OPINIÓN

El premio Nobel y las subastas

Wilson, Milgrom y sus avances en teoría económica.

Foto: AFP
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Si corresponde a los profesores un mérito por los logros de sus alumnos, Robert Wilson ostenta el increíble parangón de haber formado a tres premios Nobel. Alvin Roth lo obtuvo en el 2012 y Beng Holmstrom en el 2016. Este año la distinción fue para Paul Milgrom, compartida justamente con su mentor Robert Wilson.

Con esta decisión, la Real Academia Sueca vuelve a reconocer desarrollos en teoría de juegos como lo comenzó a hacer con el premio que en 1994 le otorgara a John Nash, John Harsanyi y Reinhard Selten. Milgrom y Wilson lo obtienen por sus contribuciones a la teoría de las subastas que nos instruye sobre la conducta de los oferentes y sugiere, a reguladores y gobernantes, cómo diseñar sus subastas de modo de maximizar el valor social.

Las subastas se diferencian en dos aspectos principales: formato e información. El formato más popular es el de la subasta inglesa. En ella, los interesados pujan en forma ascendente hasta que el mejor postor se lleva el objeto. Alternativamente, en una subasta holandesa el rematador comienza con un precio solicitado elevado y lo va bajando paulatinamente hasta que alguien declara estar dispuesto a pagarlo. La información puede comprender la valoración personal del objeto por parte del postor (valor privado) e indicadores de alguna característica del objeto que determine su valor para todos los postores (valor común).

Dado que los licitantes actúan estratégicamente, su comportamiento no puede entenderse aislado del de sus competidores. Por ello, el estudio formal de las subastas abreva en la generalización de la teoría de juegos no cooperativos realizada por John Nash y ampliada a marcos de información incompleta (juegos Bayesianos) por John Harsanyi. William Vickrey aplicó esta teoría de juegos a subastas cuando la valoración del bien de cada postor es independiente de la valoración de los otros (valor privado) y no hay una valuación real común que pueda provenir, por ejemplo, de una venta posterior. Nash y Harsanyi recibieron el Nobel en 1994. Vickrey lo recibió en 1996 pero falleció pocos días después de comunicada la decisión y fue uno de los pocos casos de un premio entregado póstumamente.

Basado en el equilibrio propuesto por Harsanyi, Wilson extendió la teoría de subastas más allá del caso de Vickrey a un mundo en que el valor del objeto subastado es común a todos los pujantes. Un ejemplo sería un pozo petrolero que vale por la cantidad de mineral que contiene, pero nadie sabe exacto cuanto es. Los interesados podrían realizar los estudios técnicos para estimar el contenido del pozo. A mayor apreciación individual mayor será la oferta del licitante. Si los estudios de prefactibilidad de explotación petrolera son “en promedio” cercanos al valor efectivo del pozo, quien gane la subasta será quién haya sobreestimado su valor. Ganar puede entonces ser una mala noticia y reconociendo esta “maldición del ganador” los pujantes ofrecerán por debajo de sus valuaciones.

La mayoría de las subastas del mundo involucran componentes de valor privado (a-la-Vickrey) y de valor común (a-la-Wilson). Milgrom logró modelizarlas formalmente mostrando, por ejemplo, cuándo a un vendedor le puede convenir proveer más información a los licitantes (como tasaciones de expertos o protocolos de inspección) y así reducir la maldición del ganador.

Posteriormente, el foco de la investigación pasó de las subastas de un solo objeto a subastas de múltiples objetos interrelacionados. Uno de los mercados que se sospechaban ineficientes era el de las frecuencias radioeléctricas. La Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de los Estados Unidos solía asignarlas mediante audiencias comparativas en las que los solicitantes argüían los méritos de su propuesta en medio de intenso lobby. Ya en 1959 Ronald Coase (otro premio Nobel) había sugerido que la FCC utilice subastas. Su propuesta fue recibida con burla y descrédito y se requirió el paso de décadas hasta que en 1994 se llevó adelante la primera subasta para la cual Milgrom y Wilson fueron fundamentales.

Tras identificar y analizar los problemas más importantes en las subastas con objetos interrelacionados, Milgrom y Wilson inventaron nuevos diseños de subastas. El ejemplo más famoso es la Simultaneous Multiple Round Auction (subasta simultánea de rondas múltiples, SMRA). La SMRA es una extensión de la subasta inglesa de puja ascendente. Todos los artículos se venden al mismo tiempo, cada uno con un precio asociado, y los interesados pueden ofertar por cualquier número de ellos. La subasta se desarrolla en rondas en los que los postores pueden presentar sus ofertas. Al cierre de cada ronda, el subastador revela quién está temporalmente ganando y el precio de cada artículo. Puede a su vez revelar información sobre las ofertas de los otros postores. La subasta culmina cuando ningún oferente está dispuesto a elevar el precio en ningún objeto.

Este procedimiento aplicado por primera vez por la FCC en 1994 ha expandido su uso a lo largo del mundo y generado a su vez nuevos refinamientos. De esta manera, el trabajo de Milgrom y Wilson es un paradigma de cómo la investigación teórica puede generar aplicaciones innovadoras de impacto global.

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