Después del petróleo, los fertilizantes: la guerra golpea fuerte a la producción de alimentos

El Mercosur necesita aproximadamente cinco buques de 50.000 toneladas de fertilizantes por día, todos los días del año.

Fernando Mattos
Fernando Mattos, ex ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, ex Presidente de la Federación Rural y presidente de INAC, productor agropecuario. Fue candidato de Uruguay para la secretaría de IICA.
Juan Manuel Ramos/Archivo El Pais

El impacto al alza en los precios de la energía concentra buena parte de la atención global y los cálculos del impacto de la guerra en la inflación y la actividad económica; por detrás, comienza a notarse el fuerte golpe en la oferta y por consiguiente en la cotización de los fertilizantes. Para el ex ministro de Ganadería y ex Presidente de la Asociación Rural Fernando Mattos, los efectos de la presión en los fertilizantes no se sentirá tanto en la cosecha de los cultivos de verano “que ya tienen su ecuación cerrada”, sino en la siembra de los cultivos de invierno: “el productor está tomando ahora decisiones teniendo en cuenta esta realidad”, alertó. Mattos describe los problemas que enfrenta la región como tomador de precios y advierte de un necesario cambio estratégico para mejorar la producción de fertilizantes en la zona, y la investigación que permita sustituirlos por otros recursos biotecnológicos. A continuación, un resumen de la entrevista.

—Hay un notorio efecto de la guerra sobre el precio de los energéticos, pero, ¿no se ha tomado aún conciencia de otros impactos, como el de los fertilizantes?

—El Golfo Pérsico es una región de enorme potencial de producción de energía, tanto petróleo como gas natural y esa es, digamos, la primera onda expansiva. Después vienen los efectos secundarios de la primera deflagración, que son aspectos vinculados también con la energía, pero que tienen que ver con la síntesis de algunos insumos que para nosotros son esenciales. La principal región del mundo con saldo neto positivo exportable de alimentos, fibras y biocombustibles es el Mercosur; acá tenemos recursos naturales, suelo, agua dulce, clima y el recurso humano. Pero somos totalmente dependientes de algunos insumos básicos como los fertilizantes. Nuestra región necesita importar cinco barcos de 50.000 toneladas cada día del año. Y la zona del Golfo es un proveedor clave.

— La situación de la guerra en el Golfo Pérsico llega luego que se debieran recomponer las cadenas de suministro después de la invasión rusa a Ucrania…

—Así es. Considerando que Rusia y Bielorrusia, su socio y aliado son de los principales países productores de algunos fertilizantes fundamentales, de origen potásico y también de nitrógeno, tuvimos un gran impacto. Los embargos y problemas logísticos en torno a Rusia nos generaron problemas.
Aquella situación se había ido acomodando, más allá del fuerte impacto. Los embargos de fertilizantes se fueron levantando, pero los precios fueron al alza. Y ahora tenemos este otro conflicto, donde impactan las dificultades de la navegación marítima, los seguros, las zonas de riesgo de guerra, todo eso encarece una logística para transportar productos de relativamente bajo valor pero donde incide mucho el flete marítimo, y estas circunstancias lo encarecen mucho.
Teníamos en el Golfo Pérsico una zona de aprovisionamiento importante, quizás no la principal, pero el mercado es uno solo. Y los desequilibrios se sienten enseguida.
Entonces, el primer impacto puede ser por los energéticos, y la suba genera el mal humor de la población en diversas zonas del mundo, pero luego ese efecto llega a los alimentos. Hay un cierto delay en esos impactos. Y para nosotros, como productores de alimentos, comenzaremos a tener problemas en breve…

—¿Cuál es el primer impacto?

—En esta región, a partir de mayo empiezan las siembras de los cultivos de invierno, entre ellos uno fundamental para el aprovisionamiento que es el trigo, que requiere de mucho nitrógeno para su desarrollo y asegurar buenos rendimientos, algo indispensable para que la cuenta le cierre al productor.
En el hemisferio norte es al revés, ellos siembran los cultivos de verano, pero que también requieren fertilizante.
Es evidente que sobre fin de año, lo que se a plantar ahora, sean los cultivos de verano en el Norte o los de invierno en el sur, va a estar la presión de una ecuación económica que va a tener en su componente fertilizantes y energía más cara,
Allí sentiremos una segunda ola de presión inflacionaria, especialmente en los alimentos.

—¿En qué momento el productor uruguayo deberá incluir en sus costos la presión al alza de los precios por los problemas generados en la oferta de fertilizantes?

—Ahora. Ya se está comprando esos productos, como la urea u otros fertilizantes.
En la Expoactiva se dio el puntapié inicial a la cosecha de verano. Se lanzaron en estos días la cosecha de soja, maíz, arroz, entre los de mayor área cultivo. Esos tres cultivos ya tienen una ecuación cerrada con los insumos a precios previos a la guerra, por lo tanto no se ven afectados en esta etapa.
Pero sí siente el impacto lo que se va a sembrar ahora, que al momento de instalar el cultivo, tienen que incorporar distinto tipo de fertilizantes, de acuerdo con los análisis de suelo. No solo estamos hablando de los tres principales, nitrógeno, fósforo y potasio, sino de otros micronutrientes que también son fundamentales. Y todos ellos se han encarecido automáticamente.
Los proveedores locales, aunque tengan producto en stock, saben que lo que vendan lo que van a tener que reponer a los nuevos precios, mucho más caro. Es al revés de la montaña rusa: la subida es rapidísimo, pero cuando entren a acomodarse, la bajada de precios es muy lenta…

—Hablamos de la producción de trigo y cebada…

—El productor está tomando ahora decisiones teniendo en cuenta esta realidad. Primero que nada, está saliendo de una mala cosecha. Ya viene un poco golpeado, entonces tiene que calcular perfectamente cómo cruzar el invierno para llegar a la próxima campaña de verano. Las opciones pueden ser hacer una cobertura verde y no cultivar nada, quedándose con toda su infraestructura y maquinaria parada, o se decide por alguno de los cultivos de invierno que básicamente son tres, el trigo y la cebada, dos graminias que requieren de mucho nitrógeno, o se pasa a la canola u otros oleaginosas de invierno que no requieren tanto nitrógeno, aunque sí otros fertilizantes, como el fósforo, el potasio. Esas oleaginosas dieron mejor ecuación en la campaña pasada, pero además están vinculadas a los biocombustibles. Por lo que están asociados de alguna manera al comportamiento del petróleo, ya no como alimentos, sino como energía.

Fernando Mattos
Fernando Mattos
Juan Manuel Ramos/Archivo El Pais

—¿Prácticamente toda la oferta de fertilizantes y agroquímicos está bajo el impacto derivado de la guerra?

—Sí, ya que muchos de estos nutrientes están muy concentrados en pocos oferentes, y ahí también juega mucho la geopolítica. Como dijimos antes, un gran actor en el mundo de los participantes de este negocio es Rusia, que ha generado acuerdos, además, con países africanos donde se encuentran importantes yacimientos, con lo cual mantiene su posición dominante respecto de los países. Todo el norte de África es un gran productor de crudo y gas natural.
Y el otro factor que juega, que ya ocurrió con la guerra de Rusia-Ucrania, es que frente a la amenaza de un desequilibrio entre oferta y demanda, hay países que toman medidas por su propia seguridad alimentaria y terminan presionando más al mercado. Es el caso de China, que restringió las exportaciones de fertilizante de algunas de sus de sus yacimientos importantes, para asegurar el aprovisionamiento interno.

—¿Qué papel juega la región en ese rubro?

—Creo que tenemos una capacidad importante de crecimiento hacia el futuro, con la explotación adecuada y económicamente viable de Vaca Muerta. También con la reinversión que se puede hacer de algunos proyectos que quedaron muy menoscabados en Bolivia, que otrora fue un productor importante de urea.
No tenemos tanto yacimiento de fósforo, pero realmente en el caso del nitrógeno y el potasio sí, inclusive con yacimientos en la región del Amazonas y en la región andina también.
Deberíamos tener una mirada más estratégica en materia de cooperación, como integrantes de una región con potencial de producción; buscar la forma de disminuir nuestra dependencia de estos fenómenos geopolíticos internacionales. Nos permitiría dejar de ser tomadores de precios en cuestiones que tienen que ver con producciones propias, como alimentos, biocombustibles y fibras.

—¿Hay potencial para ser autosuficientes en la región?

—Por lo menos para reducir drásticamente la dependencia como importadores que netos que somos. Y ahí le agregaría todos los temas vinculados a la investigación agropecuaria coordinada entre países, donde también estamos en el debe.
Hay muchas prácticas, a partir de recursos biotecnológicos, que nos liberarían de la dependencia de los fertilizantes. Y no solamente pensando en la ecuación económica, también en relación con la casa más oscura de los fertilizantes, que es la contaminación, la acidificación de los suelos. A veces terminamos generando un desbalance en temas de nutrientes que se vuelca a los cursos de agua y generamos cianobacterias, algo que no es deseable. Por todo eso, debemos investigar y buscar soluciones alternativas, en conjunto.

—¿Por qué no se avanza en esa línea?

—Creo que falta liderazgo estratégico en la materia y una visión más global, dejar de mirarnos el ombligo. Siempre mirando el corto plazo. Hay que pensar más allá de los períodos de gobierno y de la próxima cosecha. Eso va para gobernantes y también para los productores y nuestras gremiales.
Precisamente, estos fenómenos mundiales nos deben despertar esa necesidad de ser más estratégicos.

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