Misionera pakistaní da clases de cocina que sirven para hablar de su cultura y responder dudas sobre el Islam

Hace diez años que Sadaf Ahmed llegó al Uruguay acompañando a su esposo, misionero musulmán. En 2025 comenzó a enseñar cocina pakistaní a grupos que se juntan una mañana para saber más de su cultura.

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Yousaf Khan, Fuoad Ahmad Yousaf, Hashem Ahmad Yousaf y Sadaf Ahmed.
Foto: Estefanía Leal.

Sábado de mañana. Un grupo de desconocidos se reúne en torno a una mesa en la que hay ingredientes que no les son habituales. En las próximas dos horas y media, siguiendo las instrucciones de Sadaf Ahmed, lograrán elaborar entre cuatro y cinco platos típicos de la cocina pakistaní y, lo que quizás sea más importante, podrán satisfacer su curiosidad sobre una cultura que generalmente desconocen. La cocina habrá sido la excusa para una experiencia que cada semana convoca a más gente.

Sadaf (33 años) creó Condimentada hace poco más de un año. Alguien le preguntó si se animaba a enseñar algo típico de su país, que resultara diferente para los uruguayos, y se le ocurrió empezar con clases de cocina. “Es mi primer proyecto propio”, cuenta a Domingo quien hasta entonces había ayudado a su esposo en las distintas tareas que tiene como líder de la Comunidad Musulmana Ahmadía en Uruguay (ver recuadro).

Nunca había enseñado gastronomía en Pakistán, pero siempre había cocinado, así que se lanzó a buscar algún lugar donde impartir los cursos porque en su casa era inviable. Fue así que dio con MDPaula (Paullier y Rivera), un espacio hecho para brindar talleres de cocina. “Ellos tienen todo listo, solo hay que ir y cocinar”, apunta Sadaf.

Los encuentros se producen preferentemente los fines de semana, pueden ser tanto el sábado como el domingo. Generalmente son grupos de unas 15 personas que aprenden a elaborar platos salados y un postre de acuerdo a las distintas tareas que les va asignando la profesora. “Cocinamos, comemos juntos y terminamos”, describe Sadaf y enseguida agrega quizás los más importante de esa reunión: “Hablamos”.

La pakistaní destaca que es una excelente oportunidad para evacuar las dudas respecto a su cultura. “Los uruguayos tienen muchas preguntas sobre mi hiyab, sobre por qué estamos aquí, cómo es nuestra vida… Y a mí me encanta contestar”, asegura.

Entonces les cuenta que solo usa el hiyab fuera de su casa o cuando va a recibir gente. “En la calle me miran mucho, pero no me preguntan mucho”, confiesa entre risas y se alegra de poder usarlo dónde quiere y, por ejemplo, no tener que quitárselo para sacarse la foto de la cédula o del pasaporte, como sí ocurre en otros países.

En las clases también comparte por qué está desde hace 10 años en Uruguay (ver recuadro) y cómo es su día a día, muy marcado por las actividades de sus dos hijos varones: Fuoad (10) y Hashem (5). Hace dos años iban a la Escuela Experimental de Malvín, ahora que viven en el Centro les tocó la escuela Julio Castro. “Poco a poco estamos haciendo amigos acá”, apunta y dice que suele juntarse a tomar un café con las madres de los compañeros de sus hijos.

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Clases de cocina de Sadaf Ahmed.

El mundo de la cocina

“Gran parte de mi cultura es compartir comida”, afirma Sadaf. “Estamos siempre compartiendo con los vecinos, con la familia, con los amigos… por eso yo quería hacer algo así, que fuera parte de mis orígenes”, añade y se alegra de que los talleres se llenen de gente de características muy variadas.

Relata que se inscriben personas de todas las edades, entre 20 años y pasados los 60. Incluso hay veces que hasta los niños quieren participar y por eso no descarta hacer algo pensado para ellos en un futuro.

Se acercan muchos profesionales —abogados, médicos, psicólogos, escribanos, contadores—, también docentes, escritores de libros, gente que trabaja en la Policía o en la Fuerza Aérea, y hasta chefs de restaurantes buscando ampliar conocimientos.

“Luego practican en la casa y me mandan fotos de lo que cocinaron. Eso es lo que más me gusta”, confiesa. Por eso se preocupa especialmente por utilizar ingredientes que sean fáciles de conseguir en Uruguay. Recuerda que, al principio, no había en ningún lado, pero ahora se puede encontrar casi todo, sobre todo en tiendas especiales.

A la hora de describir la cocina pakistaní, Sadaf reconoce que son platos muy condimentados. “Comemos pan, arroz, carne, pollo, muchas verduras… con muchos condimentos”, detalla y menciona algunos ejemplos de platos típicos: el curry, que en Uruguay es una mezcla de condimentos, en Pakistán es un plato a base de cebolla, tomate, ajo y jengibre al que se le suman pollo, carne o verduras, más seis o siete condimentos; o el arroz basmati, que es especial para preparaciones como el biryani.

Por otro lado están los postres, la mayoría preparados en base a leche que cocinan hasta que queda casi sólida y que, mezclada con nueces y azúcar, da lugar a cientos de postres. Por ejemplo el kulfi, similar a un helado, o el halva, que se elabora con zanahorias. En ambos casos está presente el cardamomo.

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Gran variedad de platos pakistaníes, todos muy condimentados.

Todo eso en su vida diaria se intercala con platos uruguayos. Dice que su familia come de todo. El asado tiene el número uno, y a ella le encantan las milanesas, el fainá y también el chivito. En general son comidas que compran hechas, pero también se anima a cocinar algunas, como es el caso de la pizza. “El dulce de leche me gusta mucho”, acota.

Ese amor por la cocina está presente en uno de los objetivos que le gustaría concretar pronto junto a su esposo, y que es ofrecer alimento a la gente que vive en la calle. “A veces les hacemos comida, pero ahora queremos que sea algo permanente. Estamos buscando una cocina comunitaria a donde poder ir. Podemos encargarnos de un día a la semana o los fines de semana. Tenemos todo, solo nos falta el lugar”, anuncia.

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Cocina pakistaní.

Otras actividades

En su país, Sadaf estudió matemática, física y computación. Esta formación le ha servido para dar clases particulares a escolares o asumir la suplencia de algún docente en una institución educativa.

También le hubiera gustado cursar algo que tuviera que ver con el arte y que en la pequeña ciudad en la que nació —Rabwah— no había. Hoy esa veta se traduce en los cuadros que pinta de forma autodidacta y que cuelgan de las paredes de su apartamento en el Centro.

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Sadaf Ahmed con uno de los cuadros pintados por ella.
Foto: Estefanía Leal.

En una época hacía tatuajes de henna y tenía muchos clientes. “Fue un experimento”, comenta entre risas sobre esa actividad que interrumpió cuando se le terminó la henna. “Habría que viajar a Pakistán para traerla”, dice.

Cuenta que con su familia disfrutan mucho de la playa. Solían ir a la de Malvín, ahora frecuentan la Ramírez o la playa del Buceo. También viajan mucho por el interior. “Solo nos falta conocer Artigas”, señala con orgullo y destaca que Rocha está entre sus lugares preferidos.

Sadaf confiesa que lo que más le ha costado a la hora de adaptarse al Uruguay es algo que considera que no es exclusivo de nuestro país, sino que se viene repitiendo en otros lugares del mundo como parte de un fenómeno social y es desconocer quién vive en la casa de al lado. “Eso es algo que extraño de mi niñez, que los vecinos eran como mi familia”, evoca.

De todas formas, si por ella fuera se quedaba a vivir acá aunque la decisión depende de su comunidad, que puede trasladarlos en cualquier momento. “La regla son tres años en cada lugar, por ahora no se está aplicando con nosotros. A mí me encanta Uruguay; es un país tranquilo, lindo y con gente muy amable. Estamos muy felices”, asegura.

Por el mundo

Su misión es aclarar dudas sobre el Islam

Sadaf Ahmed pertenece a la Comunidad Musulmana Ahmadía que, en Uruguay, lidera su esposo Yousaf Khan. “Nuestra intención es que el mensaje del Islam llegue a todos los rincones del mundo, por eso enviamos misioneros a distintos países”, le contaba Yousaf a Domingo en una nota sobre musulmanes en Uruguay publicada en 2023.

Vale aclarar que la Comunidad Ahmadía no es oficialmente reconocida por los musulmanes porque, entre otras cosas, considera que su fundador, Mirza Ghulam Ahmad, es el Mesías Prometido.

“Estamos aquí para responder preguntas sobre el Islam porque hay muchos malentendidos. Lo que viene de los medios no siempre es la verdad”, señala Sadaf, quien se casó con Yousaf en Pakistán en una boda arreglada por sus padres, como se suele hacer. De todas formas aclara que si uno de los dos no hubiera querido casarse, la boda no se hacía.

Como misionero, Yousaf estuvo primero en Canadá y luego en Ecuador. Con su esposa recién pudo vivir en Uruguay, país que significó la primera salida de Sadaf de Pakistán. Cuando llegó a Montevideo no sabía ni decir “hola” en español. Su idioma oficial es el urdu y también hablaba inglés. “Hice un curso corto para inmigrantes de la Udelar y tomé clases en línea. Después hablando con la gente, haciendo las compras, aprendí todo lo demás”, agrega en ahora un perfecto español.

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Clases de Sadaf Ahmed.

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