Opinión | Superioridad innecesaria

"Está lleno de profesiones que creen que ellos son el principio y el fin de la humanidad"

Washington Abdala
Cabeza de Turco.

El sentido de superioridad es algo que poseen algunas gentes. Lo adquieren por razones varias, proviene, quizás, del legado de algunas generaciones sobre otras; la mía es una generación algo atribulada, no nos creemos nada (los del ochenta comimos demasiado gofio) y no es una generación muy convencida que sin nosotros el destino de la humanidad cambie de ruta. Quizás me equivoque, es solo una percepción, es que no creo formar parte de una generación redentora. Por eso luchamos por valores, pero somos incapaces de violencia alguna sobre nadie. Cero violencia.

Los más jóvenes del presente -volviendo al sentido de superioridad- sienten por su natural desconocimiento de la finitud, que la vida es potencia y por eso no les importa demasiado lo que otras generaciones ya procesaron. Obvio. Quizás no sea “superioridad” lo que sienten. Igual, acertarán algunas bochas, se equivocarán en otras, como nos equivocamos todos, y habrá que respetar los porrazos. Inevitable que un pibe tenga profundo sentido de la esperanza, eso se mezcla con algo de infinitud temporal, no lo sé. Muzzarella y tranquilidad, ya aprenderán.

El sentido de superioridad del “culto” sobre el “ignorante”, o del ignorante sobre el culto, es otro escenario que asfixia. El culto cree que entiende mejor la vida por los tres libros que leyó. Es cierto, tiene más panorámica, pero no las tiene todas consigo, mucho conocimiento aumentas las dudas. Más se sabe, más se duda. El ignorante, duda menos, pero al ser “básico” va sobre la decisión de manera fulminante, no medita los peligros y así se pega tremendas golpizas.

Los dos poseen dogmatismo y ambos en sus dimensiones también se asfixian. Ambos se sienten superiores aunque resulte paradójico.

Los empresarios tienen sentido de superioridad sobre el mundo sindical. Y el mundo sindical hace lo propio con los empresarios. Los primeros creen que sin ellos el progreso no existiría, que la inversión no arribaría. Los segundos, se sienten el motor proletario y real de la economía, y creen que sin su cuerpo no habría nada, puede haber mucha guita pero sin ellos nada sería real. Es bastante obvio que el sentido de superioridad del capital sobre el trabajo o del trabajo sobre el capital es un error bidireccional. Ambos se necesitan de manera permanente, necesaria y eterna. Ambos se retroalimentan, el día que no entienden eso, simplemente se suicidan. Y, a veces, lo hacen con devoción absurda. Nacieron para ser socios no para extinguirse por una confrontación autodestructiva.

Está lleno de profesiones que creen que ellos son el principio y el fin de la humanidad. ¿No me van a decir que nunca conocieron algún médico (alguno digo, no todos) que siente que domina hasta la propia vida? ¿O no les parece que hay artistas que están convencidos que su arte es la piedra filosofal del mundo? ¿O periodistas, publicitarios o políticos?

Este asunto de la superioridad está presente en casi todo, es cuestión de ir desmenuzando y comprendiendo que es una ficción mental, que solo una cabeza alienada concibe lo que hace como “central” para el planeta.

Lo claro es que todos necesitamos de todos, y cada uno en su trinchera aporta el granito de arena para que el equilibrio -precario y frágil-de la humanidad se mantenga.

No queda otra, seguir en esa y ayudar. La humildad se trabaja, el sentido común y lo comunitario también. Quizás, todos pasamos por etapas de “narcisismo” en algún momento de la vida, hasta que la realidad golpea la puerta de tu casa para avivarte que es una gilada semejante cosa. Y una vez que cae el telón, la luz devuelve al realismo y se acaba la pavada.

Está lleno de gente que vive y comulga con un sentido de superioridad que los encierra en sus micro mundos, que no les permite abrirse a otras dimensiones y que los instala como pequeños seres autoritarios. El que se siente superior, en el fondo, es un intolerante y por eso es peligroso. Habrá que seguir haciendo republicanismo militante y democratismo real para abatir este flagelo. No nos queda otra.

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