LUIS PRATS
Cada tanto, Felipe González abandona su dorado retiro y realiza declaraciones sobre temas políticos, concede alguna entrevista o dicta una conferencia para el Círculo de Montevideo. Su penúltima aparición fue hace dos semanas, para decir: "No me he casado, pero el día que lo haga no lo ocultaré".
Las versiones periodísticas andaban cerca, porque el expresidente del gobierno español se casó con Mar García Vaquero el 3 de agosto, en medio de una gran discreción.
La historia de este matrimonio reserva algunas líneas para Uruguay, porque se supo que González estaba en pareja con una mujer menor que él cuando fueron fotografiados en el aeropuerto de Punta del Este a fines de 2008. El descubrimiento encerraba bastante de sorpresa, porque él todavía se encontraba oficialmente casado con Carmen Romero, su esposa durante casi cuatro décadas.
De cualquier manera, la noticia no alcanzaba a ser un hallazgo de atrevidos paparazzi ni insumo de los fabricantes de chismes, porque pronto se supo que González y Romero hacía mucho que estaban en proceso de divorcio. Si había alguna duda, tres meses después Romero -hoy eurodiputada socialista- declaró a Vanity Fair: "Felipe y yo nos quitamos las alianzas hace 20 años".
AQUEL FELIPILLO. González ya no es Felipillo, aquel joven impetuoso que protagonizó en primera fila la transición española a la democracia, el político muy a la onda con pelo largo y sacos sport de pana o el líder que llevó al Partido Socialista Obrero Español a enterrar bajo mil losas el legado del franquismo, cuando en 1982 llegó al poder con mayoría absoluta.
Ahora es un dirigente retirado de 70 años, al cual el tiempo blanqueó, más que las sienes, todo lo que queda de aquella cabellera que supo ser frondosa. Escribe artículos, asesora a empresas, dicta conferencias bien pagadas y rompe el silencio cuando él decide hacerlo. Por ejemplo, hace pocos días criticó a las comunidades de Madrid y Cataluña por lanzarse sin disimulo tras los dólares de una compañía de entretenimiento con base en Las Vegas, con lo cual a su juicio corrían el riesgo de convertirse en un "puticlub". También salió a reclamarle al actual presidente español, Mario Rajoy, "un gran acuerdo nacional" para salir de la crisis que angustia a todos los españoles, en vez de apelar a drásticos recortes que duelen más por un lado que por otro.
Los dos Felipe González se parecen en el velo de reserva que saben correr sobre su vida privada. En sus 13 años como presidente del gobierno, muy pocas veces se lo pudo fotografiar con Carmen Romero y sus tres hijos, debido al temor de que la sobreexposición pudiera afectar sobre todo a estos tres, todavía niños.
Pocos se enteraron del deterioro de su matrimonio. Y el público supo de su nueva relación con García Vaquero recién cuando los vieron juntos en Punta del Este. Un tiempo antes, una cronista de sociales había comentado: "Un famoso político está a punto de divorciarse". Tanta era la discreción de González que algunos pensaron que se trataba de José María Aznar, su gran adversario político y su sucesor en el gobierno. Pero no, era el viejo Felipillo.
MAR. Mar García Vaquero tiene 50 años. Cuando conoció a González, era economista en el banco La Caixa, divorciada y madre de dos hijas. Las revistas del corazón publicaron las fotos de Punta del Este, pero no pudieron ir más lejos, ante la negativa de ambos de revelar detalles de la relación.
"Como es normal, de González todo el mundo tiene una idea de cómo es, pero su novia para la gran mayoría es una gran desconocida", escribió Beatriz Cortázar en las páginas sociales del diario ABC. "Sus cercanos aseguran que es una mujer muy sensata, seria y responsable, que nunca quiere figurar en nada por lo que esta popularidad le creará cierta tensión y que es independiente económicamente hablando, puesto que trabaja en la banca y sabe ganarse la vida perfectamente. Vamos, que ni se trata de la típica jovencita con la que suelen acabar muchos hombres poderosos que peinan canas y creen que siguen irresistibles y encima les hacen padres cuando la naturaleza les recuerda constantemente que son abuelos".
La definitiva presentación en sociedad del noviazgo tuvo el estilo de Felipe González. En abril de 2011, para el lanzamiento de su libro ¿Aún podemos entendernos?, una serie de diálogos con el constitucionalista Miquel Roca sobre el futuro de la relación con Cataluña, escrito por el periodista Lluís Bassets, González hizo reservar una silla en el salón del hotel Palace madrileño con el nombre de su novia en primera fila, de modo de tenerla muy cerca de la mesa. Fue una manera de decir: "Señoras y señores, ella es mi novia Mar", "Mar, aquí está el público, tendrás que acostumbrarte a ello". Y nada más.
AQUEL EJEMPLO. A fines de la década de 1970, cuando España recobraba la libertad tras 40 años de franquismo, Felipe González era uno de los ejemplos que pretendían imitar los uruguayos, enfrascados en su propia lucha por la democracia. Para algunos, Felipillo era la demostración de que "socialismo" no era una mala palabra, como insistía la dictadura; para otros, era la demostración de cómo la izquierda podía adaptarse a los tiempos, abandonando los postulados marxistas y el radicalismo.
Los símbolos y eslóganes del PSOE, empezando por aquel legendario "Por el cambio", fueron muy copiados. Todo estaba rodeado por el aura de romanticismo que encierran los combates contra el autoritarismo, más cuando se los mira a la distancia y hacia el pasado.
En 1982 el PSOE ganó las elecciones con mayoría absoluta y González, con 40 años, se convirtió en presidente del gobierno español. Y lo fue durante más de 13 años. En ese período, España alcanzó un gran desarrollo económico y celebró a lo grande los 500 años del descubrimiento de América con los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla. Felipillo pasó a ser el presidente González, un estadista de estatura internacional.
Sin embargo, tuvo que dejar de lado viejos principios, como el rechazo a la OTAN, y enfrentar acusaciones de corrupción en su partido, así como informes sobre prácticas de terrorismo de Estado en el enfrentamiento con la ETA. Así fue que un Felipe desgastado, controvertido, con las sienes ya teñidas de blanco, debió resignar el gobierno ante Aznar en las elecciones de 1996.
Tras dejar el poder, rechazó el título nobiliario que le ofreció el rey Juan Carlos, como lo había hecho antes con sus predecesores en el cargo. Un representante de un partido socialista y obrero no podía aceptar convertirse en duque, razonó al declinar la propuesta.
En 2000 fue electo para su último período como diputado; según la prensa, le decían "Felipe el ausente" porque concurrió a muy pocas sesiones. Dejó la banca en 2004. Empezaron entonces las asesorías, las conferencias, los informes de "sabios", nada románticos como lo era lucha contra una dictadura. Incluso en el nuevo matrimonio, el romanticismo quedó puertas adentro.
A TRAVÉS DE LOS AÑOS
Tres momentos clave en la vida de Felipe González
El joven, pelilargo y audaz diputado socialista en la naciente democracia española, allá por 1977 (arriba), se convirtió en el candidato "por el cambio", que lo llevó al poder en 1982 (centro). Mucho tiempo después, ya canoso, de lentes y alejado del centro de las luchas políticas, Felipe González llegó a Punta del Este a fines de 2008 con nueva pareja. La foto con Mar García Vaquero en el aeropuerto del balneario uruguayo (abajo) hizo público un romance que sólo conocían los amigos más cercanos. En 2012 hubo finalmente boda.
HOY ES UNO DE LOS "SABIOS" EUROPEOS
En 2007, la Unión Europea creó el "Grupo de Reflexión sobre el futuro de Europa", un grupo de doce expertos -muchos lo llamaron "el consejo de sabios"- para analizar los desafíos de la integración europea a largo plazo.
Felipe González fue designado su presidente. Otros miembros notables son Mario Monti, actual primer ministro de Italia, y Lech Walesa, exlíder del sindicato Solidaridad y expresidente de Polonia.
Casi tres años después, los "sabios" presentaron un informe en que alertaban que Europa debía reformarse si pretendía continuar con el proyecto político y de paz iniciado 60 años atrás.
El documento, denominado "Proyecto Europa 2030" y publicado antes que la crisis actual revelara toda su gravedad, señalaba que los europeos se encontraban en un "momento crítico" de la historia, lo cual requería movilizar a "todos los niveles de la sociedad" en un renovado "proyecto común", sin lugar para los nacionalismos.
Para lograrlo, decían los "sabios", se hacía necesario "un liderazgo claro y resuelto" con gran "capacidad de diálogo" con la ciudadanía.