"Vos tenés que ir a cumplir tu sueño; yo veo qué hago”. Eso fue lo que le dijo Jasmín Ricca (40 años) a su pareja, el actor uruguayo Mauricio González, cuando ganó el concurso para entrar a la Comedia Nacional. La pareja vivía en Buenos Aires, donde se conocieron, y esa noticia los decidió a mudarse a Montevideo. Jasmín ya trabajaba como artesana, “¿por qué no probar en otro lado?”, se dijo entonces esta argentina y cruzó el río con sus mesas de mosaicos. No se equivocó.
“La verdad que Uruguay me encantó desde el primer momento”, confiesa quien enseguida se enamoró de la tranquilidad de la capital uruguaya. “Había estado en Artigas, pero no conocía casi Montevideo. Solo había venido una vez en invierno a visitar la familia de Mauricio. Es un estilo de vida un poco más tranquilo, que era lo que yo tenía ganas de experimentar”, cuenta.
Lo primero que hizo fue revalidar su título de química farmacéutica y ponerse a buscar trabajo, cosa que le costó un poco al principio. Su idea era conseguir algo que le permitiera continuar con su otra actividad, la de artesana. Encontró un laboratorio de productos médicos que le abrió las puertas, pero el problema era que el horario era muy absorbente. Casi no le dejaba tiempo para su otra gran pasión.
Estuvo un año trabajando allí hasta que se cruzó con Taller Hoq, en la zona de Tres Cruces (Hocquart 2235). “Conocía a una chica argentina que estaba trabajando en un taller en una modalidad que me gustaba, de compartir un espacio, pero ya no tenían más lugar. Fue ella que me recomendó este otro taller. Toqué la puerta y me recibieron muy bien”, recuerda.
Esto le facilitó encontrar proveedores, cosa que se le había hecho muy cuesta arriba al principio, y recibir la ayuda y el envión que le faltaban para renunciar al laboratorio.
“Me cambió, necesitaba esa comunidad para lanzarme”, señala sobre este lugar en el que cada artista paga un alquiler mensual para disponer de un espacio en el que puede producir con tranquilidad. “Cada uno tiene una llave y puede ir cuando quiere, hasta los domingos de madrugada”, acota.
Su arte
A Jasmín siempre le gustó bailar, sobre todo ritmos latinos. “Es mi gran cable a tierra”, asegura y cuenta que lo hacía en los carnavales de Monte Caseros, el pueblo de sus abuelos en la provincia de Corrientes. Como es costumbre de esta fiesta, debía confeccionarse su propio traje, cosa que ella identifica como su primer acercamiento con el arte manual.
“Al año empecé a trabajar con los mosaicos. Siempre me llamaron la atención los colores, el vidrio, los azulejos… Comencé haciéndolo para mí y en la pandemia me decidí a dejar el laboratorio en el que trabajaba en Buenos Aires para dedicarme a full a esto”, relata a Domingo.
Empezó con las mandalas, que es lo que más la caracteriza; hizo una mesa, la publicó en Instagram y se hizo viral. “Recibió unos 3.000 likes y yo lo tomé como una señal. ‘Es por acá’, me dije, y de ahí en más me pasé todo el verano haciendo mesas y no paré de venderlas. Ese primer diseño fue un boom”, recuerda.
Con el tiempo fue mutando, atendiendo los gustos de los clientes, que solicitaban un cambio de color o de diseño, pero siempre respetando su esencia. Las llama “mesas materas” y las concibe como un objeto que, al mismo tiempo que es algo útil, es también una forma indirecta de introducir arte en un espacio de la casa.
Por lo general, las realiza en un tamaño estándar y de madera, pero se adapta a otros tamaños y materiales, como puede ser el hierro o el acero. Incluso, si el cliente tiene una mesa que quiere revestir, también lo hace.
Además, ha ido sumando otros productos, como las macetas o las bandejas revestidas con mosaicos. Todo se puede encontrar en Obralia (Ciudad Vieja) y en Origen (Mall de los Horneros), además de poder verlo en su Instragram @jasmin.ricca_art.
Por otro lado están los cuadros, que Jasmín define como algo más íntimo, como una forma de expresar una emoción en forma más directa. Los hace con diferentes técnicas y materiales. Generalmente se trata de rostros en los que mezcla collage y mosaicos, y algunas veces telas.
Su idea es poder exponerlos a fin de año o en el verano en algunas de las tantas galerías que le sorprendió encontrar en el este del país. Antes quizás puedan verse en algunas de las ferias que Taller Hoq organiza en su propio espacio cuando empieza a subir la temperatura.
Dos versiones
Jasmín mantiene su taller en Argentina, lo mismo que algunos trabajos independientes como química farmacéutica. Por lo general viaja cada 15 días, visita a su familia y aprovecha para atender clientes de sus dos actividades.
Ella considera que es las dos cosas, química farmacéutica y artista, aunque actualmente esté más presente esta última faceta.
La propia artesana lo explica un poco cuando cuenta que Jasmín es su segundo nombre, pero que la mayoría de la gente la conoce por Celina, sobre todo en su versión de química. “Una vez me dijeron ‘sos Celina para una parte de vos y Jasmín para todo lo artístico’. Y podría ser”, admite. Funciona como una buena definición de su presente.
El toque histórico de Metzen y Sena
Una vez en la feria de Tristán Narvaja, donde Jasmín ha conseguido varios de sus azulejos, le llamaron mucho la atención unos de forma circular. “Tenían un diseño divino como para las mesas”, recuerda.
Fue en el Museo del Azulejo que se enteró de que eran de Metzen y Sena y conoció la historia de esta emblemática fábrica.
Cuando esos azulejos se le terminaron, llamó a la fábrica para ver si podía conseguir más. “Me respondieron que ya no los hacían, que solo se dedicaban a los azulejos comunes”, cuenta la artesana. Desde entonces, cada vez que vende una mesa con ese diseño, le destaca al comprador que se está llevando “una parte de la historia”.
Afortunadamente, hace poco una colega que vio en su Instagram una de estas mesas, se comunicó con Jasmín para decirle que, gracias a la remodelación de una casa familiar, tenía muchos de estos azulejos.
“Para mí es oro”, remarca la artista que ya se puso manos a la obra para hacer más mesas con ellos. “Transmiten historia y se fusionan muy bien con lo que hago”, dice.