“La Inteligencia Artificial produce una disociación entre esfuerzo y resultado”, asegura Marcel Mordezki, catedrático en ORT, al referiste al futuro de los servicios tecnológicos en “la Era de la IA”. Para el experto, el proceso actual mediante el cual se está desarrollando la producción “no puede seguir”, y a partir de la IA, “el tiempo ya no será nuestra moneda de cambio”, advierte. “Si insistes en cobrar por horas cuando el costo marginal del tiempo tiende a cero, tus ingresos van a tender a cero”, remarca Mordezki, quien augura cambios profundos en la forma de producir y en los recursos humanos, “que tendrán que desaprender y aprender otras cosas, para un período donde el software a medida será algo rutinario. “La panadería de la esquina tendrá un sistema de IA propio”, subraya, entusiasmado por que ve que el empresariado uruguayo del sector no será tomado por sorpresa y está en línea con los desafíos. A continuación, un resumen de la entrevista.
—¿Cuál va a ser la clave del futuro en materia de nuevas tecnologías?
—Estamos en el medio de la incertidumbre. Pretender dibujar un cuadro muy preciso es inconveniente porque hay muchas posibles transformaciones y muchas posibles derivaciones de la transformación. Pero algunas cosas sí sabemos. Por ejemplo, que cuando juntás ingenieros con IA, la productividad sube de manera muy significativa. En el mediano plazo esto es una tendencia inexorable. Aumenta la productividad y bajan los precios.
Entonces, uno de los fenómenos es que nosotros estamos, es que las empresas de tecnología de servicios están organizadas alrededor de formatos de celdas que resuelven problemas concretos mediante proyectos que cuando se miran en perspectiva, se asemeja a viejos procesos artesanales previos a la revolución industrial. Por tanto, visto en términos de largo plazo, la IA viene a ser como el fenómeno que generó la línea de montaje o la revolución industrial en términos de incremento de productividad para el mundo físico. Es evidente que va a haber mucha más productividad, va a haber muchos menos costos, y también es evidente que el proceso actual mediante el cual se está desarrollando la producción no puede seguir.
—Has dicho en conferencias recientes que la etapa del desarrollo de software y venta de servicios, tal como la conocíamos, se terminó. Suena apocalíptico…
—No es apocalíptico, es un cambio de fase. Seamos honestos con nuestra historia. Tuvimos una primera etapa, hasta el año 2000, donde creamos productos tecnológicos y propiedad intelectual. Pero, entre el año 2000 y el 2020 vivimos una "Belle Époque" maravillosa. Pagamos hipotecas y colegios bilingües gracias a una ecuación muy simple: el arbitraje de costos. Vendíamos talento senior latinoamericano a 50/60 dólares la hora a clientes en Estados Unidos que allá pagaban 150. Y teníamos 50% de margen bruto. Pero ese modelo se agotó. Primero, porque nos volvimos caros. Segundo, porque las grandes empresas vinieron a buscar el talento directamente. Pero el golpe final, es la Inteligencia Artificial. No es una herramienta más; es el fin de la era donde el tiempo era nuestra moneda de cambio.
—La frase de Elon Musk, "El reloj marcó cero" apunta precisamente en esa dirección. Pero si no vendemos tiempo, ¿qué vendemos? Toda la industria de servicios profesionales, desde abogados hasta programadores, cobra por hora…
—Es así, está muy adentro nuestro. Hemos construido una economía basada en la creencia de que si algo requiere esfuerzo y sufrimiento —tiempo—, entonces vale dinero. La IA rompe ese pacto. Hoy, con herramientas de Vibe Coding o copilotos, un ingeniero puede generar el "pan" (el código, la solución) sin el "sudor" (las semanas de picar teclas).
La IA produce una disociación entre esfuerzo y resultado. Y lo que nos está enseñando es que el tiempo siempre fue un proxy, un sustituto mentiroso. Al cliente nunca le importaron tus horas; le importaba la solución. Ahora que la solución es casi instantánea, el proxy del tiempo queda desnudo. Si insistes en cobrar por horas cuando el costo marginal del tiempo tiende a cero, tus ingresos van a tender a cero.
—Si el costo de producir software baja tanto, ¿se achica el mercado?
—Al contrario. Es la paradoja de Jevons. Cuando la tecnología abarata un recurso, su uso explota. Vamos a ver digitalizaciones más baratas, sí, pero infinitamente más abundantes. Hoy, hacer software a medida es un lujo. Mañana, la panadería de la esquina tendrá un sistema de IA propio. Hoy, se hace software para ser usado repetidamente. En el futuro, se puede hacer software para ser usado una sola vez.
El desafío para las empresas de software no es la falta de demanda, es la productividad. Tienen que pasar de ser boutiques artesanales a fábricas de soluciones que produzcan diez veces más output con la misma gente.
—Ahora, si no vendo horas, ¿cómo configuro una empresa?
— Planteo el concepto de “Integración hacia adelante”. Esta idea yo la vi por primera vez con el fondo General Catalyst. Ellos entienden que la solución es la integración estratégica de la empresa de IA hacia adelante. Hay varios problemas que se solucionan ahí: primero, la empresa no tecnológica, digamos una empresa de auditoría de 90 contadores, demora en implementar la IA y lo hace caro y con dificultades.
Segundo, la empresa de IA cobra la implementación pero no se queda con el valor generado en el largo plazo. Y al no haber precios por hora o por tiempo, cobrar en función del valor es un desafío. Ahí entra el fondo de capital. Pone el dinero, arma una fusión entre la empresa de IA y la empresa de contadores, sube el margen operativo al 35% y se repaga a partir de la mejora de la performance.
La inversión hacia adelante, o al menos, los contratos de revenue sharing por la mejora del valor del uso de la tecnología, son los mecanismos hacia adelante que sustituirán los contratos por hora.
—A nivel operativo, ¿cómo cambia el día a día?
—El marco de trabajo clásico está diseñado para gestionar el esfuerzo humano. Yo propongo una estructura diferente: “el Framework O3”: Outcome, Orchestration, Observable. Outcome: Defines qué negocio quieres mover, no qué quieres codear. Orchestration: Aquí entra el AI Pod. Ya no es un equipo de 7 programadores. Es un AI Product Lead (que orquesta), expertos del dominio (un médico, un agrónomo) y una flota de agentes de IA que hacen el trabajo sucio. Y Observable: Entregas métricas de impacto en tiempo real, no reportes de horas.
—¿Cómo observas a los empresarios uruguayos en medio de esta transición?
—En un viaje que hicimos con la CUTI a Washington, hice una suerte de encuesta con empresarios de servicios.
Y la verdad me generó mucho orgullo ver el coraje y la inteligencia con la que me contestaron. O sea, la buena noticia es que no nos agarra sorpresa. Hay gente que ya surfeó la ola, lleva 10, 15 años haciendo un modelo de negocio y que dice, no tenemos problemas, ya tuvimos otros grandes cambios en el pasado, ya aprendimos y si hay que cambiar, vamos a cambiar; el talento lo tenemos, los clientes lo tenemos, los modelos lo tenemos, aprenderemos lo que haya que aprender y vamos a hacer los cambios que haya que hacer. Me dio mucha confianza esa respuesta de los empresarios uruguayos.
—¿La IA es una disrupción incluso mayor a los saltos tecnológicos que tuvimos hasta ahora?
—Hay una discusión grande de si es mayor que la Internet o no, pero definitivamente es una de las grandes. El impacto en la sociedad es difícil de medir, pero el hecho de que incorporemos soluciones que hagan cosas como los humanos, le da a esta transformación una característica diferencial. La gente siente por primera vez que la computación ha llegado para ser un compañero de todo, de trabajo, de vida, de comunicación, de interfaz.
Siempre ha habido una discusión de la computación para sustituir el trabajo humano, el modelo Google, o la computación para ayudar el trabajo humano, el modelo Microsoft. En esta circunstancia, alguien que habla, que piensa, que estudia, que te simplifica los problemas complejos, que se acuerda de todo, que te entiende perfectamente, que es posible modelarte, es diferente, y genera unas expectativas enormes.
Y estamos en la época del chatbot. Falta la parte en la que la computación se mueve al mundo físico. Toda la parte de la robótica, de la incorporación de la inteligencia artificial a la medicina y a la bioingeniería.
—La IA pone en riesgo buena parte del talento hoy reconocido?
—El trabajo de ingeniería intelectual, eso no cambia.
Hay muchas cuestiones que por el momento sigue en manos de profesionales. Yo creo que el desafío es crecer junto a la IA. Porque la IA se va haciendo cada vez más sofisticada a gran velocidad, Pero aun así la forma en la que razona crece a una velocidad compatible con el crecimiento humano. Lo que nosotros tenemos que desarrollar es personas educadas, con buen criterio y capaces que puedan interactuar con la IA de manera creativa, de manera a generar soluciones de alto valor.
—En cuanto a modelo de negocios, las empresas de servicios tecnológicos son las claramente parecen más amenazadas...
—Sí. Las empresas de servicios tienen cuatro modelos de negocio posibles. Uno que se llama Staff Augmentation, que básicamente es: pongo personas, programadores, a trabajar bajo los lineamientos de la gerencia del cliente. Otro que es Customer Development Software, que el cliente me pasa los requerimientos y yo controlo todo, tengo mi propio programador de cosas y le desarrollo el proyecto. Eso tiene dos submodelos, uno es proyecto cerrado donde yo compro todo el riesgo, el tipo me paga un precio fijo y yo le entrego y si me equivoqué el riesgo es mío, o una cosa que se llama Time and Materials donde él va evolucionando el producto y yo tengo un equipo armado para ello y le voy cobrando por mes el tiempo de los programadores. El tercero es un Product Software Development, donde el cliente levanta un capital de riesgo y me dicen, haceme un producto con estas características.
Y finalmente el cuarto modelo de negocio de servicios es lo que se llama PSP, o sea Professional Services sobre plataformas de clase mundial. Entonces, por ejemplo, tenés las grandes plataformas como Oracle, SAP, Salesforce, Microsoft, Google, Amazon, lo que fuera, y aprendés a usar los productos de Google u otra, y los implementas en los clientes, entonces ahí la inteligencia artificial viene de tu proveedor y básicamente lo que haces es que te capacitas en implementar esas cosas. Hasta hace un par de años, todas las empresas de servicios tenían un poco de cada uno de estos modelos. La IA afecta diferente a cada uno de ellos, pero mucho más al Staff Augmentation, mucho. Ya no se necesita un equipo de 18 personas, con un buen componente de juniors.
También afecta mucho el Customer Development, porque el cliente tiene muchísimas cosas que las baja de la nube, y ya no le podés cobrar ocho meses de desarrollo en el proyecto.
Y el que creemos que va a tener una sobrevida más larga es el servicio profesional y sobre plataformas de clase mundial porque ya traen embebidas todas las innovaciones; nuestros equipos son muy solventes, entienden muy bien el problema de negocio del cliente, cómo traducirlo en las plataformas y consecuentemente lo implementan muy sanamente.
Muy probablemente el mix de servicios vaya a cambiar, y en ese sentido la IA va a entrar y vamos a ir teniendo equipos mucho más productivos de desarrollo de servicios. Y en términos generales, menos numerosos. Los juniors van a hacer otras cosas, como por ejemplo, Vibe Coding, directamente trabajando con la IA, van a estar haciendo la operación de los agentes, o sea, no son tareas de programación, sino tareas de IA, serán juniors de IA engineer, no de programación. Tendrán que recapacitarse.
Lo cierto es que la empresa de servicios tecnológicos la cambia totalmente; es necesario que cambie para sobrevivir.
—¿Cuál es el cambio ineludible?
—El de diseño organizacional, tanto en términos de cómo está armada la industria, de cómo son los procesos, de cómo es la base de conocimientos. Nosotros vamos a tener que recapacitar al 50% de la base laboral, van a tener que desaprender bases de datos, programación, etcétera, y van a tener que aprender, como decía recién, AI Engineering, Data Engineering y todo ese tipo de cosas, ese es el nuevo perfil profesional.
—Te has definido como "un tecno-optimista crítico". ¿Qué hay más allá del software?
—Los átomos. El software ya se comió el mundo digital; ahora va por el mundo físico. La próxima mina de oro es la Robótica + IA y la BioTech. Programar robots para que ejecuten las tareas fabriles es un servicio de software, que acompañen personas mayores también requiere adaptación tecnológica, o usar la IA para diseñar proteínas también requiere alto conocimiento tecnológico. Ahí hay billones de dólares esperando.
Hemos vivido bien vendiendo esfuerzo. Ahora nos toca vivir mejor vendiendo innovación y valor junto a la IA. Estamos desafiados, sí, y da vértigo. Pero como me gusta decir: Montevideo será hermosa. Tenemos el talento y la creatividad para ser arquitectos de este futuro.