Desde Pelé, cada generación brasileña encontró un futbolista destinado a cargar con una herencia enorme. Zico, Romário, Ronaldo, Ronaldinho, Neymar, todos fueron, en algún momento, promesas capaces de encender la imaginación de un país. Hoy ese lugar parece pertenecer a Vinícius José Paixão de Oliveira Júnior.
Vini Jr, el camisa 7 de la canarinha, nació el 12 de julio de 2000 en Porto do Rosa, barrio humilde de São Gonçalo, un municipio de más de un millón de habitantes en el estado de Río de Janeiro, más conocido por sus problemas sociales que por producir estrellas del deporte.
Creció en una casa pequeña, rodeado por sus tres hermanos, sus padres y su abuela materna. Fue ella, Nilza, quien terminó ocupando un lugar fundamental en su vida. “Era un niño avergonzado. Lo suyo era la pelota”, recordaría, décadas después, en una entrevista televisiva que terminaría quebrando a su nieto frente a las cámaras.
Como tantos niños brasileños, empezó jugando al futsal. Ahí aprendió a resolver espacios mínimos a máxima velocidad. A los 10 llegó a las inferiores del Flamengo, con entrenamientos que quedaban lejos de su casa y años de viajes para poder cumplir su sueño. Pero en el club entendieron rápido que tenían enfrente algo excepcional.
Debutó profesionalmente en 2017, con apenas 16 años. Ni siquiera había terminado de asentarse cuando el Real Madrid pagó cerca de 45 millones de euros por un adolescente que todavía no podía emigrar por ser menor de edad. Una cifra descomunal para esa edad. Europa, sin embargo, estuvo lejos de ser el cuento perfecto.
Durante sus primeros años en Madrid fue blanco de burlas permanentes: se cuestionaba su definición, sus decisiones, hasta su inteligencia futbolística. En redes circulaban compilados con errores en campo. Para muchos era apenas un atleta extraordinario incapaz de terminar las jugadas.
La transformación llegó despacio, a fuerza de trabajo obsesivo. Aquella versión vertiginosa pero desordenada dio paso a uno de los atacantes más determinantes de la actualidad: decisivo en dos títulos de la Champions League, autor de gol en dos finales. Fue de promesa a figura indiscutida del equipo blanco.
Pero mientras crecía como futbolista, libraba otra batalla, mucho más dura.
La lucha que no eligió
Ningún jugador de la élite europea sufrió tantos episodios reiterados de discriminación racial como Vinícius en los últimos años. Insultos desde las tribunas, cánticos, un muñeco colgado de un puente simulando su figura. La Liga acumuló decenas de denuncias vinculadas a ataques contra él.
Durante mucho tiempo le pidieron que ignorara. En 2022, tras una nueva ola de críticas racistas disfrazadas de cuestionamientos a sus festejos, respondió con un mensaje que se volvió su declaración de principios.
“Hace semanas que empezaron a criminalizar mis bailes. Bailes que no son míos. Son de Ronaldinho, Neymar, Paquetá, Griezmann, Joao Félix, Matheus Cunha… son de artistas de funk y sambistas brasileños, de cantantes de reggaeton, y de los negros americanos. Son danzas para celebrar la diversidad cultural del mundo. Acéptenlo, respétenlo. Yo no voy a parar”, dijo.
En marzo de 2024, en una conferencia de prensa de la selección brasileña, se quebró en llanto al hablar del tema. “Si fuera solo por mí o mi familia, ya habría renunciado a todo por lo que he estado luchando”, dijo entre lágrimas, y agregó que seguía adelante pensando en su hermano menor -Bernardo, más conocido como Netinho, quien también apuesta al fútbol profesional- para que “no pase por lo que yo estoy pasando hoy”. Meses más tarde, en una entrevista con L’Équipe, fue más categórico: “Esto no va a parar de inmediato y no dejaré de luchar”.
Esa lucha tuvo, además, una victoria judicial histórica. En 2024 un tribunal de Valencia condenó a prisión a tres hombres por los insultos racistas que le dirigieron en Mestalla en 2023, la primera condena penal de este tipo en España. Vinícius lo celebró con una frase que resume su postura: “No soy una víctima del racismo. Soy verdugo de racistas. Esta primera condena (...) no es para mí. Es para todos los negros”.
Ese activismo trascendió lo simbólico. A través del Instituto Vini Jr., que impulsa soluciones pedagógicas y de conectividad para escuelas públicas en las favelas donde él mismo se crió, fue distinguido en 2023 con el Premio Sócrates, que reconoce el compromiso social de los futbolistas.
Sin embargo, esa misma exposición alimentó, un año después, una de las grandes controversias de su carrera.
En 2024 todo indicaba que sería el ganador del Balón de Oro. Había sido determinante en la temporada del Real Madrid, campeón de Champions y de Liga, y aparecía como favorito en casi todas las proyecciones.
El premio terminó en manos de Rodri Hernández. El Real Madrid completo decidió no asistir a la ceremonia, y desde el entorno del brasileño se instaló la sospecha de que su postura pública contra el racismo había incomodado a buena parte del establishment del fútbol europeo. Vinícius no esperó ni a llegar a un micrófono: minutos después del anuncio, escribió en portugués, en X: “Lo haré diez veces más si es necesario. No están preparados”.
Lejos de apagarlo, aquella derrota pareció fortalecerlo. Hoy, en vísperas de cumplir 26 años, llega al Mundial como el líder ofensivo de una selección brasileña que intenta recuperar el protagonismo perdido en más de dos décadas. Bajo la conducción de Carlo Ancelotti, Brasil encontró en él al futbolista capaz de desequilibrar partidos por sí solo.
Marcó en los tres partidos de la fase de grupos —ante Marruecos, Haití y un doblete frente a Escocia— para cerrar la ronda con cuatro goles, una racha que lo puso a la altura de Romário, Ronaldo, Rivaldo y Jairzinho como los únicos brasileños en anotar en cada uno de los tres primeros partidos de un Mundial. Brasil terminó primero en el Grupo C sin encajar goles tras el debut.
En dieciseisavos de final, ante Japón, el camino no fue tan lineal: Brasil llegó a ir abajo en el marcador, empató por medio de Casemiro y necesitó un gol de Gabriel Martinelli en el minuto 95 para sellar una clasificación sufrida hasta el final, con Vinícius insistiendo una y otra vez sin poder marcar en esa noche particular.
Dos días antes de ese partido, sin embargo, dejó una de las imágenes más emotivas del torneo. En una entrevista televisiva, lo sorprendieron con un video grabado por su abuela Nilza, que volvió a recordar a aquel niño tímido que dormía a su lado en São Gonçalo. Vinícius no pudo contener el llanto. "Es una persona que marcó mi vida", dijo, con la voz quebrada, "y siempre que puedo estoy a su lado y aprovecho cada momento, porque sé que en algún momento las personas tienen que partir". Habló de su familia, de los sacrificios que hicieron para que él pudiera cumplir su sueño, y cerró con una frase que podría resumir, mejor que cualquier estadística, todo lo que costó llegar hasta ahí: "Verla feliz no tiene precio". Una escena que recordó que, detrás de la figura mundial, todavía está aquel niño que soñaba con llegar lejos.
-
Goles, marcas, "likes" y millones: el imperio de negocios del brasileño Vinicius, el crack del Real Madrid
"Los racistas son cobardes": el descargo de Vinícius Junior tras la polémica con Prestianni, que negó el hecho
Vinicius Jr. invitó a Davo Xeneize y lo sorprendió con un regalo y un tremendo destaque para Fede Valverde