Opinión

Acelerador del PIB en Brasil

Además de equilibrar las cuentas públicas, para crecer más es necesario perseverar en reformas que amplíen la productividad de la economía brasileña. 

Foto: Pixabay
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La perspectiva de cerrar un año más con el PIB ni siquiera rozando el 2% ha transformado la agenda de reformas en el campo fiscal en la piedra de toque para la reanudación del crecimiento. El debate en torno a la reforma de la seguridad social fortalece el diagnóstico de que, sin contener la trayectoria del gasto público, que afecta la percepción de riesgo sobre la solvencia del país, será difícil reanudar la inversión y estimular el PIB.

Cuando se trata de dinamizar la actividad económica de forma sostenida, sin embargo, hay otra variable menos popular que no puede ser descuidada: la productividad. Es otra área en la que el país, históricamente ha actuado poco para mejorar. Conforme a lo divulgado en esta edición de Conjuntura Econômica, el relevamiento de Economía Aplicada del FGV/IBRE indica que, de 1982 a 2018, la productividad por hora trabajada creció sólo el 0,4% al año en Brasil. En pocas palabras, significa que a lo largo de dicho período fuimos incapaces de producir los cambios necesarios para el crecimiento a largo plazo del país.

Muchos factores contribuyen al aumento de la productividad: una economía abierta y competitiva, educación de calidad, y un buen ambiente de negocios que reduzca el coste del crédito, la inversión y la actividad productiva formal. Es una agenda amplia y difusa, pero que, si se combina bien, puede transformar la economía de un país. Un caso emblemático es el de Corea del Sur, que gracias a un plan de Estado que involucró apertura económica, inversión en educación e investigación y desarrollo, entre otros, logró elevar su PIB per cápita del 7% en 1960 para el actual 67% en relación al verificado en la economía estadounidense. En la punta opuesta es el ejemplo latinoamericano, que en la media mantuvo el mismo porcentaje de renta per cápita registrado en los años sesenta, del 20% de los Estados Unidos.

En el caso de América Latina, México es uno de los ejemplos más significativos en cuanto a los errores en combinación de elementos que elevan la productividad: gracias al trabajo del economista Santiago Levy. En el libro Under rewarded efforts: the elusive quest for prosperity in México, de 2018, el economista apunta que incluso registrando logros tales como una macroeconomía equilibrada, con una tasa de inflación media anual del 4% entre 1996 y 2015, aumento de la escolaridad de la población y la negociación de acuerdos comerciales con economías desarrolladas, la productividad del trabajo en el país varió solo 0,4% al año, y el crecimiento medio de la renta per cápita anual fue solamente el 1,2%.

Según Levy, eso se produjo debido a fallas en políticas económicas e instituciones mexicanas que impiden el crecimiento de las empresas más productivas, que enfrentan una legislación laboral rígida, inseguridad jurídica y una imposición muy elevada para las empresas menores, mientras que estas últimas se benefician de una política de apoyo cuyos problemas de diseño acaban alentando a que permanezcan pequeñas y poco productivas, generando una oferta de empleo de baja calidad. Con este perfil, los negocios no tienen cómo aprovecharse de las ganancias de productividad que pueden ser generadas por el libre comercio o por profesionales más capacitados. Fernando Veloso, investigador del FGV IBRE, resalta que el ejemplo mexicano guarda varios puntos en común con la situación brasileña, analizados en obras como Anatomia da produtividade no Brasil, de 2017, de la que Veloso es uno de los organizadores, y en el informe Empleo y crecimiento-la agenda de la productividad, del Banco Mundial, lanzado en 2018 en seminario promovido por el IBRE.

La buena noticia, para Brasil, es que en los últimos años se han sumado algunas reformas que pueden generar impacto positivo en la productividad, como la del trabajo, que colabora para la reducción del coste del empleo formal, y la Agenda BC+ (una pauta del Banco Central para la evolución tecnológica en el sector financiero), que entre otros puntos busca ampliar la oferta y reducir el costo del crédito en el país.

Veloso recuerda que están en el radar otras reformas importantes con alto potencial de influir en la evolución de la productividad, como por ejemplo la tributaria. "Por eso tenemos que ampliar el debate sobre estos cambios más allá del aspecto fiscal, centrándose en cuanto ellas harán nuestra economía más eficiente", dice Veloso. Como apoyo a esta discusión, el IBRE lanzó un indicador de productividad trimestral por hora trabajada, acumulada en cuatro trimestres, calculado a partir de los datos de las Cuentas nacionales Trimestrales y de la Pnad Continua (Encuesta de hogares) del IBGE. "Típicamente, los indicadores sobre la productividad tienden a ser anuales y con desfase. Con ese índice, podemos acompañar más rápidamente el efecto de políticas públicas y discutir la productividad todo el año", dice Veloso.

El investigador todavía cita el uso del indicador en el campo de la política monetaria, en la detección de presiones inflacionarias. "Por ejemplo, un aumento salarial sólo es inflacionario si es incompatible con la evolución de la productividad del trabajador. Si una empresa aumenta los sueldos sin mover los precios, es porque logró reducir costos de producción, ampliar su eficiencia ", explica.

Comportamientos sectoriales
El primer boletín del indicador —firmado por Veloso, Silvia Matos, coordinadora del Boletín Macro IBRE y por el investigador Paulo Peruchetti— apunta que la reanudación de la economía después de la recesión, además de lenta, ha ocurrido en bases frágiles. Si en 2017 la productividad colaboró para el crecimiento del país, subiendo un 1%, en 2018 se quedó estancada, restando el aumento de horas trabajadas en su función de empujar el PIB, que cerró el año en el mismo nivel registrado en 2017, del 1,1%.

Observando el resultado de 2017 y 2018 por sectores, se observa que el mal rendimiento vino especialmente del sector de servicios, cuya productividad gira en terreno negativo desde 2014. Por representar más del 70% de la economía, esa actividad empuja el resultado agregado hacia abajo.
En la agropecuaria, la productividad por hora trabajada registró una expansión del 18,9% en 2017 y del 1,1% en 2018. Veloso señala que, a pesar de presentar alta volatilidad, la productividad del agronegocio brasileño ha registrado un aumento expresivo desde 1995, pasando de R $ 4,6 por hora trabajada para R $ 19,8. Aún está lejos del nivel de la industria y de los servicios, que tuvieron variación, respectivamente, de R $ 30,6 para R $ 28,1, y de R $ 28,8 para R $ 30,4, pero constante en su mejora.

Angelo Gurgel, de la FGV Agro, atribuye ese desempeño a algunos factores, empezando por la inversión de décadas hecha por universidades e institutos en investigación y desarrollo. Esto posibilitó ganancias tanto en la mejora genética de semillas —lo que permitió, por ejemplo, la tropicalización de cultivos como la soja y el maíz que hoy son destacadas entre las exportaciones brasileñas— y también en cuanto en la fertilización y conservación del suelo. "Y, para el caso de pequeños productores, la generación de conocimiento orientada a la especialización en productos con mayor valor agregado, como frutas y hortalizas ", Incluye. El segundo factor es una política agrícola y de crédito que ha colaborado para la inversión y el aumento de tecnología, "incluso para el caso de los pequeños productores, como con líneas como el Pronaf (Programa Nacional de Fortalecimiento de la Agricultura Familiar), que busca amenizar la disparidad tecnológica o de renta entre productores de diferentes tamaños ", dice, defendiendo que la subvención concedida al sector en cuanto a políticas de crédito está entre las tres menores del mundo, y tiene un alto factor multiplicativo.

Para el sector, Gurgel defiende que la agenda de productividad pasa por una reforma del Estado que reduzca su tamaño y amplíe la eficiencia. Además, defiende una reforma del sistema tributario que elimine subvenciones cruzadas, y last but not least, la ampliación de la infraestructura de transporte y almacenamiento. "La reforma del Estado estimularía la inversión privada; la tributaria, mejoraría el ambiente de negocios; y la infraestructura, facilitaría el flujo de la producción, beneficiando especialmente las exportaciones ", sostiene.

En el caso de la industria, el segmento más preocupante es el de la construcción, donde la productividad por horas trabajadas salió del terreno negativo en que se encontraba desde el último trimestre de 2013 (en el acumulado de cuatro trimestrales), marcando una expansión de 0,5%, pero aún en una dinámica muy pobre, señala el indicador del IBRE. A su vez el sector de la transformación, que en 2014 llegó a registrar una caída del 7% en su productividad, ha demostrado una recuperación más rápida y más fuerte, pero comparativamente menor en 2018 (1,3%) que en 2017 (1,8%). Uno de los principales problemas de productividad en la industria de transformación, pero no el único, es su composición. Un relevamiento hecho por el Instituto de Estudios para el Desarrollo Industrial (IEDI) con datos de la investigación industrial anual (PIA) apunta que, mientras el mundo se encamina hacia la manufactura avanzada, de alto contenido tecnológico y digital, en Brasil las actividades industriales intensivas en ingeniería e investigación y desarrollo (I & D) retrocedieron en valor agregado y personal ocupado; de 2010 a 2015 la caída fue de, respectivamente, de 16% para el 15,7% y del 12,2% al 11,5%. En su lugar, ganaron espacio principalmente actividades intensivas en recursos naturales, con destaque para la fabricación de productos alimenticios, que en ese período varió del 13,6% a 18,6% en valor agregado y de 18% para 20,8% en personal ocupado. Mientras que la tasa de productividad media en el agregado de las actividades intensivas en ingeniería e investigación y desarrollo creció un 5% entre 2010 y 2015, de acuerdo al IEDI, las intensivas en recursos naturales registraron un retroceso del 2% en la misma comparación.

Otro factor que hace a la industria de transformación menos productiva es su heterogeneidad estructural. La diferencia es muy clara cuando se observan actividades como la fabricación de alimentos donde conviven, bajo la misma rúbrica, de grandes multinacionales exportadoras a fábricas pequeñas, a menudo operando con procesos obsoletos. "Es una característica propia de países emergentes, en que parte de la actividad avanza y otra se queda atrás ", dice Rafael Cagnin, economista del IEDI. El experto resalta que tal condición es resultado de mano de obra poco cualificada, pero también de emprendedores mal preparados. El diagnóstico quedó claro con los resultados del programa Brasil Más Productivo, lanzado en 2016 en sociedad con el entonces Ministerio de Desarrollo, Senai, ABDI, Sebrae, Apex y Bndes.

La iniciativa, concluida en julio del año pasado, involucró a 3.000 empresas de diferentes regiones del país y segmentos industriales, que recibieron entrenamiento en manufactura. Aunque se trata de una metodología de la década de 1980, su adopción hizo que las empresas implicadas en el programa registraran un aumento medio de 52% en su productividad.

Cagnin refuerza la señal dada por el programa en cuanto a la necesidad de atraer los emprendedores para procesos de entrenamiento. "Alcanzando un nivel de productividad mayor, el empresario que hasta entonces era la cola de la curva, que estaba fuera del estándar del sector, preserva competencias ya adquiridas, preserva empleo, da consistencia y calidad para el sistema productivo de forma general ", afirma.

Para tener efecto práctico en la productividad del sector como un todo, sin embargo, ahora el programa necesita ganar escala. En la Secretaría Especial de Productividad, Empleo y Competitividad (SEpec) del Ministerio de Economía, la directriz es preparar el programa para que en los próximos cuatro años consiga alcanzar 100 mil contactos y hasta 300 mil empresas.

Otra iniciativa de ABDI es el formato de Brasil Más Digital, que podrá convertirse en el brazo 4.0 de capacitación dentro de Brasil Más Productivo.

"Hoy la industria 4.0 representa sólo el 4% del total de la industria brasileña. Entendemos que la mayor parte del sector todavía tiene preocupaciones muy diferentes en su proceso productivo, pero es necesario hacerla conocer el concepto de escaneado para que pueda trazar su propio camino ", dice Guto Ferreira, presidente de la Agencia Brasileña de Desarrollo Industrial (ABDI). "El noventa y cinco por ciento de las industrias brasileñas son de pequeño y mediano porte, con hasta 200 empleados, y se sienten perdidas cuando oyen hablar de 4.0, Big Data, inteligencia artificial. Entonces nuestro foco fue, de forma ordenada, incorporar sensores en el proceso productivo, y llevar a la nube informaciones que el empresario puede gestionar desde su teléfono inteligente, como una introducción a ese mundo digital ", explica. "En breve validaremos la metodología, y veremos formas de financiar el programa.

¿Quién domina el PIB?
Caio Megale, secretario de Industria, Comercio, Servicios e Innovación de la Secretaría Especial de Productividad, afirma que la idea del gobierno es ampliar el programa no sólo en escala, sino incluir otros sectores, especialmente el de servicios. "Es un sector intensivo en mano de obra, para el cual la calificación de capital humano es crucial ", dice.

Por el Índice del FGV IBRE, la productividad por horas trabajadas el sector de servicios está en terreno negativo desde 2014, reduciendo gradualmente su caída del piso del 3,2% de contracción, al 0,6% en el último trimestre de 2018. Rafael Moreira, creador, junto al actual vicepresidente para el sector privado del CAF Jorge Arbache, del blog Economía de Servicios, y ex-investigador del Sebrae Nacional, recuerda que el mayor problema del sector de servicios es de composición, con cerca del 70% de la actividad concentrada en segmentos básicos, orientados al consumidor final, y apenas 10% en el nicho llamado de agregación de valor. "Hay una gran disparidad entre segmentos. Mientras que en intermediación financiera la productividad alcanza el 60% de la americana, en servicios domésticos, representa sólo el 10% ", compara. Esta característica, a su vez, también es reflejo de la industria que tenemos, resalta Moreira. "Una cosa que observamos en el histórico de los países hoy desarrollados es que la industria se va volviendo más compleja, pasa a demandar servicios más complejos, que exigen más conocimiento e innovación. Y estos, por su vez, también empiezan a ser más complejos y productivos, colaborando para la productividad de los otros sectores y segmentos dentro del marco sector de servicios ", describe.

En ausencia de esta industria sofisticada, uno de los atajos posibles para estimular la oferta de servicios de agregación de valor, afirma, es la ampliación de las exportaciones, una vez que el sector se ha vuelto cada vez más “comercializable”, gracias a la evolución de las plataformas digitales que permiten contratación de trabajos que van desde diseño a diagnósticos médicos sin pensar en las fronteras. "Es una amenaza, pero también una oportunidad, porque la competencia suele ser beneficiosa para el aumento de la productividad, y Brasil ya tiene segmentos de punta que pueden exportar más, principalmente para América Latina”, dice el economista, citando el caso de Uruguay, que ya desarrolla una agenda de exportación de servicios.

Moreira refuerza la importancia de inversión en educación y capacitación. Veloso, del IBRE, se suma al coro. En una entrevista a Conjuntura Económica en marzo de 2018, el investigador ya resaltaba la importancia de que las reformas en la educación y en el ambiente de negocios deben caminar juntas. "Hoy la agenda de la educación está totalmente desconectada de la agenda de reformas ambiente de negocios. Identificado este tema en la agenda del Ministerio de Economía, lo que es meritorio, pero en el Ministerio de Educación, que es el responsable de avanzar en la reforma del enseñanza media, en la aplicación del currículo de la enseñanza fundamental, “no vemos avances", alerta.

Un frente al que Moreira apunta como positivo en cuanto a sus efectos sobre la productividad es la flexibilización de la tercerización, "una vez que los procesos productivos están cada vez menos descentralizados, permitiendo una especialización en procesos dentro de una cadena ", dice. También se dice optimista con la reforma con una serie de salvedades. "En el caso del contrato intermitente, si por un lado permite ajustar el nivel número de trabajadores a la demanda, especialmente en sectores con alta estacionalidad como el alimento y el hotelero, por otro podemos agravar un problema que intentábamos mitigar, que es el del bajo nivel de aprendizaje en el trabajo, debido a la alta rotatividad", afirma. Bruno Ottoni, investigador asociado del Instituto FGV IBRE, considera que el contrato intermitente puede ser importante para una mejor inserción en el mercado de trabajo de mujeres, que a menudo tienen que conciliar otras tareas como la crianza de sus hijos.

Aún en el campo de la mejora del ambiente de negocios, Moreira cita modificaciones positivas en el mercado de crédito, como la reforma del Registro Positivo y el avance en open banca, además de la Medida Provisional de la Libertad Económica, que entre otras iniciativas libera empresas de bajo riesgo de la presentación de licencias y permisos para el funcionamiento, además de dar más libertad para definición de precios y de horario de atención, que pueden actuar favorablemente para una mejor eficiencia de los pequeños y medianos negocios.

Frente a diversas modificaciones recientes, y las demás que están por venir dentro de la agenda liberal presentada por el gobierno, tanto Moreira como Veloso refuerzan la importancia con que la productividad gana frecuencia en los debates. "Si no miramos para la productividad del sector que representa tres cuartas partes de la economía, nunca "saldremos de esa etapa de desarrollo", dice. Para Veloso, el desafío de medir el impacto de cada medida en la productividad agregada en un escenario dinámico, se suma a la preocupación de que, tal como México, que ha logrado avanzar mucho más en su agenda liberal, Brasil no vea sus expectativas naufragar por la falta de ajustes de base. "En México, uno de los problemas es alto grado de informalidad y de arreglos que no estimulan a las empresas a crecer. “Y podemos sufrir del mismo mal", dice, recordando que en Brasil, una empresa informal es cuatro veces menos productiva que una formal. Y que la caída de productividad en el período recesivo fue dos veces mayor debido al aumento de la informalidad en dicha etapa.

Un reto en esta dirección será el tratamiento a ser dado dentro de la reforma tributaria para un segmento de empresas de mayor porte. En un ejercicio reciente, Braulio Borges señala que el actual diseño del régimen diferenciado para pequeñas y microempresas brasileñas (Simple y MEI), que suma una renuncia fiscal del 1,2% del PIB, representa un impacto del 13% en la productividad agregada de la economía. Para llegar a ese porcentaje, Borges calculó el gasto tributario del Simple y del MEI como proporción del PIB de comercio y servicios, sectores donde la incidencia de estos regímenes es más alto. "Al simular que ese gasto se restablece por algunos años, el modelo apunta a una productividad un 13% mayor, además de un aumento de 15% en el PIB potencial ", dice. Lo que no significa, resalta el economista, que el fin del régimen resultaría en ganancias fiscales y de actividad en esa exacta magnitud. "Sabemos que algunas empresas no resistirían y irían a la informalidad, o acabarían impactando el resultado desde el punto de vista de recaudación, dice.
Moreira reconoce que se ha logrado mejorar el sistema al sustituir "escaleras por rampas" en la migración entre los niveles de tributación dentro del Simple, pero que falta mejorar la transición entre regímenes.

Tanto Borges y Veloso también defienden que la reforma tributaria no puede prescindir de tratar el sistema definido como Simple, en busca de ecualizar exoneraciones. "No se trata de acabar con el sistema, incluso porque la Constitución determina que las pequeñas y medianas empresas tengan trato diferenciado ", dice Veloso. "Lo mejor que el Simple puede traer a este debate es el ejemplo de la importancia de la simplificación, que es la gran ganancia frente a la complejidad de nuestro sistema ", dice Braulio, resaltando el mérito del actual gobierno de incluir en el debate la reducción de la fiscalidad en el mercado laboral. "En un documento reciente More work to do? Taking stock of Latin American labor markets, el FMI refuerza que dicha imposición y la complejidad tributaria ayudan a explicar diferentes tasas de informalidad en América Latina ", cita, resaltando que el tema está en la mesa, y no cabe desperdiciarlo.

(*) Editora de la revista Conjuntura Econômica, Instituto Brasileiro de Economia IBRE/FGV (Fundación Getúlio Vargas)

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