Será difícil lograr un crecimiento más alto

La actividad productiva crece poco y a tasa declinante, lo que se explica por el comportamiento del consumo privado de bienes y servicios locales, por la baja inversión y por exportaciones que tienden a estancarse

Conferencia de Gabriel Oddone
Conferencia de Gabriel Oddone.
Foto: Leonardo Mainé.

En un enfoque de equilibrio macroeconómico general, la economía uruguaya presenta desajustes que atraen la atención general privada y del gobierno y que, por las decisiones que éste tome para solucionarlos, provocarán efectos sobre las decisiones económicas empresariales y de la población.

Los desequilibrios

Cuando se habla de la situación macroeconómica del país la referencia es a lo que ocurre con el nivel de actividad, con los precios y, bajo un sistema cambiario de flotación como el de nuestro país, cuál es el resultado del comercio exterior de bienes y de servicios —conocido como el de la cuenta corriente de la balanza de pagos—. Generalmente el análisis de esas variables macroeconómicas y de sus resultados, se vincula con la combinación de políticas macroeconómicas que se encuentran en ejecución localmente: la política fiscal —la tributaria y la de gasto público—; las características de la política monetaria y las de la política cambiaria. Pero asimismo influyen factores de naturaleza externa como la situación económica mundial, los precios internacionales de los commodities relevantes para Uruguay y el nivel de la tasa de interés externa —fundamentalmente la de referencia de la política monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos—. También el análisis de la situación macroeconómica se tiene en consideración, la influencia de la de Argentina y de la de Brasil. En definitiva la situación macroeconómica de nuestro país depende de la mundial, de la regional y de la combinación de políticas macroeconómicas que se estén aplicando.

Hoy, en nuestro país, la actividad productiva crece poco y a tasa declinante, lo cual es explicado por el comportamiento del consumo privado de bienes y servicios locales, por la baja inversión y por exportaciones que tienden a estancarse. Esa situación económica se da junto con un aumento del nivel general de precios, que es el de la meta de inflación del Banco Central y, asimismo, con un comercio de bienes y de servicios que es positivo en términos anuales desde hace ya varios trimestres. Dado este diagnóstico que es en buena medida el que se tiene tanto por la conducción económica como por los analistas privados, aparece como objetivo fundamental y prioritario la elevación del ritmo de crecimiento de la economía manteniendo la baja inflación —o aún bajarla más— y sin generar problemas de la cuenta corriente de la balanza de pagos.

A partir del diagnóstico de la situación macroeconómica y teniendo en cuenta los factores mundiales y regionales con influencia sobre la situación local, se debe diseñar la combinación de políticas macroeconómicas para alcanzar el objetivo fundamental perseguido, manteniendo la situación actual de las otras variables mencionadas.

Perspectivas

Las perspectivas de la situación de fuera de la región para el lapso de un año, que es habitualmente el que se toma para el análisis macroeconómico y proyección de las principales variables señaladas, apuntan a un ingreso mundial y un PIB de los países con los cuales Uruguay tiene sus mayores relaciones comerciales —China, Estados Unidos y Unión Europea—, que se mantendrán creciendo muy poco, con tasas de interés en baja —la de la Fed—, o estables —la del Banco Central Europeo y en China—, y con precios internacionales de commodities que es probable que frenen su crecimiento y tengan una tendencia levemente bajista ,como el de los productos frigoríficos, o se mantengan —el de la celulosa, los cereales y la soja hoy subiendo—. La influencia a un crecimiento mayor que se recibiría del exterior no regional vendría por la continuidad del bajo precio del petróleo, si se reconociera en el precio local de los combustibles, y la menor tasa de interés internacional.

En la región, Brasil seguirá siendo un buen socio comercial para ciertos productos pero su situación macroeconómica muestra precios relativos menores a los de nuestro país, que continuarán afectando negativamente, sobre todo al comercio fronterizo. El caso argentino no es diferente, aunque solamente en los meses iniciales de 2026 se notará una influencia positiva que no continuará en el resto del año.

El objetivo de mayor crecimiento al actual, mayor probablemente al 1% al cabo de este año, no podrá ser logrado en 2026, con una influencia externa diferente a la actual. Por lo tanto, solo podrá ser alcanzado con una combinación de políticas a nivel local que se pueda concentrar en el crecimiento del consumo privado y de la inversión privada, así como también de las exportaciones de bienes y servicios. Para esos estímulos a la demanda interna privada y a la externa, se requiere localmente una baja tasa de interés en moneda local, situación como la de hoy que se podría extender. Pero, asimismo, se necesitaría una política fiscal menos contractiva con una menor presión tributaria. En la combinación de políticas se necesitaría además, para aumentar exportaciones y evitar declinación de la producción local sustitutiva de importaciones, mantener consistencia entre el movimiento del tipo de cambio —sin intervención en el mercado pero con el apoyo de la política monetaria—, y el aumento que tienen y tendrán los salarios, hoy ya muy alejados en cuanto a su evolución relativa.

En conclusión, estimo que el comportamiento macroeconómico del país en 2026 va a ser de crecimiento muy bajo o estabilidad, por consumo, inversión y exportaciones que no crecerán y de mayor competencia para la producción sustitutiva de importaciones; de baja inflación y de leve deterioro del resultado positivo de la cuenta corriente de la balanza de pagos.

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