información cerrada de la empresa, en base al sentimiento que la compañía quiera configurar. Puede hacer hasta cinco llamadas en simultáneo. También ofrecemos un dashboard, una plataforma donde tienen la gestión de los agentes, llamadas conectadas, compromisos de pago, envíos de chat, resúmenes, grabaciones, análisis, auto-auditorías y mejora continua.

Christian Valdomir Costanzo. "Hacemos voice agent para llamadas, que funcionan como una persona real que se entrenan con información de la empresa, y se conectan al CRM para conocer el contexto", explicó.
Foto: Leonardo Mainé

—¿Cuántos clientes tienen?
Cerca de 50, de los cuales 43 son del exterior, principalmente en Centroamérica. El primero fue Crédito Amigo en noviembre de 2024; el primero en el exterior fue Ficohsa. Luego se sumaron Bancolombia, BBVA, BAC, Eurofarma, Surus, Sicoob y Entel. Los principales clientes son financieras, bancos y aseguradoras, unas 36 empresas. También tenemos de telecomunicaciones y retail. Pero nuestra mayor obsesión es bajar la latencia de una conversación a 200 milisegundos para que suene «más natural». Hoy estamos en 800 milisegundos. Además, al motor de voz le sumamos "miniagentes" que lo ayudan. Uno supervisa la llamada, otro va a buscar información a la base de contexto, otro conecta con el CRM para corroborar si el cliente pagó. Y para que suene «natural» sumamos ruido de fondo de oficina, tipeo de teclas.

—¿Cómo monetizan?
Cobramos por única vez US$ 890, y eso incluye el entrenamiento y la conexión al troncal de llamadas de cada cliente. Luego una tarifa de US$ 499 por agente al mes como si fuera un sueldo, que incluye 1.000 minutos (el extra cuesta US$ 0,19). Además, hay un porcentaje por cobro efectivo de entre 1% y 7%; la media es de entre 30% y 35%. Hoy, nuestra principal fuente de facturación viene por las cobranzas, que son entre el 80% y 85% del total. También abrimos otras verticales como recuperación de carritos abandonados en e-commerce, venta de pólizas y cobranzas entre empresas.

—¿Qué resultados obtienen sus agentes?
En comparación con el call center tradicional, en deuda morosa tardía (mayor a 90 días), estamos por encima de un 60% de recuperación. Hoy conectamos más de 100.000 llamadas. De estas, casi el 80% es por cobro, de las cuales un 38% se concreta la gestión de cobranza, frente al 18% de call centers tradicionales. En contactabilidad estamos cerca del 65% cuando la media es 40%. Tenemos en funcionamiento más de 100 agentes. La clave es la omnicanalidad, llamamos por teléfono, contactamos por WhatsApp, mail y SMS. Además, medimos el mejor horario para contactar.

—¿Cuánto crece la empresa?
Un 30% mensual. No hemos llegado al punto de equilibrio porque reinvertimos todo. Ahora estamos por cerrar una ronda de inversión importante que nos ayudará a crecer más fuerte todavía, sobre todo en Brasil y México. Nuestro objetivo es cerrar 2026 con una facturación de US$ 3 millones anual.

—Manejan muchos datos sensibles de personas, ¿qué lugar ocupa la ciberseguridad?
La seguridad y privacidad de los datos son una de nuestras principales prioridades. Tenemos los mayores estándares de seguridad. Corremos la información en servidores de cada cliente, y si es en nuestra nube en AWS, está en un clúster cerrado para el cliente al que solo accede la empresa. Por ejemplo, si yo quiero escuchar una grabación, le tengo que pedir permiso. Además, los datos están tokenizados y hasheados (se transforman en un código alfanumérico único y de longitud fija). Solo para entrenar lenguaje natural usamos modelos públicos de IA como OpenAI.

«La IA aumenta productividad de personas en call center»
Christian Valdomir Costanzo.
Foto: Leonardo Mainé

¿Cree que esto sustituirá el trabajo del call center?
—En tareas de bajo valor sí, pero creo que siempre tienen que existir personas que sepan el contexto de la empresa, que entiendan más allá de los datos. Se apalancarán en la IA, los humanos se dedicarán a supervisar la tecnología.

¿En qué tareas será?
—Hoy algunos call centers la utilizan sobre todo cuando tienen que «barrer» una cartera grande de deuda que lleva mucho tiempo, para luego pasarla más pulida a las personas. Por ejemplo, de una cartera de 100.000 deudores, la tecnología identifica cuáles son los 5.000 «llamables». Una vez hecho esto, intervienen las personas. Y esto, además de bajar mucho los costos operativos, aumenta muchísimo la productividad de las personas. Creo que no hay que cerrarse a la tecnología, porque es algo que pasará sí o sí. Yo por ejemplo, no tengo miedo de perder mi trabajo porque soy quien le da contexto a mi IA, con la que trabajo todos los días. Con la IA nos pasa que las grandes empresas están mucho más abiertas a ser early adopters. Hoy les hago un demo de cómo funciona y enseguida me dicen que quieren ir a un piloto.

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