El cierre del primer año de gobierno suele ser un momento propicio para hacer balances en distintos planos de la gestión. En una administración de centroizquierda, el vínculo con el sector empresarial suele ser una variable especialmente sensible, sobre todo en un contexto de crecimiento moderado y bajos niveles de inversión, donde el clima empresarial puede incidir en el dinamismo de la inversión y del empleo.
En este marco, la lectura de la confianza empresarial genera una expectativa adicional. Al cambio de gobierno se suma el punto de partida: niveles de confianza particularmente altos registrados durante la administración anterior, que funcionan como referencia inmediata al momento de comparar percepciones y tendencias.
Con este objetivo, el Monitor de Sectores Productivos relevó durante 2025 indicadores de confianza económica en el estrato de medianas y grandes empresas, abarcando 23 sectores de actividad, a partir de una muestra de 108 empresas.
Deterioro de las expectativas sobre la situación económica del país
Las expectativas sobre la evolución de la economía del país para los próximos doce meses se deterioran por segundo año consecutivo. El balance general puede describirse como una visión “buena–regular” para el período: se reduce el optimismo y crece una mirada más cauta, sin que eso implique, en términos generales, un pasaje masivo hacia evaluaciones negativas.
En concreto, las expectativas positivas vuelven a caer y se ubican en 46% en 2025 (frente a 81% en 2023 y 67% en 2024). Este movimiento es consistente con un escenario de crecimiento moderado y con previsiones macroeconómicas que no anticipan un salto significativo de actividad. En paralelo, aumenta con fuerza la percepción de una economía “regular”, que pasa de 28% a 53% en 2025, consolidándose como la categoría predominante.
Estabilidad en la evaluación de la política económica de gobierno
En lo referido al contexto de políticas económicas, los empresarios mantienen una evaluación relativamente estable. Más allá del cambio de administración, se sostiene una percepción predominantemente “regular” sobre el marco económico en el que operan los sectores: 47% en 2024 y 53% en 2025. Es decir, la lectura general no se desplaza de forma significativa, aunque sí muestra matices que vale la pena señalar.
En particular, se observa una leve baja de las valoraciones positivas, que pasan de 29% en 2024 a 21% en 2025. Al mismo tiempo, las valoraciones negativas se mantienen estables, en el orden de una de cada cuatro respuestas, lo que sugiere que, para una proporción relevante del empresariado, persisten reparos o señales de disconformidad, pero sin un salto respecto al año anterior.
Visión empresarial más crítica con gestión laboral de gobierno
En materia laboral, la percepción del empresariado se vuelve sensiblemente más crítica en 2025. Las valoraciones negativas aumentan de 28% en 2024 a 45% en 2025, y pasan a ubicarse por encima de las respuestas “regulares”, que alcanzan 44%. En otras palabras, la evaluación del marco laboral deja de concentrarse en una mirada intermedia y se desplaza hacia posiciones más desfavorables.
Cabe señalar que este nivel de crítica se acerca a registros de períodos anteriores, aunque el saldo actual sería similar pero levemente mejor al observado en 2019, último año de la segunda administración de Tabaré Vázquez. En términos de clima de negocios, este resultado puede interpretarse como una señal de advertencia: un marco laboral percibido como más desfavorable tiende a incidir en el nivel de cautela de las empresas y puede afectar, directa o indirectamente, la consolidación de la trayectoria reciente de creación de empleo.
Consonancia entre expectativas de crecimiento sectorial y evolución de la economía
Las expectativas sobre la evolución del nivel de actividad de los sectores a los que pertenecen las empresas entrevistadas se mantienen en terreno positivo. En promedio, las firmas proyectan un crecimiento de 2,6% para los próximos doce meses, lo que sugiere un escenario de expansión moderada.
Este registro resulta coherente con un contexto macroeconómico sin grandes aceleraciones, y se alinea de forma razonable con las previsiones de analistas para la evolución del PBI en el período.
Empeoran perspectivas de inversión entre sectores consultados
En materia de inversión, la respuesta predominante sigue siendo la continuidad: un 58% de los empresarios señala que la inversión en su sector se mantendrá en niveles similares a los de ejercicios anteriores. Este dato sugiere que, en términos generales, no se observa un escenario de expansión fuerte, pero tampoco un giro abrupto hacia un recorte generalizado.
Sin embargo, al mirar el balance entre quienes anticipan aumento y quienes prevén reducción, aparece un deterioro claro. En 2025, 22% espera que la inversión crezca, mientras 19% proyecta una reducción. Esto deja un saldo neto de +3%, muy por debajo del +21% registrado en 2024. En términos prácticos, el resultado refleja un enfriamiento de las intenciones de inversión: se mantiene la mayoría que no espera cambios, pero se estrecha considerablemente la diferencia entre expectativas expansivas y contractivas.
Tendencia general a mantener la plantilla de empleo
Como en los últimos años pospandemia, la mayoría prevé mantener su demanda de mano de obra (69%). No obstante, el balance general es más contractivo: 23% espera reducir plantilla y 7% incrementarla, con un saldo de -16% en 2025 (peor que -10% en 2023 y -3% en 2024).
Rentabilidad: crecen las presiones por costos y competitividad
Desde 2018 en adelante se registra una tendencia de mejora en la percepción de rentabilidad media de los sectores analizados. El saldo más favorable de la serie se produce en 2024 con un 50% de las empresas que valoran positivamente la rentabilidad de sus sectores y un 10% que valoran como negativa la rentabilidad (saldo +40%). En 2025 las valoraciones positivas caen a 44% y las negativas ascienden a 19%, reduciéndose el saldo a +25%.
Con relación a las principales “desafíos” expresados por los empresarios para mejora de la rentabilidad destaca la mejora en las condiciones de competitividad (25%) y la reducción de costos (22%), seguido por la innovación y tecnología y gestión comercial.
Conclusiones
Al cierre del primer año de gobierno se registra una tendencia de relativa estabilidad en el clima de expectativas empresariales, pero con un sesgo negativo en la evolución de las principales dimensiones evaluadas: crecimiento, inversión y empleo.
Destaca la estabilidad en las percepciones relativas a la conducción económica general del gobierno, así como una consonancia entre las expectativas empresariales y las proyecciones de analistas con relación a la evolución de la economía.
-Sociólogo Agustín Bonino, socio director de Opción Consultores.