José Cerrato y Karla Ramírez se conocieron en Perú, en 2018. Él es uruguayo; ella, peruana. Por entonces, compartían un deseo: vivir en contacto con la naturaleza. Después viajaron a Australia, donde ahorraron dinero y descubrieron una forma de convivir con el entorno que terminaría inspirando sus propios planes.
Les llamó la atención el lugar que ocupan los parques nacionales en la vida cotidiana y el trabajo de conservación que se realiza allí, incluido el control de especies exóticas. Tasmania, en particular, dejó una huella en ellos.
Años después, cuando buscaban un terreno donde instalarse, aquella experiencia influyó en una decisión inesperada: comprar un terreno de casi 50 hectáreas en Lavalleja, cubierto de eucaliptos, para impulsar un proyecto de regeneración natural al que llamaron Cerro Perdido (@cerroperdido en Instagram). La advertencia llegó antes de la primera visita. Cuando José llamó para conocer el campo, le aclararon que no era una chacra convencional: era un cerro. Eso explicaba, en parte, por qué el precio resultaba accesible. La tierra se consideraba poco productiva y el acceso presentaba dificultades.
Pero la pareja miró más allá de los árboles. “En realidad, es un lugar que tiene un potencial por la naturaleza enorme”, dice Karla. La geografía, las vistas y la cercanía del cerro Arequita terminaron de convencerlos. Y eso que todavía no habían contemplado el paisaje inmerso en el “mar de nubes”, un fenómeno que se produce en invierno y que ilustra la foto principal.
Primero construyeron su casa, una cabaña de madera de apenas 30 metros cuadrados, y aprendieron a resolver los desafíos de vivir en un terreno serrano, desde el traslado de los materiales hasta el abastecimiento de agua y energía. Ahora, el siguiente paso es convertir el campo en un parque abierto al público.
Para la primera apertura, prevista para fines de noviembre, todavía queda trabajo por hacer. Una de las dificultades que encontraron al comenzar a retirar los eucaliptos fue qué hacer con las ramas. Los troncos pueden aprovecharse para construir la infraestructura del parque, pero los restos vegetales se acumulan y ralentizan las tareas. Por eso, están reuniendo fondos para comprar una chipeadora que les permita triturar las ramas y reutilizarlas como materia orgánica en el propio terreno.
“Es muy a la guerrera”, resume José sobre la forma en que llevan adelante el proyecto. Cada avance depende del dinero disponible, del trabajo de la pareja y de la ayuda que puedan conseguir. Ya organizaron una primera jornada de voluntariado y buscan sumar personas que quieran colaborar con las tareas de regeneración.
Cómo conocer Cerro Perdido
Cerro Perdido no busca ser solo un lugar para caminar entre las sierras de Lavalleja. José y Karla quieren que quienes lo visiten puedan conocer de cerca cómo se recupera la vegetación nativa. La propuesta inicial es habilitar senderos para recorrer distintos ambientes del cerro y contemplar desde cierta distancia las zonas destinadas a la conservación. La propia geografía permite descubrir paisajes diferentes dentro de un terreno de casi 50 hectáreas. Más adelante, la pareja no descarta sumar la infraestructura necesaria para que los visitantes pernocten en el lugar y sumar otras experiencias.
El trabajo ya comenzó. En los sectores elegidos, retiran progresivamente los eucaliptos, controlan sus rebrotes y buscan favorecer la expansión del bosque nativo. Los restos de la intervención se aprovechan en la medida de lo posible: los troncos sirven para construir la portera, mientras que las ramas se acumulan hasta que puedan procesarlas. La apertura al público está prevista para fines de noviembre.
La iniciativa es uno de los dos pilares de la vida que construyen en el cerro. El otro es compartir lo que aprenden sobre la autosuficiencia y la vida en el campo. En sus redes sociales también muestran cómo levantaron su casa de madera, de 30 metros cuadrados, equipada con paneles solares y un sistema de recolección de agua de lluvia. La experiencia, explican, les ha servido para elaborar materiales y manuales que ayuden a otras personas interesadas en seguir un camino similar. Quienes quieran conocer el proyecto, pueden sumarse a las jornadas de voluntariado. Toda la información está en @cerroperdido.