Bruna Oliveira tenía apenas un violín y un escenario inmenso por delante. El pasado 10 de abril, en el Antel Arena, fue ella, sola, quien abrió el espectáculo de Laura Pausini. La escena fue tan inesperada como íntima: una música suave, original, compuesta por la propia intérprete, que preparó al público para un show de alto voltaje emocional. “La idea era empezar con algo tranquilo, sin pistas, solamente el violín, algo que la gente no se esperaba”, cuenta a Domingo.
Tiene 27 años, es violinista, socióloga y docente universitaria. Su vida se mueve entre dos mundos que, en su caso, no se contradicen sino que dialogan constantemente. “Siempre me interesó la parte social. Y creo que hay un vínculo entre lo artístico, la sensibilidad del arte, y el interés por los problemas sociales”, explica.
La música llegó primero. “Arranqué a tocar a los 5 años en el sistema de orquestas infantiles y juveniles. Siempre estuvo presente en mi vida”, recuerda. Su madre fue clave en ese recorrido: “Desde que estaba en la panza me hacía escuchar ‘Las cuatro estaciones de Vivaldi’”. Años más tarde, ese círculo se cerraría con un gesto cargado de emoción: “En un cumpleaños le dije ‘tengo un regalo para hacerte’ y le toqué ‘La Primavera’, que era su favorita”.
También en ese hogar sonaba, casi como una constante, la voz de Laura Pausini. “La escuchábamos con mi madre desde chiquita. A ella le gusta mucho el italiano, entonces aprendí el idioma así”, dice Oliveira. Por eso, abrir el show de la cantante italiana tuvo un significado especial, aunque no haya habido contacto directo. “No pude saludarla, me hubiera encantado. Pero sí me dijeron desde la productora que les gustó”, relata.
La oportunidad llegó de forma inesperada. Un viejo vínculo reapareció: el guitarrista Agustín Cristófalo, con quien había tocado hacía muchísimo tiempo en el Teatro Anglo, la convocó. Hoy, él forma parte de la productora que estuvo a cargo del espectáculo. “Hacía como 10 años que no lo veía. Fue una sorpresa que me llamara”, relata.
Pero la vida de Oliveira no se limita a los escenarios. En 2021 se recibió de socióloga y desde 2022 ejerce la docencia. Actualmente da clases en la Facultad de Medicina y en la Facultad de Ciencias Sociales. Y también de música para niños. “Soy docente por partida doble”, resume, entre risas.
Música desde la infancia
Su agenda profesional muestra un dinamismo constante que combina escenarios muy diversos. “El viernes, por ejemplo, tenemos un evento corporativo de una empresa”, comenta, aludiendo a una rutina donde puede pasar de una clase universitaria a una presentación en una bodega o una celebración privada. Ha trabajado con distintas firmas que buscan generar climas musicales en ocasiones especiales, lo que le permite sostener una carrera independiente dentro del circuito local. Esa versatilidad, lejos de fragmentarla, parece reforzar su identidad: una artista que se adapta a distintos públicos sin perder la impronta personal que, como en el Antel Arena, la lleva a apostar por composiciones propias.
Además de presentarse en bodas, cumpleaños, bodegas y eventos corporativos, Bruna Oliveira desarrolla una faceta pedagógica enfocada en la infancia. Se formó en el método Suzuki, una filosofía de enseñanza musical que entiende el aprendizaje como un proceso accesible para todos. “Parte de la idea de que todos los niños pueden crecer con el entorno adecuado. Es un trabajo entre las familias y el educador”, explica.
La propuesta rompe con ciertos mitos arraigados. “Existe esa idea de que para tocar violín tenés que tener un don especial. Y en realidad no es así. El talento se educa”, dice.
En este aspecto de su vida (el apoyo a los niños), juega un rol fundamental su propia historia. “De niña mi madre siempre me iba a buscar a la escuela de música, siempre estuvo presente”, rememora. Esa presencia, más que una tradición familiar -ya que no había otros músicos en la familia-, fue un proyecto compartido entre madre e hija que hoy Bruna valora enormemente.