ENTREVISTA

Uruguay pone de nuevo en la mesa del Mercosur la agenda que le interesa discutir

EE.UU. no presenta una agenda competitiva con lo que China propone en la región, con comercio, inversiones e infraestructuras. La propuesta de la Cumbre de las Américas es muy genérica y difusa.

Ignacio Bartesaghi – Director del Instituto de Negocios Internacionales de la Universidad Católica.
Ignacio Bartesaghi – Director del Instituto de Negocios Internacionales de la Universidad Católica.

Luego de una Cumbre de las Américas que deja “pocos resultados concretos” para la región y donde Estados Unidos no parece avanzar en una agenda convincente para América Latina, Uruguay se apresta a asumir la presidencia pro témpore del Mercosur con metas concretas. Para Ignacio Bartesaghi, Director del Instituto de Negocios Internacionales de la Universidad Católica, el acuerdo sobre aranceles y flexibilización anunciado con Brasil la última semana va en línea con “las nuevas señales” que necesita China para imprimirle otro ritmo a su transacción con Uruguay. “Uruguay se sentó otra vez en la mesa de negociación del bloque con los temas que más le interesan en la discusión”, sostiene el experto. La importancia del semestre de Uruguay en el Mercosur está marcada por un eventual cambio de signo en el gobierno de Brasil para 2023. Paralelamente, en referencia al planteo de la Academia de Economía de pedir el ingreso al CPTPP, Bartesaghi, si bien lo califica como un planteo positivo, entiende que no sería conveniente que se abran “muchos frentes a la vez”, con el riesgo de perder lo avanzado con Brasil y Paraguay en la flexibilización. A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿Qué saldo deja la Cumbre de las Américas?

—Un saldo muy escaso. Desde el inicio, presentar por parte de Estados Unidos en materia de política internacional una posición dicotómica entre democracias y no democracias, era altamente probable que culminara así. Ya había marcado un pronunciamiento similar en el Foro de la Democracia, la idea es la misma. Compartimos absolutamente esa visión de la democracia, pero en el mundo actual, con las complejidades existentes, donde es necesario ser muy pragmático para relacionarse entre países, pararse en ese concepto de la democracia que corta el diálogo con un porcentaje alto de países del mundo, incluidos los latinoamericanos, no parece ser la mejor opción.
La convocatoria estaba destinada al fracaso. Se podía imaginar que si algunos países no estaban invitados, otros no iban a ir. Nada más y nada menos que México, un país muy importante para Estados Unidos si hablamos de Latinoamérica. Y Brasil mostró muy poco interés en participar en la cumbre, recién lo confirmó cuando se anunció la posibilidad de tener una reunión bilateral con Biden. Pudimos haber tenido una cumbre sin México y Brasil. O sea, Estados Unidos se está planteando una política internacional basada con modelos que no encajan con la realidad actual internacional.

—Lo más rescatable desde el sur, parece ser la presentación de la llamada Asociación de las Américas para la Prosperidad Económica…

—Lo que anunció fue similar a lo planteado poco tiempo antes en su gira por Asia-Pacífico. En realidad, no hay nada concreto en términos de accionar, desde lo económico y comercial. Es como una gran cantidad de enunciados que tienen que ver con inversión, creación de cadenas de suministro, financiamiento para mejorar los temas ambientales, energía y facilitación de comercio y aduanas. Pero no hay nada concreto en ninguna de las propuestas.

—¿Cuál es el verdadero efecto que puede tener un acuerdo marco de esas características?

—Estamos muy acostumbrados a tener acuerdos marco que después no avanzan. No es muy evidente que esos acuerdos marco sean el principio de la definición de políticas que después deriven en determinados desarrollos, en áreas donde tiene que haber una financiación mayor. Pero fue muy poco concreto, teniendo en cuenta que detrás está la preocupación del avance de China en la región.
En todos los movimientos que hace Estados Unidos a nivel internacional, lo que ha hecho con África, lo que ha hecho con Asia-Pacífico y ahora en la Cumbre de las Américas, está siempre China detrás de la acción de Estados Unidos. Sin embargo, no presenta una agenda competitiva con la que China lleva adelante en la región, porque habla poco de infraestructura, habla poco de comercio y habla poco de inversiones, donde China juega fuerte. Podríamos discutir si esa agenda está bien o mal, si es conveniente para nuestros países seguir ese camino. Pero lo que China ofrece, precisamente, es comercio, inversiones e infraestructuras. En cambio, esta iniciativa presentada en la cumbre es difusa en cuanto a su alcance, son temas muy generales y poco concretos. Y hay que ver cómo logramos después bajarlos a tierra, con financiación específica. Por ejemplo, estamos esperando todavía la política de infraestructura de Estados Unidos para América Latina, que se venía comentando desde hace un tiempo. Infraestructura digital, 5G; también infraestructura física, puertos y demás. ¿Dónde está Estados Unidos? Le preocupa el comercio con China, le preocupan los TLC con China. Pero, ¿cuál es la opción que se propone? No hay estrategia.

Ignacio Bartesaghi
Ignacio Bartesaghi

—Quizás no era oportuno llevar adelante una cumbre de estas características que generara expectativas en América Latina…

—No es momento para exigirle a un presidente de EE.UU., que es débil internamente, con dificultades económicas asociadas a la inflación, con la sombra de Trump, donde en política internacional todavía tiene los efectos de la pandemia seguidos de una guerra donde su país es un actor clave, en materia de ayuda internacional, de decisiones de la OTAN. Y nada dijimos de la situación interna en América Latina, con elecciones, procesos de transición, sin liderazgos fuertes. Una ausencia total de visión política niveles, yo diría casi inéditos. Entonces, el contexto era muy difícil para una acción de ese tipo. Y más si no había una propuesta de alto impacto para presentar por parte de Estados Unidos, con avances reales en lo económico y comercial.

—A propósito de China, ¿hay un cambio de estrategia por parte de Uruguay ante el escaso avance de la negociación bilateral?

—Acá lo que cambió es el contexto. Uruguay aprovechó en su momento una visión más pragmática de Brasil respecto del Mercosur. La postura de Bolsonaro de mayor apertura fue música en los oídos para Uruguay. A su vez, Xi Jinping, entendió que era una buena oportunidad acercarse al país más chiquito de la región y que destaca a nivel global por varios de sus indicadores. Una ventana de oportunidad que le permitió a Uruguay avanzar en solitario hacia un estudio de factibilidad de un acuerdo comercial con China. Ahora el contexto es otro. En Brasil, ha tomado mayor preponderancia Itamaraty, luego del cambio de canciller. La postura de Brasil ya no era tan favorable, lo que sumado a la estrategia argentina de rechazar cualquier movimiento unilateral de sus socios, nos puso en una situación distinta. China observa esto, y hay que dar nuevas señales. En política internacional el contexto cambia a menudo y exige señales acordes al momento. No se trata de modificar la estrategia de flexibilización, sino de ajustar la táctica.

—En ese contexto, llega el acuerdo de la pasada semana con Brasil respecto del arancel externo del bloque…

—Ahí aparecen las señales. Pasaron dos cosas recientemente. La visita de Lacalle Pou a Mario Abdo Benítez, donde el presidente paraguayo dijo que no tiene problema en que Uruguay avance en la flexibilización. Y ahora, este acuerdo entre las cancillerías de Uruguay y Brasil respecto de una rebaja del arancel externo común y el arancel cero para las zonas francas, donde Uruguay obtuvo una declaración muy positiva sobe flexibilización. Podríamos decir, que Uruguay volvió a sentarse en la mesa de negociación y exponer los temas que le interesan en el bloque. Es una señal interesante hacia China, que debería entender que puede seguir adelante sin confrontar con Brasil. Poder regionalizar la discusión y reinstalar el tema de la flexibilización en el Mercosur es muy positivo.

—¿Estos avances permiten cerrar el semestre del Mercosur con alguna noticia valiosa para el bloque?

— Sin lugar a dudas. Creo que cerramos mejor que semestres anteriores. Ahora se viene la cumbre del traspaso de mando y será un éxito si anuncian el consenso para la baja de aranceles. Y si, además, se acepta reinstalar la propuesta de Uruguay de flexibilización, será un paso importante. Eso no implica que ahora todo marcha a alta velocidad con China, no es eso. Pero se trasmitiría un clima distinto.

—Pero Argentina seguirá rechazando esa postura…

—Brasil jugará un rol preponderante en esto. Argentina no es un interlocutor válido en materia de apertura comercial y libre comercio. A Argentina hay que convencerlo de que esto debe ocurrir. No se puede apostar a convencerlo de que esto es bueno, porque ya sabemos que tiene el pensamiento muy distinto de Uruguay.

—Ahora Uruguay tendrá la presidencia pro témpore del bloque. ¿Es momento para acceder a definiciones de fondo en el Mercosur?

—Uruguay tiene que seguir adelante con su postura de flexibilización; fue una buena cosa haber aceptado la rebaja del arancel y de esa forma también lograr apoyo de Brasil a discutir los temas de flexibilización. O sea, hay una estrategia compartida. Es importante este semestre, porque además, es probable que en Brasil venga un cambio de signo político para el año próximo.
Hay que intentan avanzar en el estudio de factibilidad con China y, a su vez, socializarlo. Uruguay debería abrir ese estudio a los demás países del bloque, discutirlo. La señala debe ser: “tenemos este estudio avanzado con China, queremos compartirlo y discutirlo. Está bien si ustedes no están prontos, nosotros queremos avanzar”. Sería un buen movimiento como presidencia del bloque. Me parece que esto justificaría un diálogo Mercosur-China, en la busca de un acuerdo marco, mientras avanzamos en forma bilateral.

—Además de lo de China, Uruguay puso sus ojos en Turquía. Es conveniente intentar avanzar en varios frentes.

— Es conveniente sí, pero lo importante es China. Hay que priorizar, todo al mismo tiempo no se puede hacer.

— En este sentido, la pasada semana, la Academia Nacional de Economía hizo pública su postura de que sería oportuno que Uruguay solicitara ahora su ingreso al CPTPP. Eso sería sumar un nuevo frente de negociación…

— Uruguay tiene que jugar a la apertura, sin dudas. Y discutir y jugar a varias bandas. Avanzar con China, que se concrete e TLC con la Unión Europa, abrir otras negociaciones con Estados Unidos, entrar en el sudeste asiático. Pero insisto en que todo al mismo tiempo no se puede. Si perdemos de vista el objetivo principal, que ahora es China, podemos enredar de nuevo el tema en el Mercosur. Debemos ser muy cuidadosos.

—De todos modos, se puede ir avanzando con el análisis del CPTPP…

—Si dudas, se puede ir evaluando qué implica ingresar, qué implica pedir el ingreso. Porque no se trata de pedirlo y estamos dentro, hay otros países de mayor relevancia global esperando para ingresar. Es un bloque muy relevante que puede traer beneficios económicos y comerciales, pero hay que analizar en profundidad lo normativo, porque hay temas como la propiedad intelectual que seguramente haya que considerar cambios en el país.
Son discusiones que hay que dar, pero un TLC con China tiene más facilidad a la hora de avanzar rápidamente, sin mayores discusiones internas. Es lo prioritario.

—Desde la Unión Europea, en plena guerra, han salido declaraciones de la necesidad de avanzar en acuerdo con otras zonas, como el Mercosur, de forma de profundizar otros lazos. ¿Realmente se puede acelerar la negociación?

—Primero, me pregunto si este impulso lo van a hacer con Bolsonaro, o esperarán un eventual cambio de gobierno en Brasil. Segundo, desde Francia siguen negando la posibilidad de acelerar este proceso. Por otro lado, no tengo claro que la guerra, que genera un stress inédito en las instituciones, sea un incentivo para mirar al Mercosur. De cualquier forma, cuando esto se reactive, hay que incorporar un anexo para terminar de negociar dos o tres cosas que quedaron pendientes y después ahí recién se inicia el proceso de ratificación y de traducción. Veo muy difícil que este proceso se acelere.

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