De la UTU de Flores a chef en Barcelona: el uruguayo que lidera la cocina del icónico restaurante Casa Tejada

Desde 2025, Martín Etchichury está al frente del emblemático local que forma parte de Goût Rouge, el grupo gastronómico de Romain Fornell, un reconocido chef francés con estrellas Michelin.

Martín Etchichury. El uruguayo está al frente de la cocina de casa Tejada, en Barcelona.
Martín Etchichury. El uruguayo está al frente de la cocina de casa Tejada, en Barcelona.
Foto: Gentileza Martín Etchichury

Casa Tejada es un histórico restaurante de Barcelona. Desde setiembre del año pasado, el local forma parte de Goût Rouge, el grupo gastronómico de Romain Fornell, un reconocido chef francés con estrellas Michelin. Y esa no fue la única novedad: para dirigir la cocina, la empresa confió en el uruguayo Martín Etchichury (43).

Oriundo del departamento de Flores, Etchichury llegó a Barcelona en marzo de 2025. Comenzó a trabajar en otro proyecto gastronómico hasta que, tras enviar su currículum, lo llamaron para ser el chef del sexto local de Goût Rouge.

«En este tiempo he vivido lo que nunca viví en mi carrera en gastronomía. Muchas veces no nos animamos a abrir la puerta sin saber qué hay del otro lado. Esto tiene mucho sacrificio, pero la recompensa está. Hoy estoy en la cuna gastronómica española y trabajo para el chef francés que veía en la tele», destacó a El Empresario desde Barcelona.

El uruguayo acumula una extensa trayectoria en el rubro, que mezcla trabajos para terceros y proyectos propios junto a su esposa Luciana Fia.

Barcelona fue el destino elegido por la pareja porque allí tenían una red de contactos, lo que le permitió a Etchichury -a solo una semana de llegar- entrar a trabajar en un bar de la Barceloneta, donde preparaba pizzas y papas bravas.

Tiempo después, gracias al uruguayo Martín Rodríguez, que trabaja en Goût Rouge, el chef de Flores tuvo la oportunidad de incorporarse al restaurante de Romain Fornell. «Me comentó que buscaban personal, envié el currículum, y a los meses me llamaron porque buscaban un jefe de cocina para el nuevo local», recordó.

Hoy, combina sus conocimientos culinarios con la gestión. «Estoy más en la parte administrativa que en la cocina», graficó.

Uno de los mayores desafíos, aseguró, fue adaptarse a una gastronomía y un paladar completamente distintos a los que conocía en Uruguay, marcados por influencias italianas, francesas, españolas y catalanas. «Me costó casi ocho meses conocer los productos, las costumbres y estaciones. Acá todo el año hay estación de productos», comentó.

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Para el uruguayo, este proyecto conlleva un desafío extra, mantener el prestigio del restaurante frente a la exigencia del comensal europeo y del chef ejecutivo del grupo. «Es una responsabilidad enorme. Llegué a sentarme en la mesa con él a probar los platos, con los cocineros mirando», contó.

Pero el cargo también tiene satisfacciones como conocer a referentes de la alta cocina internacional, entre ellos al célebre chef español Albert Adrià.

Amor por la cocina

Etchichury recordó que su pasión por la gastronomía comenzó de niño, al ver a su madre cocinar para su familia de 11 hermanos. Luego, de adolescente, en los campamentos con amigos, él era quien se ocupaba de cocinar. Pero como en Flores no había una carrera formal de gastronomía, estudió tornería en la UTU local.

El giro en su vida se dio en 2002, en plena crisis económica, cuando a los 18 años conoció en Flores a un argentino que estaba por abrir un restaurante en Buenos Aires. «Me invitó a trabajar en la obra del restaurante y ni lo pensé, le dije ‘sí’ ese mismo día», reconoció.

En Buenos Aires, Etchichury se dedicaba a la obra, pero como le gustaba cocinar, preparaba el almuerzo. Un día, el argentino probó uno de sus platos y le propuso pagarle un curso de gastronomía y ayudarlo en su carrera. Se inscribió en Instituto de Alta Gastronomía de Buenos Aires, donde se formó durante tres años y trabajó en dos restaurantes.

En 2009, tras sumar experiencia, volvió a Uruguay donde estuvo tres meses en Flores trabajando en construcción hasta que lo llamaron de Rara Avis. Luego pasó por Fellini y asesoró a La Pasionaria, restaurante que terminó comprando junto a su pareja.

El proyecto iba bien hasta que llegó la pandemia y debieron reconvertirse. Hicieron hamburguesas y se presentaron a licitaciones estatales para proveer viandas. «Eso nos salvó la vida», resumió.

Tras la pandemia, abrieron Astromelia en la Peatonal Sarandí, donde estuvieron dos años, hasta que el declive de Ciudad Vieja los llevó a cerrar y emigrar. «Elegí Europa porque era mi sueño», contó.

Hoy viven junto a su hijo en La Barceloneta, y en sus ratos libres disfrutan del tiempo en familia.

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