La antología que reúne voces del portuñol y revela las formas de escribir y cantar desde la frontera Uruguay-Brasil

Publicada por Tinta Limón, "Ñ" reúne poemas, relatos y canciones de autores como Fabián Severo, Ernesto Díaz, Patricia Robaina y Mario Rodríguez Lagreca. La publicación recorre la diversidad del portuñol y registra una producción cultural que atraviesa generaciones y territorios.

Antologia Ñ
La antología reúne a 14 autores y ya se encuentra a la venta en librería locales.
Foto: Tinta Limón

Primero fue un poema. Después, un taller en plena pandemia, una investigación académica y un viaje de un mes por la frontera entre Uruguay y Brasil. Al final de ese recorrido apareció Ñ, una antología que reúne a escritores, poetas y músicos que hacen del portuñol una materia de creación y que permite observar algo que suele perderse cuando se habla de esa lengua en singular: no hay un solo portuñol, sino muchos.

Lina Gabriela llegó a ese universo desde lejos. Colombiana y migrante en Argentina, ya investigaba sobre exilio y migración cuando, durante una clase en Buenos Aires, un profesor compartió un texto de Noite nu Norte, del artiguense Fabián Severo. Después llegó la pandemia y Severo abrió talleres virtuales de escritura. Lina, que también escribe poesía, se inscribió. “Me fue interesando más y más la frontera hasta que decidí que ese era el tema de tesis porque ahí se agrupaban todos mis intereses: Brasil, los demás países de América Latina, las lenguas, la migración, las fronteras”, cuenta.

Una obra llevó a otra. A través de Severo conoció al músico Ernesto Díaz y él funcionó como puente hacia otros creadores. Pero el vínculo, subraya, no nació desde la academia. “Yo inicialmente entré en contacto con ellos desde el lugar de la creación y desde mi interés creativo”. Ese acercamiento sería determinante para lo que vendría después.

Una beca para investigar fronteras y migraciones le permitió viajar en 2024 a Uruguay. Fue directamente al norte y pasó cerca de un mes entre Rivera, Artigas y Santana do Livramento. Allí contactó a artistas como David Benavides, Carolina Ramos, Michel Cross, Carolina Cáceres y Fran de Sousa; después llegó a Montevideo y conoció a Andrés Rivero.

El viaje cambió incluso lo que creía saber. “Leyendo los libros de Fabián yo entendía lo que estaba leyendo, pero cuando llegué a la frontera y escuché a la gente hablar portuñol no entendía nada”, cuenta. Había otro ritmo, otra sonoridad y, sobre todo, una diversidad que la escritura dejaba entrever y que el territorio volvió evidente. “Una de las cosas más impresionantes fue entender la diversidad de portuñoles”.

Antologia ñ
Antología Ñ reúne a autores de las fronteras de Uruguay con Brasil.
Foto: Tinta Limón

También encontró una escena cultural conectada por recitales, encuentros y redes que atravesaban Rivera, Cerro Largo y Montevideo. La experiencia modificó tanto su investigación que tuvo que reescribir buena parte de una tesis de la que ya tenía tres capítulos. “Para mí era esencial ir a la frontera, ni siquiera solamente a Montevideo, sino a la frontera y estar allá para entender cómo funcionan las dinámicas”.

De ese entramado terminaría naciendo Ñ, publicada por Tinta Limón. Para seleccionar a sus protagonistas, ella estableció como criterio que hubieran crecido y habitado la frontera, aunque el portuñol no necesariamente fuera su lengua materna. En algunos casos pertenecía a una generación anterior, como la de una abuela; en muchos otros atravesaba la vida cotidiana. Luego pesaron la calidad de los textos y la intención de incorporar una diversidad de voces, especialmente femeninas.

El desafío siguiente era editar una lengua que, precisamente, desobedece los límites entre español y portugués. Lina mantuvo conversaciones con cada autor para despejar dudas sobre palabras o expresiones, pero la premisa fue intervenir lo menos posible. “Los textos están prácticamente como ellos me los mandaron”, dice.

Con los músicos apareció un desafío diferente y uno de los aspectos más singulares del proyecto. “Prácticamente ninguno tenía las letras de las canciones”, recuerda. Cuando le pidió sus textos a Ernesto Díaz, el músico tuvo que sentarse a escuchar sus propios temas, transcribirlos y revisarlos. Mario Rodríguez Lagreca planteó otra inquietud: sus canciones, le dijo, tenían sentido con la música y separadas de ella podían perder algo esencial.

El libro debía encontrar una forma de conservar ese sonido y la solución quedó hacia el final del volumen, en “Para leer con música”: una selección de temas que acompaña las páginas como una banda sonora posible y conduce a una playlist de Spotify. La intención era, dice Lina, pensar el libro también como “un dispositivo sonoro”.

La publicación ocupa además un lugar poco frecuente. Según su organizadora, existe solamente otro antecedente comparable dedicado específicamente a materiales del portuñol de esta frontera: Os som de nossa terra : productos artístico-verbales fronterizos, una antología realizada por Ernesto Díaz junto al lingüista uruguayo Luis Behares, que reúne otros textos y canciones. Hubo además experiencias de publicación de literatura en portuñol surgidas de concursos, pero sin el requisito de pertenecer a esta región fronteriza. Ñ propone así una fotografía contemporánea de una producción dispersa entre libros, escenarios, canciones y textos que, en algunos casos, nunca habían llegado al papel.

Ese pasaje de la oralidad a la página tuvo un peso particular para sus protagonistas. Carolina Cáceres le contó que le había impactado ver sus canciones escritas; Rodríguez La Greca tuvo una experiencia similar. Carolina Ramos, en tanto, se sorprendió al encontrar sus textos junto a los de escritores a quienes admiraba. Para Gabriela, allí está otro de los sentidos del volumen: hacer dialogar generaciones y trayectorias con distintos niveles de reconocimiento.

Pero poner esas voces juntas también supone intervenir sobre una historia más larga. Gabriela observa que la visibilidad alcanzada por artistas como Severo, Díaz, Yoni de Mello o Chito de Mello abrió caminos para quienes todavía cargaban cierta vergüenza alrededor de la lengua con la que habían crecido. Menciona el caso de Verónica dos Santos, que había escrito pero no se animaba a publicar hasta que empezó a observar el camino de otros artistas fronterizos. “Estos procesos ayudan a revalorizar su propia lengua, a entender que lo que hacen es arte y a no tirarse para abajo”, sostiene.

Ese movimiento también amplía el mapa desde el que suele pensarse la literatura de frontera latinoamericana. “Estamos muy acostumbrados a pensar en México y Estados Unidos, pero existen muchas otras fronteras”, señala Gabriela. Ñ dirige la mirada hacia una de ellas y, al hacerlo, registra una lengua que cambia incluso a pocos kilómetros de distancia, que puede sonar más cercana al portugués en un lugar y al español en otro, y que durante generaciones encontró en la oralidad buena parte de su territorio.

Antologia ñ
El libro fue publicado por la editorial Tinta Limón.
Foto: Tinta Limón

Ahora el proyecto podría cruzar otra frontera, esta vez lingüística. Gabriela está en contacto con Laura Cesarco, traductora uruguaya radicada en Estados Unidos que ha llevado el portuñol al inglés y tradujo una obra de Fabián Severo. Entre las posibilidades que empiezan a explorar aparece una traducción de Ñ. Todavía es un proyecto, pero la pregunta ya está planteada: qué ocurre cuando una lengua nacida precisamente de la mezcla y del desplazamiento debe encontrar equivalencias en una tercera lengua.

Sería un nuevo viaje para un libro que nació, justamente, de moverse. De Colombia a Argentina, de Buenos Aires a Artigas y Rivera, de la conversación a la investigación, de la canción a la página. Y de una frontera que durante mucho tiempo fue leída desde el centro como periferia hacia otras fronteras posibles.

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