En Uruguay, las estafas digitales dejaron de ser un problema aislado para convertirse en una verdadera epidemia. Entre 2013 y 2024, las denuncias crecieron más de 2.000%. Solo en 2024, unas 175.000 personas perdieron dinero por fraudes online. Los mensajes llegan por WhatsApp, SMS, correo electrónico o redes sociales, y casi siempre usan el mismo combustible: el miedo, la urgencia o la ilusión de una oportunidad única.
En ese escenario nació Fraude UY, un proyecto ciudadano uruguayo que busca ofrecer algo tan simple como escaso: una herramienta para detenerse antes de hacer clic.
El sitio funciona como un verificador gratuito de posibles fraudes digitales. En apenas tres segundos, y sin necesidad de registro, cualquier persona puede copiar un mensaje sospechoso, pegar un link, subir una captura de pantalla o consultar una publicidad dudosa para obtener un diagnóstico. El sistema responde como un semáforo: rojo si detecta señales claras de fraude, amarillo si existen dudas o falta información suficiente, y verde cuando no encuentra indicadores de riesgo.
Detrás de la iniciativa no está el Estado ni un banco privado (que además de tener verdaderos dolores de cabeza por esto, invierten millones para combatirlo). Tampoco una firma internacional de ciberseguridad. El impulsor es Gabriel Guerrero, sonidista audiovisual de profesión, alguien que llegó al mundo de las estafas digitales casi por accidente.
“Trabajo como sonidista audiovisual hace 15 años. No tengo nada que ver con las estafas en principio”, dice a Domingo. Pero en su vida cotidiana el tema aparecía una y otra vez. Su compañera trabaja en el área de fraudes de una tarjeta de crédito y las historias se repetían en conversaciones familiares, cenas y sobremesas. “Siempre un cuento, alguna anécdota. Y me doy cuenta que no hay herramientas donde uno pueda recurrir para prevenir el fraude”, señala.
Experiencias cercanas
La inquietud se transformó en necesidad después de vivir una experiencia personal. Gabriel recibió uno de aquellos correos falsos que simulaban provenir del Correo Uruguayo y anunciaban un paquete pendiente de entrega. “Pensé que podía ser algo para mí. Igual me quedaba la duda”, relata. En aquel momento recurrió a Twitter para comprobar si alguien más había recibido el mismo mensaje. Otros usuarios ya alertaban sobre la maniobra y eso evitó que fuera una víctima más. “Podría haber caído perfectamente”, admite.
Esa sensación quedó dando vueltas. Hasta que apareció un caso que terminó de empujarlo a crear la plataforma. Fue la falsa venta de acciones de UTE, una estafa que utilizaba noticias reales, logos oficiales y publicidades cuidadosamente diseñadas para parecer auténticas. “Te mandaban una publicidad falsa. Mirabas la interfaz y parecía todo real. Sin embargo, accedías al link y ya te pedía datos bancarios”, recuerda.
Un familiar le consultó si aquella propuesta era verdadera. Gabriel buscó herramientas para verificarla y descubrió que no existía nada similar en Uruguay. Entonces empezó a experimentar con inteligencia artificial. “Me puse a hablar con Claude, una IA, a ver si había algo que pudiéramos hacer”, relata. Así comenzó el desarrollo de Fraude UY.
Para todas las generaciones
La plataforma fue diseñada especialmente pensando en las personas más vulnerables frente a la tecnología, sobre todo adultos mayores. Sin embargo, Gabriel insiste en que las estafas ya no distinguen generaciones.
“Entendemos que los adultos mayores son parte del target de los estafadores, pero las estafas están hechas para todo el mundo”, sostiene. Y pone un ejemplo concreto: tarjetas prepagas que muchos padres entregan a sus hijos adolescentes creyendo que son seguras porque tienen poco saldo disponible. “La gente piensa: ‘Si no tengo fondos en la tarjeta, no me pueden sacar plata’. Pero esas tarjetas permiten sacar préstamos. Si logran acceder a tus datos, en dos horas te pueden generar $ 150.000 de deuda”.
Para Guerrero, uno de los principales problemas es que la mayoría de las víctimas sigue imaginando las estafas como mensajes torpes y mal redactados enviados al azar. La realidad, asegura, es mucho más sofisticada.
“Las estafas tienen guion. Hay ingeniería social. Ellos estudian a quién van a atacar”, explica.
La presión psicológica es otro de los elementos centrales. “La clave de las estafas es el tiempo que ellos te dan para actuar”, afirma. Por eso, Fraude UY identifica rápidamente mensajes que apuran al usuario con frases como “tenés 24 horas”, “último aviso” o “acción inmediata”.
Consejos básicos
En la propia página web aparecen consejos básicos para detectar engaños: desconfiar de premios inesperados, revisar cuidadosamente los links y recordar que ningún banco solicita claves o tokens por mensaje.
El servicio también orienta a quienes ya compartieron información sensible. El sistema pregunta qué datos fueron entregados -contraseñas, tarjetas, cédula, transferencias- y brinda recomendaciones específicas sobre los pasos a seguir.
Uno de los puntos que Gabriel enfatiza con más fuerza es la privacidad. Fraude UY no almacena capturas, mensajes ni links enviados por los usuarios. Todo se procesa y luego se elimina. “Queremos aclararle a la gente que en la web están todos sus datos protegidos”, asegura. Y añade: “La IA procesa la información y la descarta inmediatamente después”.
Lo único que conservan son los enlaces o correos identificados como fraudulentos, con el objetivo de generar alertas colectivas y eventualmente facilitar denuncias. Porque, según explica, muchas páginas falsas siguen activas simplemente porque nadie las reporta. “Estamos tratando de generar una red de confianza entre todos”, remata.