OPINIÓN

El inesperado virus que nos afecta

La tendencia declinante que hoy muestran las variables económicas y sobre todo financieras a nivel global, también se refleja sobre nuestra economía. 

Foto: Pixabay
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Esa tendencia declinante de la que hablamos incide sobre nuestra economía—en la mayoría de los casos adversamente— y, en general, preocupa cada vez más.

Origen y repercusiones

El origen de lo que hoy sucede con las variables económicas y financieras internacionales no deriva como en los últimos tiempos, de un tweet del presidente norteamericano. Esta vez no es Trump quien le ha impuesto decisiones financieras a la Reserva Federal que provoquen movimientos
—volátiles o estables— de las demás variables financieras con repercusiones comerciales y productivas a nivel global. Esta vez ha sido el Covid-19, de nacimiento reciente, el que ha generado una crisis internacional poco vista en el pasado reciente. Es que ni la crisis de 1987 ni las de las décadas siguientes han sido tan importantes como la actual. Los efectos que ha desencadenado el coronavirus sobre la segunda economía mundial —China—, han sido sumamente profundos: detención de gran parte de la producción local, de las horas trabajadas, de su consumo, inversión, exportaciones e importaciones —a y desde la mayoría de las naciones del mundo— y desequilibrio importante del escenario financiero mundial.

Las repercusiones se han dado, como parece ser la lógica de lo que sucede tras un golpe como el señalado, primero sobre la expectativa de la actividad productiva normal mundial, muy bajista por la ya señalada importancia de China a través de su comercio exterior e incluso sobre empresas multinacionales que invierten en esa nación. La expectativa creciente de los malos resultados empresariales esperados se ha reflejado primeramente en los resultados bursátiles. Menor actividad mundial es menor resultado económico y financiero y ello se manifiesta en una reacción vendedora en los recintos bursátiles, de acciones que en consecuencia cotizan a la baja. El Índice Dow Jones, por ejemplo se desplomó 14% en dos semanas (Nota: hoy es 9/03), y otros índices en EE.UU. y en el resto del mundo cayeron en similar proporción. Si bien la declinación puede haber sido exagerada por el famoso mecanismo de las “órdenes en ausencia” que los inversores dan a sus agentes para vender sus posiciones cuando el valor cae un determinado porcentaje, ella refleja la expectativa de una situación empresarial negativa en el futuro inmediato.

La mencionada disposición a salirse de posiciones con renta variable provoca al mismo tiempo un vuelo a la calidad, a los activos libres de riesgo y con rendimientos fijos: las Letras y Bonos del Tesoro de Estados Unidos. Como no ocurría desde hace ya muchas décadas, el retorno de un Bono del Tesoro norteamericano con vencimiento en 30 años es de tan solo 0,98%. La reacción es la lógica: malas expectativas económicas alejan de las posiciones accionarias, caen las Bolsas, sube la demanda por títulos libres de riesgo, aumentan sus precios y caen sus rendimientos.

Para estimular al consumo y a la inversión en Estados Unidos, golpeado por la situación de China, la Reserva Federal ha bajado la tasa de interés de referencia de su política monetaria en 50 puntos básicos a 1-1,25%. La idea es desestimular el ahorro financiero y fomentar la inversión productiva. Y la diferencia que existía entre la tasa de interés de Estados Unidos y las del resto de los países desarrollados, al bajar, deprecia al dólar ante el euro, el yen y ante otras monedas “fuertes” a pesar de tener ellas una tasa de interés aún menor, negativa en algunos casos en términos nominales. Pero no ocurre lo mismo con el dólar en los países emergentes en los que el dólar se aprecia. En este caso, por la incertidumbre sobre su producción, exportaciones e importaciones, tanto de bienes y de servicios, que son las que suministran buena parte de la moneda internacional de cambio al país.

Hay reacción también del precio del petróleo. Ante la alta probabilidad de la menor demanda de crudo por los efectos del coronavirus sobre la actividad productiva mundial y la consecuente baja del precio, la OPEP intenta reducir las cuotas de producción y exportación de petróleo de sus miembros y evitar la reducción del precio del crudo, pero Rusia se niega a esa política y se ha desatado una guerra que, en un día, hace bajar el valor del Brent casi 33%.

Y nosotros

Varios son los efectos sobre nuestra economía. Las exportaciones bajan y no solo a China, nuestro principal socio comercial, y ello es imposible de compensar por aumento de precios al resto del mundo. Tampoco el aumento del tipo de cambio alcanza para compensar la disminución del volumen y precio de las ventas al exterior. Las importaciones también caen desde el principal cliente comercial y su efecto depresivo se ve agravado por la fuerte devaluación de la moneda —13% en los últimos dos meses y medio—. En definitiva, la actividad está siendo y seguirá estando afectada adversamente, al menos por varios meses más. Y la devaluación del peso por el vuelo a la calidad pese a lo favorable que se presentan las menores tasas de interés a nivel mundial, disminuye la capacidad de compra de bienes transables y genera alza fuerte en el peso de la deuda pública, al tiempo que reduce el efecto favorable de la disminución del precio del petróleo.

Son muchos los efectos que ha desencadenado el coronavirus en breve lapso. Es imposible, por el momento, estimar cuanto más tiempo va a transcurrir antes de una normalización, al menos de la sobre reacción que han tenido los mercados. Esperemos que sea pronto y no afecte el rumbo que se ha trazado la nueva administración.

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