Volver a las charlas cara a cara y a tocar los productos: emprendedores que van al rescate de la tienda física

La pandemia refugió a los emprendedores en la web y las redes sociales. Ahora buscan volver a apostar al barrio y a los encuentros en locales en lo que se ofrecen mucho más que objetos para vender.

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Sergio Ferrando y Gabriela Pohosky, dueños de la tienda "7 milímetros".
Foto: Leonardo Mainé.

“Las tiendas de barrio no se sostienen solas. Necesitan gente que las camine, que las elija y que vuelva”. Esta es una de las tantas frases que desde hace unos meses aparece en el Instagram de 7 Milímetros (@sietemilímetros), una tienda de objetos que hace más de 15 años apuesta al Centro de Montevideo y que hoy más que nunca está empeñada en reflotarlo. “Las tiendas de barrio se sostienen con gente que pregunta, que se queda un rato”, reza otro de los posteos detrás de los cuales está Sergio Ferrando, dueño del local junto a su esposa Gabriela Pohoski.

No es el único emprendedor que piensa así; están surgiendo varios que van por ese lado. Sobre todo muchos que en tiempos de pandemia se refugiaron en las redes para poder subsistir. Eso los mantuvo con vida, pero ya hoy consideran que se impone un retorno al trato cara a cara, a la charla, a tocar el producto, a dejarse tentar por lo que se ve en vivo y en directo… en definitiva, a lo que alguna vez se vivió como la definición de barrio.

Mientras algunos se resignan a ver como barrios como el Centro, la Ciudad Vieja o el Cordón lucen cada vez más sucios o abandonados, hay otros que pelean para que eso se revierta. Domingo se propuso rescatar algunos ejemplos de una movida que procura cosechar cada vez más adeptos. El entusiasmo y optimismo que le imprimen sus impulsores da para ilusionarse. Ojalá el contagio crezca y no se detenga.

Tienda de barrio

“¿Qué hacemos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Nos mudamos?” Esas fueron las preguntas que comenzaron a intercambiar Sergio y Gabriela hace un par de años, cuando notaron que la forma de consumir estaba cambiando demasiado. Mucha compra por Internet, encargos por Amazon, el efecto Temu… Y no era una preocupación solo de ellos, la compartían con los vecinos, con sus compañeros de la feria Ideas+ o con sus colegas dueños de otros locales en el barrio.

“El Centro también se modificó bastante, es algo que yo lo veo a nivel urbano”, dice Sergio que, si bien nunca ejerció como arquitecto, tiene ese título desde 2008 al igual que su esposa. “Estoy viendo bastante la sustitución de las viviendas personales o pequeños edificios que antes en la planta baja tenían un local comercial. Ahora pasás y hay un paredón, una cosa metálica, que es el lugar del automóvil”, se lamenta sobre lo que está ocurriendo sobre todo en calles como Canelones o Maldonado.

Desaparece la panadería, desaparece la zapatería… incluso desaparece el banco atendido por personas. “Nosotros antes teníamos un banco acá en la esquina y ahora solo queda un cajero automático, que ya no es lo mismo. La gente no viene”, apunta haciendo referencia a lo que sucede a pocos metros de Convención y San José, donde desde 2009 funciona 7 milímetros.

La abrieron ante la demanda de la gente, que los veía en Hecho Acá, La Feria del Libro y el Grabado (hoy Ideas+) y otras ferias, y les preguntaba dónde podía encontrarlos el resto del año. Ellos se habían puesto a producir unas letras imantadas de unos siete milímetros —de ahí el nombre de la tienda, mezclado con el amor a los 8 milímetros del cine—como manotón de ahogado cuando la crisis económica de 2002 los dejó sin trabajo a ambos.

Con el tiempo fueron sumando productos, muchos de los cuales cuentan con los dibujos de Gabriela. Así hay tazas, almohadones, lámparas o los famosos marottes con la imagen de Juan Carlos Onetti, Luis Suárez, Einstein, David Bowie o más recientemente Charly García y Moria Casán, entre muchos otros. Sergio aporta más del lado de la atención del mostrador, en ir a buscar materiales o manejar las redes.

La tienda no ha dejado de crecer y a lo que producen sus propios dueños en el taller del subsuelo, se suman productos de unos 10 colaboradores que van desde juegos de caja hasta jabones o bordados con motivos montevideanos. La tienda es esencialmente montevideana porque así se sienten. “Yo toda mi vida viví en El Centro, es mi barrio”, remarca Sergio.

Ni la pandemia pudo con ellos. Los obligó a cerrar durante un mes, eso sí, pero cuando comenzaron a reabrir de a poco, supieron adaptarse. “Cuatro de cinco personas que entraban, pedían tapabocas y nosotros no teníamos. Entonces decidimos hacer una serie de tapabocas estampados, con caras. Les pusimos onda y la gente se copó”, recuerda.

También aprovecharon para sumarse a la campaña que apareció ese 2020 de comprar local para ayudar a los pequeños emprendedores a superar las consecuencias del covid. “Si bien era una idea de la que ya participábamos, reforzamos el concepto de que es algo que no se puede perder porque la artesanía y el diseño son parte de la identidad del país. Sino quedamos todos consumiendo lo mismo, vestidos todos iguales”, señala el emprendedor.

De todas formas, aclara que no se trata de una guerra de tiendas contra shoppings; ambas cosas pueden convivir. “Se trata de decir ‘estamos acá, mírenos, consúmanos’. Montevideo todavía tiene esa escala chica que hace que la podamos recuperar como ciudad”, sostiene.

Lo que quiere Sergio es que muchas otras tiendas, sean del Centro o de otros barrios, se suban a esa campaña que viene desarrollando en la redes y en su local. Junto con Gabriela procura estar generando contenido e ideas todo el tiempo (ver recuadro), incentivar ese consumo que vuelve a las raíces e invita a la charla con el vecino o con el cliente aunque no compre nada.

Quizás todo se sintetiza en lo que le despertó una pregunta inocente que le hizo, una vez, una de sus dos hijas: ¿por qué, si hay día de las librerías, de las heladerías, de las bibliotecas, no hay día de los diseñadores? “En realidad es porque no nos ven, no existimos. Tenemos que empezar a mostrarnos porque a nivel país aportamos muchísimo”, reflexiona en ese afán de provocar esta mini revolución barrial.

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Tienda "7 Milímetros".
Foto: Leonardo Mainé.
Contacto con la gente

La feria como paso intermedio a cuidar

La gran mayoría de los emprendedores que participan de las tiendas que aparecen en esta nota ha pasado por la experiencia de hacer ferias. Varios de ellos han sido parte de la famosa Ideas+, la sucesora de la Feria del Libro y el Grabado de Nancy Bacelo que cada diciembre se instala en el Parque Rodó.

La experiencia les ha servido para eso de aprender a estar en contacto con el público, conocer sus inquietudes y poder explicarles de primera mano cómo llegan a sus creaciones.

Sergio Ferrando es hoy integrante de la directiva de Ideas+ y como tal impulsa un proyecto para encontrarle una casa a la feria para que cuente con un espacio para poder visualizarla durante todo el año.

Ya se ha reunido con la alcaldesa del Municipio B, Patricia Soria, quien le solicitó que le armara un proyecto. “No sabía ni cómo hacerlo, así que me puse a estudiar gestión cultural y lo diseñé. El proyecto fue mi tesis final de posgrado”, cuenta uno de los dueños de la tienda 7 Milímetros. “Ya está aprobado y todo. Ahora tengo que salir a la calle a hablar con la Intendencia, con el Municipio, con la gente... pero lo bueno es que ya hay algo sobre lo que trabajar”, comenta con orgullo este emprendedor que no descansa.

Salir de casa

Hasta que nació su hijo, en 2018, Jessika Méndez trabajaba como enóloga en laboratorios de bodegas de vino. Lo dejó para dedicarse a la maternidad y eso la llevó a crear Momito, un emprendimiento de diseño textil para bebés (chichoneras, blanquería). “Vendía solo online y con la pandemia fue al revés, empecé a vender físico”, cuenta a Domingo.

Lo que ocurría es que tenía que recibir a la gente en su casa sin contar con ningún tipo de protocolo sanitario. Además, para poder pasar de su cuarto a la cocina debía saltar un montón de guata. La tienda estaba invadiendo su hogar y lo volvía intransitable. Fue así que con otras dos emprendedoras buscó un local en la zona del Cordón y creó CoMarca, una tienda de emprendimientos.

Abrieron en agosto de 2020 en Pablo de María y Canelones. “Poco a poco se fue corriendo la voz de que teníamos esto, se fueron sumando emprendedoras, la casa nos quedó chica y desde hace tres años estamos en Maldonado y Blanes. Ahora somos más de 50”, apunta sonriente sobre lo que define como un paso intermedio entre vender desde casa y hacerlo en un local propio.

Son todas mujeres, aunque no es una condición para estar. Tampoco hay límites de edad, las hay desde muy jóvenes hasta mujeres que empezaron a emprender siendo jubiladas para no estar sin hacer nada. Lo que se exige es que lo que vendan sea producido en Uruguay. Hay indumentaria, bolsos, tazas, libros, comestibles, joyería artesanal, adornos… de todo para elegir y de eso que no se repite, lo que le da un carácter único.

Jessika aclara que no se trata de una tienda multimarca porque CoMarca ofrece además todos los servicios de logística que ayudan a que el emprendedor solo se dedique a producir. “Nosotras tenemos un equipo preparado en ventas que sabe de todos los emprendimientos y atiende nueve horas de corrido, entonces tu cliente puede venir cuando quiera a retirar el pedido. También hacemos envíos, coordinamos los cadetes… o sea, todo eso que no es inherente a realizar la artesanía”, explica.

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Jessika Méndez en "CoMarca".
Foto: Darwin Borrelli.

CoMarca funciona con un alquiler fijo y una comisión por venta. “Así se da que nosotros necesitamos que funcione y el emprendedor también porque hay un compromiso mutuo”, detalla Jessika y agrega: “Yo siempre les digo que su estante es como su mini pedazo de tienda”. Eso quiere decir que tienen voz a la hora de plantear cómo decorarlo o presentarlo, pero siempre dentro de los parámetros que definen la estética de la tienda.

Jessika también destaca lo que significa tener una tienda abierta al público, que permite que gente que no conoce a las emprendedoras se acerque a sus productos y los termine comprando por el solo hecho de poderlos ver personalmente, tocarlos, probarlos, algo que la venta online no permite. “Esa compra por impulso que si no es en una tienda física, no se da”, acota en charla con Domingo.

A las emprendedoras siempre les aconseja fijarse un objetivo sobre qué es lo que quieren de su negocio y en base a eso buscar la solución que mejor se ajuste a sus necesidades. CoMarca las acompaña en ese camino y los resultados están a la vista. El cara a cara realmente da sus frutos.

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Jessika Méndez en "CoMarca".
Foto: Darwin Borrelli.

Sumar al turista

Obralia es un nombre inventado que destaca la creación hecha a mano y el valor que tiene esa pieza, lo que sería el concepto de obra, y le agrega la unión de un grupo de mujeres. Algo así como obra de mujeres”, explica Ximena Bentancor sobre la tienda que abrió sus puertas en setiembre de 2025 en la Ciudad Vieja.

Son seis socias que se conocían de ferias u otros espacios como En Cercanía (tienda del Mercado Agrícola de Montevideo) y que coincidían en un sueño: contar con un lugar propio. “Conversando entre nosotras queríamos un espacio en el que el público no solo fuera de acá, sino también del extranjero”, añade Ximena.

Lo ideal era un barrio como Ciudad Vieja, cercano al puerto, por eso se encapricharon con un local que había en la calle Yacaré, a pasos del Mercado del Puerto, y no pararon hasta conseguirlo.

“Había sido de un comercio gastronómico. Intervinimos las paredes, el piso pasó a ser pared, restauramos muebles, usamos muebles de mercerías, de apicultores, convertimos calabazas en lámparas… estuvimos todo el invierno trabajando. La idea era no solo economizar, sino también darle nuestro toque”, cuenta Jhoanna Kovacs sobre un lugar en el que aprovecharon hasta la trastienda para brindar talleres.

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Cinco de las seis socias dueñas de "Obralia Craft Studio".
Foto: Leonardo Mainé.

Amigurumis (Crochet7, de Jhoanna), objetos en jean recuperado y bordados (Dulce Blue, de Gabriela Alonso), artículos relativos al mate hechos en cuero y ecoprint (Matefusión, de Araceli Nigro), joyería con materiales reciclados (Exeso, de Ximena), indumentaria con serigrafía (Tanta, de Karina Torres) y bolsos urbanos (Pilina, de Amparo Rodríguez) conforman la oferta central del lugar a la que luego se le suman colaboradores entre los cuales hay hombres.

“Lo básico es que sean piezas que no se repitan, que sean diferentes y que estén hechas 100% por el emprendedor. Tiene que ser artesanal sí o sí y que no se parezca a otras”, subraya Gabriela Alonso.

De esa manera apuntan a captar a tres tipos de público: el de los cruceros, que tiene sus temporadas y se caracteriza por tener poco tiempo, y hay que enamorarlo en el poco rato que está; el turista en general, sobre todo el de hotelería, que tiene un buen nivel social y dispone de tiempo para quedarse a charlar; y el público local, que está más presente los fines de semana. Con el tiempo les gustaría poder llegar también a la gente del interior del país y hasta enviar mercadería al extranjero. Pero tiempo al tiempo.

Las seis destacan la importancia de estar allí para atender ellas mismas y poder explicar cómo lograron cada pieza. Importa que lo que ellas hacen se pueda tocar, oler, sentir. Incluso relatan que muchos turistas se sorprenden con verlas allí haciendo todo.

Dicen que siguen aprendiendo, formándose con ayuda del Centro Pyme (ANDE), y conociendo las características de un barrio que aún no han vivido comercialmente en invierno y eso las tiene expectantes. “Obralia ya es una partecita nuestra”, coinciden y sus miradas transmiten felicidad.

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Obralia Craft Studio.
Foto: Leonardo Mainé.
Barbas Films

Se mudó al Centro y creció tres veces

Entre las tiendas nuevas que apuestan al Centro, hay casos como el de Diego Espondaburu, que este año dejó un local que se había ganado su lugar en la zona de La Blanqueada para mudarse a la Galería City Hall (frente a la Intendencia de Montevideo). Es así que Barbas Films, una tienda dedicada a la fotografía analógica, estrenó dirección y eso llevó a que su clientela creciera tres veces más.

Ayudó que además sumó un laboratorio de revelado, acompañando una moda que sorprende hasta al propio Diego: la vuelta al rollo de fotos, a la espera del revelado y a las fotos impresas. “Las nuevas generaciones quieren tener la foto en papel, se aburren de la pantalla”, asegura.

En su nueva tienda de tres pisos —uno para la atención al público, otro para el laboratorio, y otro para talleres y depósito— coinciden sus clientes de siempre, que agradecen que se haya mudado a una zona de más fácil aceso; las nuevas generaciones que quieren fotos a la antigua, y los vecinos del barrio.

“Se da un cruce bien interesante, se plantean charlas de cosas vinculadas a la fotografía que son espontáneas”, destaca el fotógrafo y agrega que ese volver al sistema de cámaras antiguas ha llevado a que aumente la demanda de equipos. “Cada vez valen más porque cada vez hay menos”, apunta y pone como ejemplo cámaras que pasaron de costar US$ 50 a US$ 200 o US$ 250.

“Una tienda analógica es como un taller mecánico de fotografía”, lanza y se confiesa muy contento con su nuevo barrio.

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Diego Espandaburu en "Barbas Films".
Foto: Estefanía Leal.

Los primeros

“Nos faltaba un sentido más, el gusto”, dicen los hermanos Marcelo y Fernando Zaha. Los búlgaros, como se los conoce popularmente, o sino los Darskide Bros., el nombre de la tienda de objetos vinculados al cine y las series que tenían en Pocitos y a la que este año decidieron agregarle un café para que la experiencia fuera sensorialmente completa.

“Es un formato nuevo porque ninguno de los colegas que maneja este tipo de productos todavía lo hizo en Uruguay. Nuevamente somos los primeros”, destaca Fernando haciendo referencia a que fueron los pioneros en la tienda que crearon en 2014. Previamente había sido un local de reparación de computadoras de su padre, pero se cansaron de ser los psicólogos de sus clientes y prefirieron ir en busca de esos muñecos de Mario Bros. que tanto llamaban la atención a la gente cuando los veía en el escritorio de Marcelo. Dio resultado.

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Fernando y Marcelo Zaha en "Darkside Café".
Foto: Darwin Borrelli.

Crecieron lo suficiente como para mudarse a otro local en la misma cuadra, pero cuando quisieron ampliarse un poco más para anexar el café, Pocitos ya se había vuelto un barrio demasiado caro y absorbido por los shoppings.

Sus seguidores les sugirieron mudarse al Centro y la idea les gustó. Encontraron el local ideal en Soriano y Río Negro y lo acondicionaron ellos mismos, como ya habían hecho con el local anterior no solo para ahorrar, sino también para poder imprimirles su sello.

Hoy Darkside Café se está imponiendo de a poco a la hora del desayuno o de la merienda. No tanto para el almuerzo, aunque tienen propuestas para esa hora. No importa, es paso a paso, además esos momentos de pocos consumidores los destinan de lleno a la tienda de funkos y compañía que mantiene su popularidad aunque el barrio sea nuevo.

“La charla siempre ha sido un factor relevante para nosotros, la necesitamos. Antes era más difícil porque no teníamos nada para ofrecerles, ahora hay café de especialidad y el mejor”, expresa Fernando. En tanto Marcelo rescata ese vínculo con el barrio que va creciendo con los días. “Están los vecinos, las peluqueras, un estudio de abogados, las chiquilinas del consultorio odontológico…”, apunta y cuando Domingo les menciona la tienda 7 Milímetros y su campaña de Tienda de barrio, la reconocen enseguida. “Tenemos que pasar a saludarlos”, dicen y todo cierra.

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Fernando y Marcelo Zaha en "Darkside Café".
Foto: Darwin Borrelli.
Actividades extra

Probar el mate, reunión en el café y talleres

Todas estas tiendas que apuestan al barrio, su gente y la charla, han ideado experiencias para que ese vínculo se fomente, se estreche y genere cosas, y no solo con el público local.

Por ejemplo, Obralia ofrece una propuesta paga que no es nueva y tiene una gran aceptación entre los turistas extranjeros: probar el mate. “Les preparamos un mate y les hablamos sobre el ritual. Les hacemos una breve reseña sobre la calabaza y la planta de yerba mate, y les mostramos fotos. Los últimos mates hasta se los ceban ellos. Además se llevan una bombilla descartable de regalo”, cuenta Gabriela Alonso.

La tienda de la Ciudad Vieja también brinda talleres, como uno de tejido que está funcionando todos los martes del mes.

Algo similar hace la gente de CoMarca, ya sea para enseñar a hacer lo que venden como para enseñar a afrontar un emprendimiento personal. “Hemos dado cursos de ventas por Instagram, de imagen, de cómo sacar fotos, de cómo usar un post”, comenta Jessika Méndez y destaca que algunas de las alumnas que pasaron por los talleres de blends de té luego terminaron sumándose a la tienda como emprendedoras para comercializar eso que aprendieron. CoMarca también alquila un espacio para consultorio cosmetológico.

Por el lado de 7 Milímetros, la novedad que incorporó este año fue una convocatoria para que nuevos emprendedores puedan sumarse al espacio. La primera se cerró el pasado 22 de marzo y hubo una muy buena respuesta de los diseñadores. “La idea es hacer una curaduría para que la elección vaya con la estética de la tienda. Pretendemos hacer este llamado cada tres meses y así ir renovando la oferta”, explica Sergio Ferrando.

En cuanto a la campaña Tienda de barrio, además de los posteos en las redes armaron una vidriera que la refleja, con muchas frases alusivas, baldosas de las veredas de Montevideo y personajes muy uruguayos.

En Darkside Café también hay propuestas. Por ejemplo, el Día de Pokemon fueron fanáticos a dibujar y jugar a las cartas; el Club de Tolkien (El Señor de los Anillos) organizó una jornada de lectura y el café les preparó un menú temático, y cada tanto realizan un Coffee & Run, que es una moda reciente en la que grupos de running terminan su corrida desayunando o con una cervecita en el lugar, dependiendo de la hora. Fernando Zaha es corredor hace 11 años y lo aconseja con entusiasmo.

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Experiencia del mate en "Obralia Craft Studio".

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