Un mosaico de nuevas voces en la murga: la iniciativa que forma y abre lugar a mujeres en el carnaval uruguayo

Murga LA, el proyecto creado por Florencia Núñez, combina formación integral y una apuesta por visibilizar a mujeres en el género carnavalero. Va por su segunda edición, con inscripciones abiertas durante todo el mes.

Murga LA
Murga LA, el proyecto creado para formar a mujeres y disidencias en la murga.
Foto: Uppercut Audiovisual

Nacida a comienzos del siglo XX, con influencias de las comparsas gaditanas que llegaron al Río de la Plata, la murga fue tomando en Montevideo un carácter propio y, con el tiempo, se convirtió en termómetro político y espejo social. Durante la dictadura, sus metáforas y dobles sentidos fueron refugio y resistencia; en democracia, consolidó su lugar como crónica cantada del año. Hoy, en el universo del carnaval uruguayo, es mucho más que un género artístico, es también una forma de narrar el país. Un coro que comenta la actualidad, ironiza, denuncia y abraza.

En el Carnaval 2026, las mujeres representan el 15% del total de murguistas (49 de 327 integrantes), el porcentaje más alto de los últimos cinco años, aunque ningún conjunto alcanza la paridad.

En este territorio históricamente marcado por voces masculinas en los espacios de dirección y autoría, la cantante y compositora uruguaya Florencia Núñez —integrante de Kumbiaracha y Murga a la Mesa— decidió abrir una grieta luminosa. Esa decisión tomó forma en Murga La, un proyecto de formación integral con perspectiva de género que acaba de lanzar su segunda edición (ver abajo).

La cantante e instrumentista habla de la murga como quien habla de una casa a la que volvió muchas veces. A los 11 años ya cantaba en escenarios con distintas bandas, pero fue en la murga donde encontró un territorio de expansión. Empezó a salir a los 16, en San Carlos, “una ciudad muy carnavalera”, recuerda. Cuando se mudó a Montevideo y conoció el movimiento de murga joven, algo cambió. “Ahí me paré distinto frente a la murga. Me fanatizó”, dice en charla con Domingo.

Lo que más la atrapó no fue el foco individual sino el entramado, los arreglos, el sonido colectivo. Esa fascinación la llevó a estudiar dirección coral, porque para ella no se trataba unicamente de sacar la voz, sino de construir el espacio donde otros pudieran sentirse a gusto para hacerlo. “No es solo marcar entradas. Es generar un espacio donde las personas se sientan cómodas cantando”, anota.

Habla también de tonos, de respiraciones compartidas, de ese instante en que un grupo se escucha a sí mismo, se reconoce y se sorprende. Cuando eso ocurre, sucede algo más profundo: una especie de proceso político y poético a la vez. “Muchas veces me pasó que alguien llegara diciendo ‘yo no sé cantar’ y que se fuera del taller cantando feliz. Ese proceso, para mí, es transformador”, sostiene.

Un mosaico de voces

Murga La nació de una acumulación de experiencias personales. Durante años, Florencia ocupó espacios donde la mayoría de los roles de dirección, arreglos y decisión artística estaban en manos de varones. No siempre se sintió cómoda. Tampoco encontraba demasiados ámbitos en los que mujeres con herramientas técnicas pudieran estar al frente, enseñando y tomando decisiones.

El proyecto surgió, entonces, con la intención clara de visibilizar a mujeres y disidencias con experiencia en los distintos rubros de la murga, para que fueran talleristas, referentes y formadoras. Sin embargo, aclara, no es un espacio exclusivo: está abierto a todas las personas, aunque con una perspectiva definida. “Creo profundamente que para abrirse y cantar —algo tan vulnerable— es fundamental sentirse cómoda. Y, en mi experiencia, muchas veces ese nivel de comodidad se logra en espacios cuidados por otras mujeres y compañeras”, comenta.

En la primera edición, realizada en 2025, esa idea tomó forma concreta. Hubo talleres de ensayo vocal, escritura, puesta en escena, maquillaje, vestuario y batería. Es decir, la murga entendida como un todo: dramaturgia, estética, percusión y cuerpo arriba del escenario.

También se realizaron dos conversatorios: uno sobre la historia de las mujeres en el carnaval y otro sobre quién escribe cuando se habla desde una perspectiva de género. Participaron mujeres de entre 20 y 38 años, con y sin experiencia previa.

Las talleristas fueron Jhoanna Duarte, Jimena Márquez, Luz Viera, Laura Ganz, Lucía Hazi, Majo Hernández, Soledad Castro, Lucía Márquez y Carolina Fontana. “Un mosaico”, dice Florencia, y la palabra no es casual, la identidad visual del proyecto también trabaja esa metáfora. Muchas trayectorias, muchas experiencias, piezas distintas que se unen para construir una imagen mayor.

La muestra final fue un momento de reconocimiento mutuo. Participantes y talleristas celebraron el proceso construido en conjunto. Más que una validación externa, fue una confirmación íntima, nacida desde adentro.

“Fue muy fuerte ver cómo el grupo se consolidó. Se armó un colectivo muy unido que pudo construir y decir desde el grupo lo que tenía ganas de decir. Volvió a pasar eso que para mí es central: muchas participantes que no confiaban en su voz terminaron cantando con seguridad. La comunidad que buscamos generar estuvo realmente presente y eso fue uno de los mayores logros”, afirma la idealizadora de la iniciativa.

Murga LA
El proyecto brinda formación desde la parte vocal, hasta escritura, puesta en escena, maquillaje, vestuario y batería de murga.
Foto: Uppercut Audiovisual

Cantar para transformar

Con las inscripciones para la segunda edición ya abiertas —y disponibles durante todo marzo—, Florencia imagina la expansión del proyecto: nuevos formatos, talleres específicos, propuestas en otros barrios e incluso fuera de Montevideo. También sueña con una plataforma digital que reúna los perfiles de todas las talleristas que han sido parte, para visibilizar su trabajo y tejer redes. “Si no todas pueden integrarse cada año al formato anual, al menos que su experiencia y su material circulen”, apunta.

La transformación que propone Murga La tiene varias capas. La confianza en la propia voz es la más visible, pero no la única. Está el aprendizaje técnico, la experiencia de cantar en colectivo, el encuentro entre generaciones y géneros y la posibilidad de construir discurso desde miradas diversas.

Murga LA
Florencia Núñez es la creadora de la iniciativa.
Foto: Uppercut Audiovisual

En un país donde la murga es parte tan fundamental del escenario cultural, abrir la escena a otras voces implica también ampliar la narrativa. “Si queremos nuevas formas de decir, es necesario que haya otras voces ocupando los espacios de creación y formación”, sostiene Florencia.

Al final, todo vuelve al coro. A ese instante en que las voces se mezclan y todas son necesarias. Cantar en colectivo —dice— es una belleza. Y cuando ese canto ocurre en un espacio cuidado, diverso y consciente, su potencia es enorme. Por eso, quizás lo más potente no sea la muestra final ni la lista de talleres, sino ese momento íntimo en el que alguien se anima a sostener la voz. Ahí, en esa pequeña conquista, empieza algo más grande. Algo como una red que se arma, una confianza que crece, una escena que se ensancha.

Florencia sabe, por experiencia propia, que cuando las voces se encuentran y se escuchan de verdad, el sonido cambia. Y cuando cambia el sonido, también se transforma la manera de decir.

En ese movimiento paciente, colectivo y consciente, se está escribiendo otra historia para el carnaval. Una historia con más matices, más nombres y más voces ocupando el centro del escenario.

Talleres y un grupo más diverso en 2026

La nueva edición de Murga La profundiza la experiencia iniciada el año pasado. El desafío, dice Florencia, es sostener el carácter de espacio cuidado. “Hay varias novedades. Por un lado, es la primera edición donde se suman masculinidades. A partir de una estrategia distinta de convocatoria se inscribieron algunos varones. Eso también es un desafío interesante y una oportunidad para seguir construyendo espacios respetuosos y diversos”, comenta. En lo pedagógico, la principal decisión fue priorizar el ensamble vocal. Tras la experiencia anterior —con múltiples talleres simultáneos—, este año se reducen los rubros para dedicar más tiempo al canto colectivo, núcleo del proyecto. Florencia coordinará el ensamble, acompañada por Jhoanna Duarte en técnica vocal. En el área de textos trabajarán Sofía Zanolli y Majo Hernández, con enfoques complementarios. Sofia “Chapi” Farías estará al frente de la batería y Andrés Alba ofrecerá un conversatorio sobre la expansión de la murga en Latinoamérica.

Otra novedad central es la creación de un espacio de cuidado para niñas y niños durante los talleres, una medida concreta para facilitar la participación de madres y familias. Habrá, además, una evaluación a mitad de año para que el propio grupo defina cómo continuar el segundo semestre. La apuesta es construir un discurso colectivo desde la diversidad generacional y de género, con más tiempo para escucharse y sonar en conjunto.

Murga LA
La edición 2025 reunió a mujeres de 20 y 38 años con distintas trayectorias.
Foto: Uppercut Audiovisual

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