"Nunca había agarrado una aguja”, confiesa Patricia Liberman (66 años) sin poder encontrarle explicación a un presente que la tiene como organizadora del trabajo en Berta, una de las casas de vestidos de novia más prestigiosas del mundo. Hace más de 23 años que se fue de Uruguay a Israel escapando de la crisis económica de 2002 sin imaginar que iba a encontrar su vocación y un país que la iba a recibir con los brazos tan abiertos.
Patricia es judía y siempre había tenido el sueño de conocer Israel. No imaginó que recién sería a los 43 años y por temas económicos. “Me vine con mi marido y mis dos hijas, de 19 y 16 años en ese entonces”, cuenta a Domingo al final de una más de sus extenuantes jornadas laborales, que pueden llegar a ser de 11 horas en temporada alta. “No te olvides que acá el verano dura unos 8 meses”, apunta haciendo referencia a la época del año más elegida para celebrar bodas.
Sus hijas viajaron con proyectos de estudios ya resueltos desde Uruguay, pero Patricia y Emilio debieron organizar su vida casi de cero.
“Vinimos directamente a un centro de absorción de Ashdod, una ciudad a unos 30 kilómetros de Tel Aviv”, relata y enseguida explica que esos centros están dedicados a recibir inmigrantes. “Estuvimos seis meses durante los cuales el gobierno nos dio dinero para mantenernos y estudiar el idioma”, acota.
Emilio consiguó trabajo rápido porque ya sabía hebreo y había estado en Israel antes; Patricia tardó un poco más y entró a trabajar en una fábrica de impresión de remeras. “Al principio me costó mucho, era muy cansador, pero enseguida encontré mi lugar y me fue bien”, recuerda quien en Uruguay trabajaba con su suegra y había tenido una fábrica de buzos de lana.
Si bien en todo lo que trabajaba iba por el lado de la vestimenta, reconoce que estaba muy lejos de parecerse a lo que terminó haciendo con diseñadores de renombre.
El primero que se topó en su camino fue Danny Mizrahi, muy conocido en Israel. Una amiga le comentó que estaba buscando personal y ella se presentó, pero fue muy sincera con el diseñador: “Le dije que no tenía ninguna experiencia y él me respondió que no importaba, que fuera y probara. Lo hice y nunca pensé que podía llegar a hacer las cosas que hice y que hago hasta ahora. Nunca imaginé que tenía la paciencia ni la capacidad para esto”, relata sobre sus inicios como bordadora y diseñadora.
El problema fue que el trabajo era en Tel-Aviv, lo que implicaba levantarse a las 4 de la mañana para tomar el ómnibus a las 5 para llegar en hora y luego retornar muy tarde a su casa. Estaba tan cansada que, cuando a Mizrahi las cosas empezaron a no irle tan bien y tuvo que empezar a prescindir de personal, fue a pedirle que la echara tras 10 años de trabajo.
“Cuando volví a mi casa, me arrepentí. Decía ‘¿cómo voy a hacer esta locura?, ‘qué voy a hacer ahora?’ Y en ese momento me llamaron de Berta por recomendación de una chica. Lo bueno es que la tienda es en Ashdod, a cinco minutos de mi casa”, cuenta.
El mundo Berta
Comenzó en Berta hace 12 años como bordadora, haciendo todo lo que había que hacer a mano en materia de vestidos de novia.
“En primer lugar se hace el diseño con diferentes telas y encajes y sobre eso se borda con distintos materiales”, detalla sobre sus primeros tiempos en la empresa. Primero lo hizo con los vestidos que se comercializaban en Israel, pero casi inmediatamente Berta comenzó a expandirse por el mundo, entonces le encomendaron hacerse cargo de los vestidos para el exterior.
“Ahora hace como cinco años que estoy encargada de todo lo que es la salida de los diseños para el exterior y del control de calidad de todos los vestidos. Dirijo, reparto tareas, controlo a los empleados… O sea, organizo todo lo que es el trabajo”, describe y agrega que solo borda si tiene que cubrir a otra persona. “Siempre estoy en el lugar que falta alguien”, acota.
Como dato curioso, Patricia relata que, antes de ir a Israel, a los inmigrantes se les realizan exámenes técnicos para ver dónde podrían trabajar. En su caso dio como resultado que tenía aptitudes para dirigir grupos. “La verdad que no le di mucho corte y con los años me di cuenta de que tenían razón”, señala entre risas.
Cuenta que está en contacto a diario con Berta Balilti, la creadora de la marca. “Es una diseñadora con muchísima capacidad, sabe lo que el público quiere y es sumamente inteligente. Además siempre está en contacto con los empleados. Es una empresa familiar, pero ella está a la cabeza”, describe.
Destaca que todo lo que ha hecho y hace en Berta se le volvió una verdadera pasión. “Tenés que tener paciencia y te tiene que gustar. Lo más importante es la delicadeza con la que trabajás y que el vestido debe estar perfecto tanto por dentro como por fuera. Berta es sumamente exigente”, asegura.
Agradecida
“Lo mejor que me pudo pasar en mi vida es haber venido a Israel”, sostiene Patricia al hacer referencia a un país al que le agradece muchas cosas, no solo haber encontrado su vocación laboral.
“Le agradezco el tipo de gente que hay acá, que nos ayudó muchísimo cuando llegamos”, recuerda y como ejemplo menciona que hubo quienes les regalaron muebles sin siquiera conocerlos. “Vinimos, no teníamos familia y hubo gente que fue nuestra familia, que nos acogió en su casa. Es un país en que son muy agradecidos y se ayudan unos a otros”, remarca.
Hoy su familia son todos esos amigos que fueron cosechando, además de los lazos que se fueron generando a partir de los casamientos de sus hijas, la mayor con un argentino y la menor con un israelí. Ellas le han dado cinco nietos. “De la mayor tengo una nena y mellizos, y de la menor, dos nenas”, comenta con orgullo y apunta que bordó sus vestidos de novia. “Uno fue de Mizrahi y el otro de Berta”, acota.
Si hay un tema que no se puede obviar si uno habla de vivir en Israel, es el de la seguridad. En tal sentido, Patricia vive con la confianza de saber que todo está muy bien organizado. “En cada casa hay un cuarto de seguridad, entonces, si están bombardeando, hay alarmas que te avisan cuándo tenés que entrar al cuarto y cuándo podés salir”, explica.
Reconoce que no es una situación sencilla, pero al saber lo que tiene que hacer no se siente insegura. De todas formas, separa lo que es convivir con esta situación “de guerra”, de lo ocurrido el 7 de octubre de 2023 con los atentados terroristas de Hamas. “Eso fue espantoso y todo Israel quedó traumatizado. Nadie puede comprender que haya pasado”, manifiesta.
Por lo demás, aconseja a todo el mundo, judío o no, visitar Israel.
“Es un país increíble y que se vive en libertad. Además te enseña y te da oportunidades”, subraya quien por el momento no tiene ninguna intención de jubilarse. “Voy a seguir trabajando porque me da mucha energía”, concluye.
Elegida por las famosas para bodas y eventos
Berta es una prestigiosa casa de moda nupcial de lujo, fundada por la diseñadora Berta Balilti en 2004. Nacida en El Cairo, Egipto, Berta emigró con su familia a Israel cuando tenía apenas 3 años.
La firma que creó es mundialmente reconocida por sus diseños de alta costura vanguardistas, atrevidos y de un nivel de artesanía premium. “Se le da mucha importancia a todo lo que es el trabajo de bordado, terminaciones y diseño”, explica Patricia Liberman, la uruguaya que comenzó en la empresa como bordadora —ahora solo lo hace si alguien se ausenta— y actualmente está encargada de coordinar todo el trabajo tanto para Israel como para el exterior.
Berta ha vestido a numerosas celebridades internacionales, tanto en sus bodas como en alfombras rojas de gran prestigio. Entre ellas están Priyanka Chopra (actriz y ex Miss Mundo), Britney Spears, Sofía Vergara, Ariana Grande, Kylie Jenner, Kourtney Kardashian y Sharon Stone.
“Berta le vende a muchos negocios en el mundo y en Estados Unidos tiene una boutique en Nueva York y otra en Los Ángeles a la que van personas famosas. Pasa lo mismo acá en Israel”, relata Patricia.
Sus creaciones no llegan en forma directa al Uruguay porque la firma no cuenta con tiendas propias ni boutiques multimarca autorizadas para su distribución.