Pitufo Lombardo con El País: "La murga tiene un potencial increíble y nos peleamos por un concurso"

Antes de su show "Instantáneas" el 7 de mayo en Sociedad Urbana, el músico, compositor y referente murguista, repasa su camino y cuestiona el ecosistema carnavalero: “Hay mucha estupidez en las redes y la prensa del carnaval, en un 99%, deseduca".

Pitufo Lombardo
Edú "Pitufo" Lombardo, en el estudio del Conservatorio Sur.
Foto: Estefania Leal

En una sala del Conservatorio Sur, todavía con el eco del ensayo flotando en el aire, Eduardo “Pitufo” Lombardo termina de trabajar en un nuevo proyecto. Es uno más en una lista que, a los 60 recién cumplidos, no deja de crecer. “No analizo mucho, pero me sentaron bárbaro”, dice en charla con Domingo sobre esa cifra redonda que, en su caso, parece más un punto de impulso que de balance.

Hay, en sus palabras, una sensación de equilibrio, de vínculos que se sostienen y un trabajo que sigue teniendo sentido. “Estoy haciendo lo que quiero hacer”, afirma uno de los directores de murga más influyentes del carnaval local y agudo cronista de la música popular uruguaya.

Señal clara de eso es que trabaja, sin apuro, en nuevas canciones. “Muy de a poquito”, dice. El próximo espectáculo funcionará, en parte, como un termómetro para este nuevo repertorio. Bajo el nombre Instantáneas, que presentará el 7 de mayo en Sociedad Urbana Villa Dolores, propone un recorrido por su discografía, mezclando temas conocidos con otros que hace años no interpreta, y relatos sobre estas canciones.

“Esas fotografías no van a estar solamente desde el lado musical, sino también del lado del cuento o de la anécdota, de cómo nació alguna canción, algunas historias que nunca conté”, adelanta. La puesta se completa con percusión y guitarra, para multiplicar capas sin perder intimidad.

En paralelo, hay otro escenario en el horizonte. En junio volverá a presentarse en el Teatro Solís con Celebrar. La murga en Filarmónica, un espectáculo que cruza el género carnavalero con el lenguaje orquestal y que ya tuvo cuatro funciones agotadas en setiembre. “Fue una experiencia muy linda. Realmente quedamos contentos y la gente se emocionó mucho con este espectáculo. Fue un gran aprendizaje; Martín es muy cálido, tiene mucha experiencia y mucho conocimiento de lo orquestal y de lo popular al mismo tiempo. Nos llevamos muy bien y tuvo la generosidad de dejarme dirigir un poquito la orquesta”, dice sobre Martín García, director de la Filarmónica.

Ese tránsito entre lenguajes dialoga con la capacidad de tender puentes, otro rasgo de su trayectoria. La reciente participación junto a Falta y Resto en Taracá, el último disco de Jorge Drexler, por ejemplo, vuelve visibles estos vínculos sostenidos en el tiempo. “Con él tengo una amistad de muchísimos años, le tengo mucho cariño porque se ha interesado mucho por lo que pasa en Uruguay”, comenta.

Su presente activo se sostiene, también, como continuidad de lo que vino en estos primeros meses del año. Febrero, para Lombardo, nunca es un mes más y este 2026 le tocó un carnaval intenso. En sus palabras “maravilloso”. De esos que no se miden solo en funciones —aunque hayan sido más de 120 tablados—, sino en la forma en que lo colectivo se reordena. El regreso de Falta y Resto, después de ocho años de ausencia, generó expectativa, pero también un reencuentro con una manera de trabajar. La recepción de la gente fue “bellísima”, dice. Y, hacia adentro, quedó una sensación de armonía que no siempre es fácil de sostener en procesos así.

Pitufo Lombardo
Pitufo Lombardo presentará "Instántaneas" el 7 de mayo en Sociedad Urbana Villa Dolores.
Foto: Estefania Leal

Desde ese recorrido, su mirada sobre el presente del carnaval combina entusiasmo y preocupación. Por un lado, destaca la renovación constante del género y pone el foco en las nuevas generaciones, que “traen ideas, estéticas y, sobre todo, miradas nuevas”.

Por otro, el entusiasmo convive con una postura crítica sobre el ecosistema que rodea al carnaval. “Hay mucha estupidez”, afirma sin rodeos. La ubica, sobre todo, en las redes sociales, donde “se dicen cosas sin conocer, cosas burdas”, pero también en cierta cobertura mediática. “La prensa del carnaval en un 99% no educa, deseduca”, sostiene. Cuestiona el uso de términos musicales incorrectos, las críticas superficiales y, en algunos casos, la falta de herramientas para analizar lo que se ve y se escucha.

También reflexiona sobre el lugar que ocupa el concurso dentro del género. “No digo que no tenga que existir, me parece una cosa folclórica, está buenísimo lo que sucede en el Teatro de Verano. Pero se pone demasiado el foco ahí y no nos damos cuenta de que el género tiene un potencial increíble y nos peleamos por un concurso. El género es de todos y de todas. Hay que mirarlo desde otro lugar”.

—¿Qué es lo que percibís o qué te llama más la atención en las nuevas generaciones de murgueros y murgueras?

El desparpajo. El no tener pelos en la lengua. Me parece que dicen las cosas aun sabiendo que pueden ser cuestionados o censurados, y eso está bueno. Hay mucha creatividad. Pero también siento que, en ese balance con las generaciones anteriores —las que plantaron la semilla—, hay elementos interesantes que se han ido perdiendo. A nivel rítmico, por ejemplo. Claro, eran otros contextos, otros tiempos, donde todo se vivía más lento, y eso se reflejaba en la música y en sus influencias. Entonces, así como valoro ese desparpajo y esa creatividad, creo que también estas generaciones pueden mirar un poco hacia la historia, hacia lo que pasó antes, porque eso también enriquece. Y lo mismo al revés: en mi generación, mirar a las que vienen. Ahí hay un crecimiento de ambos lados.

El género (murga) es de todos y de todas. Hay que mirarlo desde otro lugar.

—Pero también había una osadía en tu generación, ¿no?

Sí, claro, siempre la hubo. Por ejemplo, al principio las presentaciones no eran cantadas, eran más recitadas. Hasta que alguien dijo: “No, la presentación la vamos a hacer cantada”, y todos respondían que no, que así no. Pero bueno, se trataba de romper con los clichés. Y eso sigue pasando.

Yo tengo la sensación —no es algo exacto— de que cada diez años aparece algún grupo que rompe y genera un cambio: en la estética, en la armonía, en la forma de decir el texto o en la puesta en escena. Va mutando.

—¿Y el último quiebre dónde sentís que estuvo?

—Uf, qué pregunta… Es difícil señalar uno solo, porque a veces se juntan muchas cosas. Pero capaz que La Mojigata tuvo una vuelta de tuerca interesante. Igual, podría nombrar varias: La Soberana en los 70, la BCG, Falta y Resto, Contrafarsa, Agarrate Catalina, la propia Mojigata… Hay distintos momentos de quiebre a lo largo del tiempo.

—Está el carnaval del concurso y está el carnaval del barrio, el de la comunidad. ¿Sentís que de alguna manera se fueron alejando con el tiempo?

—El carnaval en el barrio sigue. Me parece que habría que poner más el foco ahí y no tanto en el concurso, que hoy está como muy “Broadway”.

—¿Y cómo recuperar esa territorialidad, ese encuentro?

—Creo que los contenidos son lo más importante, más que todo el glamour, lo que yo llamo la “brillantina”. Ahí los medios de comunicación tienen mucho que ver. Muchas veces la gente escucha y repite sin haber ido a ver. No lo digo por un caso personal, pasa en general: hablás con alguien en la calle y te dice “me dijeron que tal cosa está increíble”, y capaz que no es tan así. Después, claro, los gustos son personales, pero hay también un tema de educación.

—¿Y en términos más generales sentís que la murga sigue siendo un espacio de resistencia cultural?

—Por supuesto, cada vez más. Es importantísimo. Además, ves que hay murgas de adultos, de jóvenes, de adolescentes, de niños. Es muy potente. Es un lugar donde uno se puede manifestar, y eso es clave. Más allá de que en algunos momentos haya sido censurada —porque nunca se prohibió el carnaval en Uruguay, a diferencia de Argentina, pero sí hubo censura—, siempre hay gente a la que no le gusta lo que dice una murga. Pero cada grupo muestra su mirada, y eso es valioso. No es solo un espacio de resistencia: también es un género que habilita lo lúdico, el juego, la música, la creación, la pintura, el baile. Bien utilizado, es muy interesante para trabajar en escuelas y liceos. Estás trabajando con el lenguaje, con los colores, con la música, con lo colectivo. Es una herramienta riquísima para aprender a crear y a trabajar en conjunto.

Hay mucha creatividad. Pero también siento que, en ese balance con las generaciones anteriores —las que plantaron la semilla—, hay elementos interesantes que se han ido perdiendo.

La raíz murguera y el ser compositor

Cuando se le pregunta qué fue lo primero que lo atrapó de la murga, Lombardo recuerda su infancia y rescata imágenes más que conceptos: el golpe de los zapatos sobre el tablado, los sombreros a lo lejos, la batería que llegaba en camión. La memoria se organiza en sensaciones, en colores y en sonoridades que, con el tiempo, se volvieron oficio. “Voy al carnaval desde los 5 años; mis padres me llevaban. El colorido y el sonido siempre me llamaban la atención”, rescata.

Sus primeros pasos fueron en la murga infantil El Firulete, antecesora de lo que sería Contrafarsa a partir de 1987; y a los 21 años asumió un rol central al dirigir Falta y Resto. Ese camino inicial, marcado por la práctica constante y el trabajo colectivo, fue definiendo una forma de entender la murga en toda su estructura, lo que le valió primeros premios en el concurso oficial y también ser Figura Máxima del carnaval en 2002 y Figura de Oro en 2017.

El oficio, sin embargo, no quedó solo en el colectivo. En 2007, cuando hacía años ya circulaba en el universo musical uruguayo como percusionista, director de murga y arreglador coral, dio un paso hacia lo personal con Rocanrol, su primer disco.

A casi dos décadas, la distancia no diluye el vínculo. “Lo quiero mucho. No solo por ser el primero, sino por las canciones. Tengo un recuerdo hermoso de las grabaciones, con muchos colegas que me ayudaron”, dice. Varias de estas canciones, además, encontraron nueva vida en versiones de otros.

Luego vendrían nuevos trabajos —Ilustrados y Valientes (2014), Músicos Ambulantes (2017) y el disco en vivo Leyendas del carnaval (2022)— que fijaron en el cancionero uruguayo canciones que la gente hizo propias, como “Descolgando el cielo”, que suma más de un millón y medio de reproducciones en Spotify y se volvió un himno futbolístico.

Seguir en movimiento

Hoy, su presente creativo se entrelaza con un momento personal de cambio. Hace pocas semanas, se mudó a Parque del Plata. La decisión responde a varias razones, pero tiene un efecto claro: “Me hizo muy bien”. Habla de tranquilidad, de silencio, de otras sonoridades. También de reorganizar la vida cotidiana, de ajustar tiempos y distancias. “Creo que donde estoy ahora, al respirar otro aire, otra gente, otros colores, van a surgir cosas nuevas”, intuye.

Pitufo Lombardo
En 2027 se cumplirán 20 años de su primer disco "Rocanrol".
Foto: Estefanía Leal

—Cumpliste 60 y te mudaste a Parque del Plata. ¿Sos de detenerte a pensar en estas fechas redondas?

— Sí. Estoy reorganizando la vida, ensayos, proyectos. El lugar tiene otra sonoridad, más silencio. Lo necesitaba. No analizo mucho, pero me sentaron muy bien los 60. Me siento tranquilo, con etapas cerradas, buena relación con mis hijos y colegas. Estoy haciendo lo que quiero hacer.

En paralelo, surgen nuevos proyectos, como una propuesta escénica que prepara para julio —la misma que lo tenía ensayando esta tarde otoñal en el conservatorio— junto a Pablo “Pinocho” Routin, Paola Bianco, Imanol Sibes y Gustavo Montemurro, donde se encargará de los arreglos corales.

Todo eso habla de un presente que lo encuentra moviéndose con naturalidad entre lo que permanece y lo que se transforma. Ese bagaje —el camino trazado en las distintas agrupaciones, los discos, las amistades y colaboraciones— sigue en uso en un terreno fértil de creación. Tal cual esas instantáneas que prepara para el escenario: fragmentos de tiempo que siguen encontrando lugar y vigencia en el ahora.

*Esta es luna versión extendida de la nota publicada en la edición impresa, con contenido adicional y desarrollo ampliado de los temas abordados.

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