"Hago vida cisterciense”, dijo una vez Anna Wintour (76 años) haciendo alusión a la orden monástica católica Cister para describir la estricta rutina que cumple diariamente. Se levanta religiosamente a las 5 y media de la mañana, juega al tenis entre 5:45 y 6:45 en el Midtown Tennis Club de Manhattan, toma su café latte tamaño grande de Starbucks con un muffin de arándanos mientras lee la prensa británica y estadounidense, y enfila para su trabajo.
Hasta hace un año ese trabajo era ser jefa de redacción de la revista Vogue en Estados Unidos; actualmente todo se concentra en ocupar el cargo de directora global de Condé Nast que ostenta desde 2020 y que la lleva a supervisar todas las publicaciones de este grupo editorial (excepto The New Yorker).
“Es mi momento de entrega total a la empresa. No me cambiaré de oficina ni mudaré una sola pieza de mi cerámica de Clarice Cliff”, aclaraba cuando dejó el puesto en Vogue que la transformó en una de las mujeres más influyentes del mundo de la moda. Fueron 37 años —de 1988 a 2025— en los que su forma de ser y de actuar hicieron que más de una vez tambaleara su posición.
Desde “determinada y ambiciosa” hasta dueña de “una personalidad distante y exigente” es mucho lo que se ha dicho y escrito de la mujer que todos identifican fácilmente por su melena bob que usa desde los 14 años, los trajecitos Chanel o Prada y los lentes oscuros. Estos últimos responden a una necesidad visual, pero también le sirvieron para marcar distancia y ver sin que se sepa a quién, al tiempo que también se la acusaba de un acto de arrogancia.
Revolucionaria
Nacida en Londres, Anna es hija de una heredera estadounidense y del editor del Evening Standard entre 1959 y 1976, Charles Wintour, por lo que estuvo empapada del mundo de los medios desde siempre. Uno de sus cuatro hermanos es periodista en The Guardian.
Comenzó trabajando en tiendas como Biba o Harrods, pero enseguida se lanzó a escribir freelance en publicaciones como Time Out, consiguió ser asistente de moda de Harper’s & Queen y luego editora de moda para varias revistas neoyorquinas.
Todos eran pequeños pasos hacia su verdadera meta: dirigir Vogue en Estados Unidos (ya había dirigido la edición británica). Incluso se lo hizo saber a su antecesora en el cargo, Grace Mirabella.
Nuclear Wintour fue el apodo que se ganó porque desde que asumió en Vogue arrasó con todo lo que había para imponer su estilo. “Masas con clase: ese es mi mantra”, señaló cuando se le consultó sobre su filosofía editorial democrática y fantasiosa, y eso se pudo palpar de inmediato al ver su primera portada: una modelo que combinaba una chaqueta de alta costura de Lacroix valuada en US$ 10.000 con unos vaqueros todoterreno de Guess de apenas US$ 50.
Esa misma tapa en la que poco a poco las modelos se fueron alternando con estrellas, como las actrices Nicole Kidman o Angelina Jolie, la tenista Serena Williams o la política Hillary Clinton, y más acá en el tiempo “nuevas personalidades” como Kim Kardashian.
“Parte del placer de editar Vogue es poder retratar a aquellos que definen la cultura en cada momento, cuya presencia en el mundo moldea e influencia nuestra forma de ver las cosas”, escribió en su momento.
Además, siempre fue muy buena para detectar talentos y eso le deben agradecer diseñadores como Marc Jacobs o John Galliano, entre muchos otros.
Otra de sus improntas fue no darle las espaldas al arte, sino abrir las puertas de los museos a la moda. Se puede resumir en la Gala del Museo Metropolitano de Nueva York, que viene de celebrar una nueva edición el pasado lunes. Wintour es quien dirige desde 1995 este evento creado en 1948 por Eleanor Lambert para recaudar fondos para el Instituto del Traje del museo. La gala convoca a los famosos más importantes a una pasarela tan extravagante como costosa por todo lo que allí se despliega. Es un gran acontecimiento y no faltan las polémicas.
Por ejemplo, este año el nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, rompió la tradición y se negó a concurrir sin más explicaciones que su deseo de hacer que la ciudad sea más asequible para todos sus habitantes.
Y eso a pesar de que Wintour es una manifiesta votante demócrata, responsable de haberle dado su primera tapa de revista a Michelle Obama, ser consejera de Hilary Clinton (llegó a manejarse que iba a ser su embajadora en Reino Unido si ganaba la presidencia), recaudar fondos para el partido y enfrentarse públicamente a Donald Trump. Actualmente se la critica por acercarse al matrimonio Bezos.
En lo personal, Wintour se ha caracterizado por salir con hombres mucho mayores que ella. En 1984 se casó con el psiquiatra David Shaffer, padre de sus dos hijos —Charles (40) y Katherine (38)— y del que se divorció en 1999. Entre 2004 y 2020 estuvo casada con el inversor Shelby Bryan, al que le atribuyen haber suavizado su carácter. Tiene cuatro nietos.
Esta mujer, que termina su día acostándose a las 10 de la noche, confiesa que le gusta la edad que tiene. “Me siento tan viva, ilusionada y consciente como siempre. Y me gusta aprender de mis hijos y de todos mis equipos de todo el mundo”, ha dicho. “Creo que con una vida bien vivida, puedes dirigir más fácilmente”, sintetiza.
¿Es o no Miranda Priestly?
Mucho se dice que Miranda Priestly, el personaje de Meryl Streep en El diablo viste a la moda, está inspirado en Anna Wintour. La autora de los libros es Lauren Weisberger, una de las tantas asistentes de la ex directora de Vogue (una Emily, si nos atenemos a la película que viene de estrenar su secuela como festejo de su 20 aniversario). Weisberger ha negado que se trate estrictamente de Wintour. En 2006 corrieron varios rumores sobre Wintour y el film, entre ellos que amenazaba a figuras de la moda con no cubrir sus actividades si hacían cameos como ellos mismos en la historia. Ella lo desmintió y con el tiempo ha tenido actitudes que demuestran su apoyo a la película, entre otras cosas porque, según lo dijo en entrevista con Barbara Walters, ha hecho que la moda fuera “entretenida, glamorosa e interesante”. Incluso fue al estreno... vistiendo Prada obviamente. En lo que respecta a la llegada de la secuela, ha participado de algunas iniciativas promocionales. Por ejemplo, un video previo que protagonizó con Streep y también una entrevista en conjunto con la actriz que les hizo la directora Greta Gerwig (Mujercitas, Barbie) para Vogue, con fotos de Annie Leibovitz.