Dólar fuerte, dólar débil y ¿el comercio?

La competitividad por tipo de cambio es efímera. Una variable no controlable a nivel doméstico. Cuando se intenta controlarla, se genera caos.

Dólar
Dólares.
Foto: AFP

Por Marcos Soto (*)
Desde el acuerdo alcanzado en Bretton Woods en 1944, en el que Estados Unidos emerge como árbitro del nuevo orden monetario, el reinado de su moneda, el dólar ha sido indiscutido.

En efecto, más del 40% de las transacciones comerciales internacionales se pacta en esa moneda. Además, es la moneda en la que mayormente reservan o atesoran los países. Y cerca de la mitad de todos los préstamos y bonos internacionales están denominados en dólares. La hegemonía de la moneda estadounidense parece no tener, al menos por ahora, una alternativa real.

La incidencia relevante descrita en el orden monetario internacional es clave para comprender que es lo que sucede cuando el dólar se debilita o se fortalece.

Desde la postguerra, con aceleración de la liberalización del comercio internacional entre 1980 y 2000, han proliferado las cadenas globales o regionales de valor. La descomposición de los procesos productivos en distintas jurisdicciones, de modo de ejecutar cada eslabón de la cadena productiva en la geografía donde es más eficiente hacerlo, ha sido una de las reglas sobresalientes de este período histórico. Como toda cadena, conlleva implícita la interdependencia, y cuando gira correctamente, conlleva incremento de transacciones comerciales internacionales. De modo que para que el modelo funcione, la liquidez internacional es clave. Las empresas deben poder acceder a líneas de crédito que les permita sostener los tiempos financieros del comercio internacional.

Si hacemos el ejercicio sobre lo que está sucediendo en la actualidad, un incremento de los tipos de interés, provoca un inevitable encarecimiento del crédito y posibles dificultades de acceso, generando un obstáculo al funcionamiento de las cadenas comerciales internacionales.

Aunque en Uruguay no esté ocurriendo, el incremento de tasas de interés en EEUU también ejerce presión sobre las diferentes monedas locales debilitándose frente al dólar. A modo de ejemplo el Yuan se ha devaluado en casi un 9% en los últimos doce meses. Por tanto, el financiamiento global no sólo se encarece por la vía directa de la política monetaria de la FED sino que además por la pérdida de valor relativo de las diferentes monedas. Ahora los agentes locales precisan de más unidades de su moneda para hacer frente a sus obligaciones financieras internacionales.

Podríamos suponer desde luego que incrementos de los tipos de cambio domésticos generarán mejoras transitorias en la competitividad de las empresas exportadoras y eso incentive el comercio global. Sin embargo, cuando el fenómeno se generaliza, la contracara es la dificultad para acceder a la divisa norteamericana, desincentivando las importaciones. Cuando el dólar se fortalece a nivel global, el comercio internacional lo siente.[1]

El dólar se ha fortalecido a nivel global en los últimos doce meses. Ya no es posible analizar el desempeño de las economías, o de algunos de sus sectores, de forma aislada a lo que sucede en el resto del mundo.

La realidad impone que la competitividad por tipo de cambio es efímera. Una variable no controlable a nivel doméstico, que cuando se intenta administrar genera caos, pero que cuando se generan incentivos difusos, también genera caos. En la agenda perfecta los países investigan y desarrollan en procura de mayores niveles de productividad, automatización, infraestructura y procesos, que, con inflación controlada, desembocaría en competitividad genuina. Sin embargo, aun en el hipotético caso de estar embarcados en este tipo de reformas, el horizonte temporal es duro antes de alcanzar mejoras relevantes.

Por ello la gestión es clave. Calibrar la teoría, con la realidad local e internacional y sus efectos esperados es parte de lo que toca. Amortiguadores correctos. Países como el nuestro deben preservar a toda hora su aparato productivo exportador. Es en esa cancha donde se juega el partido del desarrollo. La meta de largo plazo que la teoría indica debe ser consistente con un trayecto que no decapite el potencial productivo, porque de lo contrario de poco servirá alcanzar aquella meta.

(*) Decano de UCU Business, Universidad Católica del Uruguay

[1] Dollar and Exports, Bruno & Shin. Versión revisada enero 2023.

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