De zona en crisis a polo de innovación: la historia de Brainport Eindhoven, el "Silicon Valley" de Europa

Ubicado en Países Bajos, este enclave se ha convertido en el epicentro de alta tecnología del Viejo Continente, albergando a startups y grandes empresas tecnológicas

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Brainport Eindhoven, en Países Bajos.

Brainport Eindhoven, en el sur de Países Bajos, es un ecosistema único en la industria manufacturera de alta tecnología, una especie de Silicon Valley a la europea, donde universidades y centros de investigación colaboran con empresas, desde startups hasta gigantes como Philips, Siemens y ASML, para revolucionar el mercado.

Es como una ciudad dentro de otra: aulas para los niños, academias que estimulan el ingenio de los jóvenes, robots que sirven bandejas de comida, las entrañas de máquinas que podrían ser la base de los dispositivos del futuro y, sobre todo, un ambiente que fomenta la creación, innovación, inversión y confianza en el potencial europeo.

Ámsterdam, el Puerto de Róterdam -el más grande de Europa- y Brainport son las tres zonas económicas más importantes del país.

Brainport se presenta como «una región tecnológica de primer nivel y un lugar agradable para vivir, trabajar y disfrutar». Con unos 800.000 habitantes, es «pequeña en tamaño, pero con un impacto enorme», según se puede leer en su página web.

«Es una de las fuerzas económicas de Países Bajos y lleva más de 10 años duplicando el crecimiento medio del país. Esto se debe en gran parte al desarrollo e inversión privada, pero también pública», cuenta el alcalde de Eindhoven, Jeroen Dijsselbloem.

Las innovaciones que surgen allí ayudan a enfrentar los grandes desafíos actuales, como la transición energética, la mejora médica y la movilidad sostenible. Dijsselbloem lo describe como «un ecosistema tecnológico súper interesante, con mucho potencial para Países Bajos y Europa».

El milagro económico

ASML fabrica máquinas para producir chips; VDL Groep produce desde piezas de coches hasta autobuses eléctricos; NXP se encarga de chips para automóviles, tarjetas bancarias y dispositivos inteligentes; Thermo Fisher Scientific desarrolla microscopios y herramientas para la investigación científica. Otros, como HighTechXL, Eindhoven Engine y TNO, son incubadoras y centros de innovación donde nacen startups con impacto mundial.

Esta región logró dar un giro en dos décadas, pasando de ser una zona en crisis a convertirse en un centro de conocimiento.

En 1998, Philips trasladó su centro administrativo a Ámsterdam y despidió a más de la mitad de su personal, pero mantuvo en Eindhoven sus áreas más técnicas, que continuaron trabajando en tecnología de punta. En 2003, abrió su campus tecnológico a otras empresas y así nació High Tech Campus Eindhoven (HTCE), un polo de innovación y emprendimiento, donde trabajan más de 12.500 personas en más de 300 empresas, incluyendo startups y centros de investigación.

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«Sería inteligente por parte de Europa invertir en regiones que tienen potencial, donde hay una base de conocimiento muy fuerte. Nuestra propuesta es: identifiquemos las regiones donde hay potencial de desarrollo tecnológico y apoyémoslas con un ecosistema completo. Invirtamos. Así es como arrancó la alta tecnología en EE.UU., fue un proceso muy regional», señaló el alcalde.

Agenda social

Las visibles grúas y obreros en Eindhoven recuerdan que el crecimiento económico eleva la demanda de viviendas, carreteras, transporte, servicios y talento.

Brainport ha optado por la financiación público-privada para solucionar los retos sociales que acompañan al éxito. Gobierno nacional y municipio han acordado un paquete para la transición de movilidad de casi € 1.600 millones, y las empresas contribuirán con 219 millones a través del Brainport Partner Fund.

Para Dijsselbloem, el presidente estadounidense Donald Trump «nos va a obligar a espabilar» porque «hemos hablado mucho de autonomía estratégica, política industrial, crear campeones europeos… Pero en términos reales, seguimos muy atrás».

Brainport quiere ser una región donde la innovación no deje a nadie atrás. El empresariado ha decidido no solo invertir en infraestructura y talento, sino también en proyectos sociales, como viviendas asequibles, educación técnica para jóvenes y apoyo a colectivos vulnerables.

Paul van Nunen, director de Brainport Development, lo resume: «No se trata solo de hacer crecer la economía, sino de asegurarnos de que todos puedan vivir dignamente en medio del crecimiento».

En tiempos de tensiones geopolíticas, competencia internacional feroz y desafíos climáticos, Brainport se presenta como una fórmula europea para no perder el tren del futuro: tecnológica, sí, pero humana.

Imane Rachidi
EFE

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