Cada generación de cine produce su propia scream queen —literalmente, “reina del grito”—. Y no se trata solo de una etiqueta, es también un reconocimiento informal a aquellas actrices que encarnan el miedo de una época. En la última década, ese lugar empezó a asociarse con un nombre: Mia Goth. Su rostro se convirtió en uno de los más reconocibles del nuevo terror, aunque su trayectoria también dialoga con la intensidad, el riesgo y cierta fascinación por los márgenes.
Nacida en 1993 en Londres, Mia Gypsy Mello da Silva Goth, es hija de madre brasileña y padre canadiense. Pasó parte de su infancia en Brasil antes de regresar al Reino Unido. Por eso, habla portugués con naturalidad y suele recordar en entrevistas los años vividos en Brasil junto a su abuela, la actriz Maria Gladys, a quien define como su mayor inspiración artística. Esa mezcla de raíces atraviesa también su manera de componer sus personajes que, por lo general, son mujeres que parecen pertenecer a varios mundos y, al mismo tiempo, a ninguno por completo.
Antes de actuar, Goth fue modelo; a los 14 años ya trabajaba en campañas internacionales para grandes marcas. Pero el cine apareció como una forma más profunda de expresión.
Su debut llegó con Nymphomaniac (2013), de Lars von Trier, donde interpretó a P, una joven atrapada en una dinámica de poder y sumisión. Era un inicio incómodo y desafiante, acorde a una actriz que desde temprano eligió territorios emocionalmente extremos. Durante ese rodaje conoció al actor Shia LaBeouf, con quien más tarde iniciaría una relación marcada por idas y vueltas.
Después vendrían títulos como La cura siniestra (2016), bajo la dirección de Gore Verbinski, y Suspiria (2018), la reinterpretación de Luca Guadagnino del clásico de terror. En ambos casos, su presencia oscilaba entre lo etéreo y lo perturbador, como si habitara un umbral permanente entre inocencia y amenaza.
La consagración en el terror. Fue a partir de 2022 cuando su nombre dejó de circular solo en festivales y comenzó a instalarse en la cultura pop. Con la trilogía X —X, Pearl y MaXXXine—, dirigidas por Ti West, no solo actuó, también coescribió el guion de Pearl y sostuvo prácticamente sola una película que depende del close-up y de la resistencia emocional. El monólogo final —ocho minutos sin cortes visibles— se volvió viral y confirmó algo que ya era evidente: Goth tiene una gran capacidad para transitar del candor al delirio en cuestión de segundos.
En esas películas construyó personajes que dialogan con la tradición del horror estadounidense, pero también con el melodrama y la sátira. Sus criaturas no son monstruos evidentes, son más bien mujeres heridas, ambiciosas, frustradas, que reclaman amor y reconocimiento con una intensidad desbordada. Hay en su trabajo una conciencia del artificio —un juego con el exceso— que la conecta tanto con el cine clásico como con la sensibilidad contemporánea.
Su participación en Frankenstein (2025), la ambiciosa adaptación del clásico de Mery Shelley, dirigida por Guillermo del Toro —y nominada a los premios Oscar— entrega una lectura más romántica y trágica de la conocida historia. Su Elizabeth encarna la pérdida, la fragilidad y el costo humano del delirio científico.
En un universo gótico, donde la criatura no es solo monstruo sino espejo de la soledad humana, Goth encaja con naturalidad. Hay algo en ella que remite al cine mudo, una expresividad física que no depende exclusivamente del diálogo.
Su elección para este papel dialoga con el rótulo de scream queen que la crítica comenzó a asociarle en los últimos años. El término se utiliza en la tradición del cine de terror para describir a actrices que no solo protagonizan películas del género, sino que construyen allí una identidad reconocible.
No se trata solo de gritar en pantalla, sino de convertirse en emblema del horror de una generación, como ocurrió anteriormente con Jamie Lee Curtis, Neve Campbell, Heather Langenkamp, Sigourney Weaver o Samara Weaving. Sin embargo, en esa genealogía, Goth aporta una variante más ambigua y psicológica, sus personajes no solo huyen del monstruo, a veces lo contienen.
En lo privado
Su vida personal, aunque más reservada, también fue objeto de atención mediática por su relación intermitente con Shia LaBeouf, con quien tiene una hija. La pareja atravesó separaciones y reconciliaciones en medio de las controversias públicas que rodearon al actor, incluyendo denuncias por conducta abusiva y problemas legales. En ese contexto, distintos medios internacionales informaron recientemente sobre una nueva ruptura. Pero Goth ha evitado convertir su intimidad en espectáculo. En entrevistas, suele hablar más del proceso creativo de sus personajes que de su vida privada. Repite que la actuación es una forma de exploración, casi terapéutica, un espacio donde puede amplificar emociones que en la vida cotidiana permanecerían contenidas.
A los 32 años, su filmografía ya revela la búsqueda de personajes extremos, emocionalmente expuestos, que caminan al borde del abismo. No es casual que el terror haya sido su territorio más productivo: un género que permite exagerar, distorsionar y convertir la angustia en espectáculo. Aunque, en el fondo, lo que hace Goth no es asustar, sino incomodar. Sus personajes desean y sienten demasiado; fracasan de manera estrepitosa. Y en ese exceso hay una forma de honestidad. Quizás por eso resulta tan magnética en pantalla: porque en su fragilidad hay una potencia singular.
Sus personajes más destacados
Maxine Minx (MaXXXine, 2022)
En la última película de la trilogía X del director Ti West, Maxine es una aspirante a estrella porno que sueña con escaparse del medio rural. Ambiciosa, pragmática y decidida a no aceptar una vida que no merece, encarna la pulsión de fama y supervivencia. Con ella, Mia Goth construyó una final girl distinta a las películas anteriores, menos ingenua, más calculadora.
Pearl (Pearl, 2022)
Precuela de X, también dirigida por Ti West, es el papel consagratorio de Goth. Pearl es una joven atrapada en una granja, devorada por el deseo de ser especial. Su monólogo final de ocho minutos —que la muestra tan vulnerable como perturbadora— se volvió icónico. Aquí, la actriz explora la frustración femenina y el delirio con una intensidad que roza lo operístico.
Sara (Suspiria, 2018)
En la versión de Luca Guadagnino del clásico, Sara Simms es una de las bailarinas de la academia, y comienza a sospechar que algo oscuro está gobernando el lugar. Curiosa, leal y cada vez más aterrada, su recorrido marca uno de los puntos más inquietantes de la película. Con este papel, la actriz consolidó su presencia en el terror de autor y confirmó su magnetismo en pantalla.
Goth es Elizabeth Lavenza, la prometida de William Frankenstein. Lejos de la figura decorativa que algunas versiones anteriores le asignaron, esta tiene espesor emocional y agencia propia: es el ancla afectiva pero también una mujer que percibe con lucidez la obsesión que consume a su cuñado. En esta relectura del clásico, su personaje encarna una dimensión íntima del relato.
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