La relación económica entre EE.UU. y China está más tensa que nunca, pero eso no impide que una ola de cadenas de alimentos y bebidas del gigante asiático se instalen agresivamente en el país norteamericano por primera vez.
Heytea, una cadena de té originaria de Jiangmen, ciudad del sur de China, ha abierto tres docenas de tiendas en todo el país desde 2023, incluyendo una local insignia en Times Square, Nueva York. Otras dos marcas de té rivales, Chagee y Naisnow, abrieron sus primeras sucursales en EE.UU. en 2025. Luckin Coffee, una compañía con tres locales por cada Starbucks en China, abrió varios puntos de venta en Manhattan.
Wallace, una de las cadenas de comida rápida más grandes de China, con más de 20.000 locales que venden pollo frito y hamburguesas, abrió en febrero del año pasado en Walnut, California. Haidilao -la mayor red china de hot pots («olla caliente», una técnica culinaria en la que los comensales sumergen ingredientes crudos en una olla de caldo hirviendo en la mesa)- redobla sus esfuerzos en EE.UU. tras su entrada al mercado hace más de una década.
La expansión estadounidense llega en un momento difícil para la industria china de alimentos y bebidas. La economía china ya no crece a un ritmo vertiginoso, lastrada por una prolongada crisis inmobiliaria y un bajo consumo. Para sobrevivir, las cadenas de restaurantes se venden hoy a precios más bajos, lo que genera una carrera a la baja insostenible y que destruye las ganancias.
«La industria de servicios de alimentación de China está sufriendo un grave exceso de oferta», evaluó Bob Qing, fundador de Tomato Capital, una empresa china que invierte en el sector.
En China, hay tres veces más locales de comida y bebida per cápita que en EE.UU., según Qing. Y la mitad de los nuevos restaurantes que abren en el país asiático cierran antes del año.
Muchos restaurantes de comida rápida chinos se han expandido internacionalmente en los últimos años, especialmente en Asia, pero EE.UU., según Qing, tiene un atractivo significativo porque es «el único mercado tan maduro y grande como China».
Sorbos en pugna
La competencia nacional es especialmente feroz en China, donde han proliferado las tiendas de té con leche en la última década. Se estima que existen 420.000 locales en ese segmento en China. Algunas de ellas han empezado a vender bebidas por menos de US$ 1, mientras que otras ofrecen pedidos online gratuitos. Muchas de estas marcas ofrecen una versión más sofisticada del té de burbujas, muy popular desde hace años. Preparan té con hojas sueltas en lugar de bolsitas de té o té en polvo, y añaden rodajas de fruta, leche fresca o espuma de queso crema batido por encima.
Heytea, pionera de esta tendencia y con cerca de 4.000 sucursales en China, dejó de aceptar nuevas solicitudes de franquicia este año. La compañía inició su expansión estadounidense hace dos años, al intensificarse la pugna entre las marcas de té.
Una tarde reciente, en el local de Heytea en Times Square, se veían extensas filas con grupos de clientes esperando bebidas elaboradas, como un té de frutas cubierto con espuma de queso.
Naisnow, una pequeña marca china de té, abrió su primera tienda estadounidense en Flushing, un barrio predominantemente asiático de Nueva York, en octubre pasado. Las filas eran largas y las ventas, dinámicas. Sus productos más populares eran las bebidas a base de aguacate y kale. La compañía anunció su objetivo de expandirse a 500 tiendas en los próximos tres a cinco años.
Jerry Yao, subdirector de desarrollo en el extranjero de Naisnow, dijo que ya era evidente una diferencia: «Los márgenes son definitivamente mejores que en China».
Menús adaptados
La transición a EE.UU. no siempre es fluida. La cadena de hot pots Haidilao, con una base de seguidores casi de culto en China, tuvo dificultades al entrar al mercado en 2013.
No ofrecía menús en inglés. Los precios eran más altos de lo que los clientes esperaban. Y su característico servicio de alta calidad resultaba intrusivo.
En China, el personal de Haidilao ofrece manicuras gratuitas a los clientes que esperan una mesa, baila con fideos para entretener a los comensales e incluso pela camarones a mano. Sin embargo, esa atención en EE.UU. se percibió inicialmente como una especie de «escucha de conversaciones ajenas», según Qu Cong, director financiero de Super Hi International Holdings, la entidad comercial de Haidilao en el extranjero.
«Para los clientes estadounidenses, existe un fuerte sentido de límites, por lo que copiar las prácticas utilizadas en China podría no funcionar», reconoció Qu.
Haidilao ofreció más orientación en inglés sobre cómo disfrutar de la experiencia culinaria de la olla caliente, y ajustó el nivel de picante de algunas bases de sopa y amplió la selección de carne.
Las marcas chinas deben evaluar cuánto atender los gustos locales. Cuando Wallace, una cadena de comida rápida, abrió su primera tienda en EE.UU. en 2024, redujo su extenso menú para centrarse principalmente en sándwiches de pollo frito.
Ricky Chen, presidente de Wallace USA, comentó que el sándwich de pollo estándar que la compañía sirve en China viene con lechuga y mayonesa. Para los comensales estadounidenses, Wallace eliminó la lechuga y añadió un pepinillo, algo que los clientes chinos «no comen mucho». Además, esto hizo que la comida fuera más salada.
A Chen le gustan las posibilidades de Wallace en el nuevo mercado. «La comida rápida estadounidense se está volviendo demasiado cara», indicó. En su local de California, Wallace ofrece tres sándwiches de pollo grandes por US$ 10. En comparación, un solo sándwich de pollo en Chick-fil-A o KFC cuesta unos US$ 6.
Wallace no oculta sus raíces chinas, afirmó Chen. Pero tampoco las promociona. Al principio, la mayoría de sus clientes eran asiáticos porque conocían la marca, pero eso ha cambiado desde entonces.
Wallace planea abrir 10 sucursales más para fines de 2026.
Chagee, una marca de té que comenzó a cotizar en la bolsa Nasdaq en mayo del año pasado, afirmó que los clientes no la percibían como una marca china. Su nombre deriva de una antigua historia de amor china. Su logotipo presenta a una concubina con un traje de la Ópera de Pekín, similar al logotipo de la sirena de dos colas de Starbucks.
Emily Chang, directora comercial de Chagee en Norteamérica, comentó que la contrataron para desarrollar la empresa como una marca china de origen estadounidense. Añadió que la compañía tenía más de una docena de tiendas en desarrollo y que planeaba expandirse más allá de California tras comenzar en Los Ángeles en abril del año pasado.
Qing, inversor y consultor en restauración, afirmó que, a pesar de las tensiones geopolíticas, EE.UU. había acogido con satisfacción las marcas de alimentos y bebidas chinas. Comentó que la embajada estadounidense en Pekín lo invitó a él y a los propietarios de cadenas de restaurantes a recorrer varias ciudades de su país a principios de este año.
«Esta es una de las pocas industrias en la que la gente todavía está dispuesta a participar en ese tipo de intercambio», finalizó.
Entre avances y retiradas
Aunque el plan de estos jugadores consiste en expandirse en EE.UU., esa aventura no está exenta de desafíos. Las marcas chinas deben transitar por la cuerda floja geopolítica debido a la posición del país asiático como rival económico -o adversario- de EE.UU. Si bien su expansión global se celebra en China como una señal del progreso y desarrollo del país, puede considerarse una amenaza para las empresas locales estadounidenses.
Las cadenas de alimentos y bebidas chinas se están expandiendo a EE.UU. mientras que muchas marcas estadounidenses que irrumpieron en China décadas antes se están retirando.
En noviembre pasado, la cadena de cafeterías Starbucks vendió una participación mayoritaria en sus operaciones en China a la firma de inversión local Boyu Capital. El conglomerado de comida rápida Restaurant Brands International vendió la mayor parte del negocio de la cadena de locales de hamburguesas Burger King en China a una firma de capital privado de ese país.
Daisuke Wakabayashi y Joy Dong
The New York Times
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