Kerry Donovan, abogada litigante, tenía una carrera tan exigente que no estaba segura de querer tener hijos. La pandemia del coronavirus cambió su perspectiva.
Sus jornadas laborales seguían siendo largas e impredecibles. Era el sostén de la familia. Se mudó de estado para ayudar a cuidar a sus padres luego de que su padre sufriera un derrame cerebral. Pero, pese a todo, tener hijos de repente parecía posible, gracias a cómo el trabajo durante la pandemia liberó a los empleados de las ataduras de la oficina.
Ahora tiene dos hijos, de 4 y 2 años. Sigue yendo a la oficina varios días a la semana. Pero trabajar desde casa le ha permitido compaginar su carrera profesional con la vida familiar, comentó.
Igualmente importante ha sido el cambio cultural en el trabajo. «Lo que provocó la pandemia fue que, de repente, la gente empezó a hablar más de sus familias, y eso facilitó mucho las cosas. La pandemia es lo que principalmente me ha permitido conservar este trabajo», señaló.
Una consecuencia duradera de la pandemia ha sido una flexibilidad recién descubierta, difícil de encontrar en el entorno laboral cada vez más exigente. Hoy, el 26% de los padres aún trabajan a distancia algunos días de la semana. Y al igual que Donovan, los trabajadores describen una nueva actitud en la oficina respecto a la familia: se la debe integrar, no ocultar.
Sin embargo, tras seis años de este experimento natural, la cultura laboral estadounidense parece encontrarse en una encrucijada. Algunos empleadores están recortando beneficios que han apoyado a los padres que trabajan, incluido el teletrabajo.
No obstante, existen pruebas de que un entorno más flexible y centrado en la familia ha beneficiado a quienes cuidan, sobre todo, a madres. En entrevistas, algunos afirmaron que de no ser por esta situación, no habrían tenido hijos. Otros dijeron que quizás no habrían continuado trabajando.
Desde 2023, la proporción de madres en edad laboral que integran la población activa con hijos menores de 18 años ha sido sistemáticamente superior a la de 2019, que ya era un período de desempleo muy bajo, incluso para las madres.
Esto es especialmente cierto en las madres de niños menores de 5 años, según un análisis realizado para The New York Times por el Proyecto Hamilton de Brookings Institution. Los economistas consideran a este grupo como un indicador clave, ya que es el más afectado por las exigencias de la crianza y el que menos probabilidades tiene de trabajar.
Las madres trabajan por necesidad: el 45% son el principal sustento económico de sus familias; sus salarios suelen no alcanzar para cubrir los gastos; y las mujeres sufren retrocesos profesionales si se toman una pausa. También trabajan por elección: las mujeres tienen, en promedio, un mayor nivel educativo que los hombres, tienen hijos a una edad más avanzada e invierten en carreras que les apasionan.
A su vez, la mayoría de los padres que trabajan también afirman que desean pasar más tiempo con sus hijos. Si bien los cambios son graduales, los datos sugieren que la flexibilidad laboral ha facilitado que un mayor número de ellos puedan compaginar ambas cosas.
Desde la pandemia, las madres han demostrado una gran capacidad de adaptación para mantenerse en el mercado laboral, afirmó Lauren Bauer, directora del análisis.
Gestión del tiempo
Persisten muchos obstáculos para conciliar el trabajo y el cuidado de la familia. El aumento de los costos del cuidado infantil encarece el trabajo. Las mujeres cobran menos que los hombres, especialmente cuando son madres. Si bien las madres sin título universitario también trabajan más, no necesariamente se debe a que sea más fácil conciliar la vida laboral y familiar, sino a que cada vez les resulta más difícil llegar a fin de mes.
El teletrabajo tiene sus desventajas: los trabajadores pueden sentirse solos; los empleados principiantes aprenden menos de sus compañeros; y el trabajo a menudo se inmiscuye en la vida familiar; pero para quienes pueden hacerlo, ha sido una gran ventaja, dicen los padres.
Elizabeth Terhune, de 37 años, recuerda las dificultades de trabajar con un bebé antes de la pandemia, extrayéndose leche materna en su laboratorio de biología. Cuando tuvo a su segundo hijo, mientras teletrabajaba durante la pandemia, pudo amamantarlo cuando tenía hambre y tener horarios flexibles, sin dejar de progresar en su carrera.
«Para entonces, las normas habían cambiado muchísimo», aseguró Terhune, quien vive en Santa Fe, Nuevo México. «Ya no sentía que debía elegir entre pasar tiempo con mi hijo y trabajar».
Muchos hombres sienten aún más presión por estar siempre disponibles en el trabajo. Sin embargo, los datos muestran que, tras la pandemia, muchos de ellos pasan más tiempo con sus hijos y buscan horarios flexibles.
Trivikram Krishnamurthy, de 50 años, que trabaja en el sector tecnológico en Los Altos, California, se turna con su esposa, que se desempeña en finanzas, para teletrabajar. Esto le permite recoger a su hijo de 11 años del colegio y ayudar a su hija de 14 con sus deberes de matemáticas.
Antes, hacer eso durante la jornada laboral era impensable, comentó. Pero ahora no siente ningún remordimiento por reorganizar su agenda para tener la hora libre después de clase.
«Todavía tienes que preocuparte por cumplir con tus responsabilidades, pero ya no hay requisitos arbitrarios de presencia física», destacó.
Maternidad posible
A medida que disminuye la tasa de natalidad en Estados Unidos, algunas mujeres afirman que la nueva flexibilidad fue lo que les permitió convertirse en madres.
Christine Mealey, de 40 años, sabía que tener un bebé sola sería difícil. Tuvo a su hijo hace cuatro años, luego de conseguir un trabajo totalmente remoto durante la pandemia, realizando investigaciones de recursos humanos para una farmacéutica en Boston.
El cuidado infantil es caro -unos US$ 30.000 al año- y cuando él está enfermo en casa, ella no puede trabajar. Pero teletrabajar mientras él está en la guardería le permite hacer distintas tareas, lo que le da más tiempo libre cuando el niño está en casa.
Antes de la pandemia, los empleos en las grandes empresas estadounidenses se habían convertido en jornadas laborales ininterrumpidas, lo que recompensaba desproporcionadamente a quienes estaban siempre disponibles. Esto a menudo significaba que las madres aceptaban trabajos de menor categoría para poder estar disponibles en casa.
Para la abogada Donovan, el temor a tener que dejar de lado su carrera era la razón por la que se había cuestionado tener hijos. Sin embargo, la pandemia le permitió hacerlo, al mismo tiempo que cuidaba de sus padres y ascendía a socia de su bufete, Winston Taylor.
Ahora, las declaraciones juradas se pueden realizar virtualmente, sin necesidad de viajar durante varios días. Ella trabaja desde casa algunos días de la semana, ahorrando tres horas al no tener que desplazarse, y puede estar presente para la cena y la hora de acostar a sus hijos.
«Sé con certeza que si tuviera que ir a la oficina como lo hacía antes de la pandemia, no estaría en esta situación», sostuvo. «Desde luego, no estaría contenta».
En busca de mayor impacto
En Estados Unidos, el equilibrio entre la vida laboral y familiar se ha considerado tradicionalmente un problema personal. Sin embargo, los investigadores afirman que el trabajo a distancia demuestra algo más: cambiar la forma en que funciona el trabajo puede tener un impacto mayor.
«Muchos de los desafíos a los que se enfrentan los padres que trabajan, así como las soluciones, tienen que ver con la estructura del trabajo, no con el esfuerzo individual de las personas», reflexionó Corinne Low, profesora asociada de la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania.
En una línea similar, los investigadores del ámbito laboral afirman que, en realidad, tanto los empleadores como los responsables políticos tienen el poder de transformar el mundo del trabajo para un mayor número de personas.
«Debemos ser más audaces al exigir una vida digna para los padres y los trabajadores», enfatizó Sarah Banet-Weiser, decana de la Escuela de Comunicación Annenberg de la Universidad de Pensilvania. «Existe la idea de que nada puede cambiar. Pero tuvimos este gran experimento durante la pandemia de coronavirus, y la economía estadounidense no se derrumbó», subrayó la académica.
Claire Cain Miller