Recorrer los montes de Rosario (Colonia) era algo habitual para Carmela Piñón (40 años); siempre creyó que los conocía muy bien. Un día se tropezó con una raíz muy gruesa y descubrió que, en realidad, había todo un mundo que ignoraba… o al menos que nunca había mirado de otra manera. “Entendí por qué siempre había querido ir tan seguido”, recuerda buscando una explicación a lo que hoy domina su arte: el monte nativo. Carmela lo pinta, pero va más allá de eso, lo vive.
“¡Pucha, esta raíz! ¡Y todas las que hay acá!”, fue lo primero que dijo al tropezar y muchas cosas comenzaron a aflorar: raíces familiares, árboles, pájaros, una conexión fuerte con la naturaleza. El monte nativo se le estaba abriendo de una forma muy particular. “En 2019 se dieron varias faltas en mi familia: mis abuelas, mis padres... fue un año muy duro y en el 2020 ya estaba empezando a pintar”, cuenta a Domingo sobre ese choque con la flora y la fauna que modificó su obra… al menos por este rato.
“Venía de trabajar de una manera muy onírica, como surrealista, con paisajes inventados por mí. Cambié totalmente de etapa y pasé a esta más terrenal”, dice al hablar de lo que desembocó en Jeike al monte nativo, la muestra que exhibe en el Museo de Arte Precolombino e Indígena (MAPI) desde el pasado 27 de mayo hasta el 12 de julio (ver recuadro).
De familia
De niña, Carmela se interesó por el dibujo y la pintura, pero nunca los vio como una profesión. A la hora de elegir qué estudiar, se inclinó por la carrera de nutrición de la Universidad de la República, se recibió y trabajó muy poco como tal. Ya en ese entonces se había vinculado con la Escuela de Arte Casablanca, de la Fundación Iturria.
“Ignacio Iturria la fundó con su esposa, Claudia Piñón, que es mi tía. Mi padre es escritor, entre mis primos hay músicos y un actor. Todos nos fuimos contagiando y animando a dedicarnos a esta aventura del arte”, revela la artista, a quien Iturria convocó en primera instancia para que lo ayudara con la coordinación de la escuela.
Aprovechó entonces para tomar talleres de pintura y eso hizo que su tío la invitara a trabajar pintando. “Y no me fui más”, apunta. “Encontré mi vocación, que lo que realmente quería hacer era eso y que tenía la habilidad para hacerlo. Entonces me dediqué de lleno a la pintura”, añade.
La escuela organiza idas al monte y fue en una de ellas que Carmela se tropezó con la famosa raíz y entendió por qué ese lugar ejercía tanta atracción hacia ella.
“El monte nativo siempre fue como algo sucio para la gente del campo porque las vacas se meten adentro y no tienen cómo sacarlas, ocupa espacio y no podés producir ahí… Hoy en día la cosa cambió y se dan cuenta de que captura el agua, no degrada la tierra, le da sombra a los animales… o sea, están entendiendo lo importante que es tenerlo”, destaca.
Incluso ella se ha sentido protegida por ese monte. “En un momento que fui, hacía mucho calor, y cuando entré recibí una frescura divina. Y lo mismo pasa en invierno también, te protege del viento, estás como resguardado. Eso que a mí me pasa, también le pasa a los animales”, comenta y adelanta que tanto ellos como los humanos aparecerán en sus próximos trabajos; en el presente apenas se insinúan.
Cuenta que va muy seguido al monte, ya sea sola o acompañada de alumnos de la escuela. Lleva bastidores chicos para “sacar todo lo que es el color, que es lo más difícil porque no sale en las fotos”, y a las obras más grandes las comienza allí y las termina en el taller. “Voy con botas fuertes y pantalones resistentes. Creo que son más peligrosas las espinas gruesas que las víboras”, apunta entre risas.
Con esta nueva etapa de su obra se presentó al premio Paul Cézanne que la Embajada francesa organiza para jóvenes artistas en Uruguay. Resultó una de las seis seleccionadas para exponer en el Centro de Exposiciones Subte. No ganó la residencia en Francia, pero sí consiguió que Facundo De Almeida, director del MAPI, se fijara en ella y la invitara a presentar su arte en el museo.
El espíritu del MAPI fue una de las razones de que se usara la palabra jeike para titular la muestra. “En guaraní significa ‘entrar’, ‘adentrarse’. Tiene además el simbolismo de ingresar a un umbral distinto. Significa muchas cosas y además invita a los visitantes a googlearla, buscar, encontrar… requiere un ejercicio de la otra persona”, explica.
Ha visitado también otros montes del Uruguay invitada por las Pampeanas Regenerativas Orientales, un grupo de mujeres de las que es una de las socias fundadoras. Las une una sensible conexión con la naturaleza buscando generar conciencia sobre las prácticas de regeneración del suelo. “Son productoras rurales, agrónomas, biólogas… a mí me llamaron como artista y nutricionista. Está, por ejemplo, la bióloga que descubrió el hongo para matar el picudo rojo y que ahora está tratando la garrapata de la vaca”, detalla.
Carmela ha logrado vivir de su arte que, por estas horas, está totalmente absorbido por el monte nativo. “Ahora estoy pintando otro ceibo —hay uno que domina la Sala 2 de la exposición—pero con un enfoque distinto. Hay tanto para hacer que parece infinito”, lanza mientras de fondo se escucha el sonido de los pájaros que ella misma grabó para esta muestra de manera que el público pueda experimentar la entrada al monte lo más parecido posible a su propia vivencia.
"Jeike al monte nativo" en tres salas
La muestra de Carmela Piñón se distribuye en tres salas del MAPI (25 de Mayo 279) que cada uno puede recorrer en el orden que desee.
En la primera hay un esqueleto del monte dibujado con carbonilla que la propia artista produjo a partir de las ramas del lugar.
En la segunda sala aparece el monte pintado por dentro mientras se escuchan los sonidos característicos de este sitio, grabados por Carmela.
Y en la sala 3 hay un gran cuadro de un ceibo y otros más chicos de ramas de árboles. Además está el observatorio: orificios por los que el público mira y aparecen cuadros de la fauna del monte.
En la mayoría de los casos utiliza la técnica de acrílico sobre lienzo.
En vacaciones de julio habrá talleres para niños a cargo de la organización Espíritu Nativo y un conversatorio de las Pampeanas y la ONG Ambá.