En 1982 nació en la ciudad de San Pablo, Brasil, Eduardo Saverin. Hijo de un empresario especializado en exportaciones, conoció los negocios desde pequeño y, tras una carrera como emprendedor, amasó una fortuna estimada en US$ 36.600 millones según la revista Forbes. El punto de inflexión en su trayectoria llegó en 2004, cuando cofundó Facebook.
Parte de su juventud la vivió en EE.UU., adonde su familia emigró desde Brasil por motivos de seguridad. Allí asistió a la prestigiosa Universidad de Harvard, donde se graduó en Economía, fue presidente de la Harvard Investment Association y además conoció a sus primeros socios de negocios: Mark Zuckerberg, Dustin Moskovitz, Chris Hughes y Andrew McCollum. Juntos crearon la famosa red social, que hoy integra el conglomerado Meta, junto a WhatsApp e Instagram, y es una de las empresas tecnológicas más ricas del mundo, con un valor que supera los US$ 1,6 billones.
Conflictos
El brasileño fue un artífice de la consolidación de la red social, gracias a su papel como uno de los primeros inversores de la empresa. En apoyo al proyecto, aportó «los ahorros de toda la vida», según ha contado en entrevistas, y luego se convirtió en el primer director de finanzas de la incipiente Facebook.
Sin embargo, con el tiempo, afloraron sus diferencias de visión sobre el rumbo de la empresa con Zuckerberg, el CEO y la cara más visible de la compañía. Estas fricciones lo llevaron a reducir su participación en la empresa y, tras una serie de conflictos legales, el brasileño solo pudo conservar una parte menor del accionariado. Al principio fue dueño del 35% de Facebook, pero actualmente mantiene alrededor del 7% de las acciones.
A pesar de esta pérdida de peso en la propiedad de la compañía, su participación fue suficiente para convertirlo en multimillonario.
Inversor ángel
Ya alejado de Facebook, Saverin dio sus siguientes pasos en el Sudeste Asiático, región en la que reside desde 2009. Hoy vive en Singapur, donde es uno de los empresarios más ricos del país.
Dos años después de mudarse -y poco tiempo antes de la salida de Facebook a bolsa-, el inversor brasileño decidió renunciar a su ciudadanía estadounidense, una decisión que en su momento fue vista por empresarios y medios internacionales como una estrategia para evitar el pago de impuestos a las ganancias de capital.
Polémicas al margen, su experiencia en la creación de un negocio, el conocimiento de las necesidades de inversión de los emprendedores, su formación en finanzas y las oportunidades que le brindaba su fortuna lo llevaron a desarrollar su propio proyecto como inversor ángel. En 2015 cofundó el fondo de venture capital B Capital junto a Raj Ganguly, un veterano de Boston Consulting Group (BCG). Luego, a ellos se unió Howard Morgan, quien hoy ejerce el rol de presidente del fondo y socio general.
Tras su lanzamiento, B Capital recaudó US$ 360 millones para invertir en empresas en etapas iniciales, básicamente startups tecnológicas vinculadas a la salud, los servicios financieros y los seguros, entre otros sectores.
«Estamos comprometidos con ayudar a la próxima generación de emprendedores a entregar tecnología transformadora al mundo», expresó Saverin en ese momento en un comunicado, en el que adelantó que el plan inicial era invertir cerca de US$ 20 millones por proyecto.
El propósito de B Capital, según señala su página web, es apoyar «a los visionarios que están dando forma al mañana». «Mientras el mundo se apresura a evolucionar la forma en que vivimos y trabajamos, apoyamos a emprendedores audaces que utilizan la tecnología de formas extraordinarias», señalan sus fundadores.
Ola tecnológica
Saverin fue el primer inversor de B Capital, y en menos de 10 años logró -junto a su equipo directivo- transformar la empresa en una multinacional con presencia en más de nueve países, un centenar de colaboradores y más de US$ 9.000 millones en activos bajo administración.
Actualmente, el brasileño concentra su estrategia en invertir «en la próxima ola de innovación tecnológica», como destaca en su presentación en la web del fondo.
En su trayectoria como inversor y mentor, ha asesorado y colaborado con empresas de diversos tipos, tamaños y orígenes, aunque con un denominador común: la búsqueda de innovación enfocada en proyectos tecnológicos de alcance global.