Este contenido es exclusivo para nuestros suscriptores.
Por Analía Filosi
Las motivaciones pueden ser varias: desafiarse a sí mismo o a la naturaleza, homenajear a un amigo fallecido, hacer turismo aventura o simplemente recorrer en grupo paisajes increíbles o poco conocidos. Son muchos los que eligen hacer trail sin ser deportistas de élite o sin buscar batir una marca, gente común y corriente que se anima a pequeñas carreras dentro de Uruguay o también a dos grandes desafíos dentro del continente, como son El Cruce (de los Andes) y el Raid Columbia. A pocas semanas de celebrarse una nueva edición de este último, Revista Domingo habló con uruguayos que lo han hecho, repetirán o lo intentarán por primera vez.
Una locura
A Juan Pedro García (33 años) hacía tiempo que su primo Agustín le venía insistiendo para hacer El Cruce porque él lo había hecho y la había pasado muy bien. Pero Agustín falleció. Paradójicamente eso fue lo que terminó por decidir a Juan Pedro de inscribirse a la competencia, como un homenaje a su primo, y para hacerlo invitó a su entonces novia, Florencia Gómez (31), que aceptó.
La pareja, que está junta hace 16 años y se casó este año, no era conocedora del mundo de las carreras. Florencia era de salir a correr porque con un padre ex jugador de fútbol, en su casa siempre se fomentó el deporte. En el caso de Juan Pedro, lo suyo eran más los deportes de equipo, como el fútbol.
Esa ignorancia hizo que comenzaran por El Cruce de los Andes y no por el que se recomienda como puerta de entrada, que es el Raid Columbia, considerado el hermano menor de El Cruce, pero del que desconocían su existencia. Como quedaron tan encantados con El Cruce, que hicieron en diciembre de 2021 en Villa La Angostura (el lugar cambia año a año), luego de deliberarlo bastante resolvieron anotarse al Raid de abril de 2022, carrera que siempre es entre Salta y Jujuy.
Eso les permitió aprovechar todo el entrenamiento que habían hecho para El Cruce, algo que por lo general los corredores más dedicados hacen ni bien retornan de la competencia. En el caso de Juan Pedro y Florencia se tomaron unos días de relax en Valizas.
Exigente preparación
“En este tipo de deportes nosotros podemos competir en la misma carrera que un deportista de élite, como también pasa en las maratones de Nueva York o de Berlín, pero lo que está claro es que los entrenamientos no son iguales”, explica a Revista Domingo, Pilar Rama, coach deportiva que desde hace 17 años está al frente de Actitud Rambla, un grupo de mujeres que corre por salud y por diversión.
Pilar diferencia en las carreras de aventuras a los que ella llama “los cabra”, “que son esos muchachos y muchachas fantásticos que parecen que no pisaran las montañas y saltan como si fueran animales; de nosotros, que vamos con bastones, disfrutando del camino y llenándonos de todo eso que nos permite y nos da la naturaleza”, señala.
Entre estos últimos estaban Juan Pedro y Florencia, que prefirieron encarar su entrenamiento fuera de los grupos de corredores, ellos dos solos, haciéndolo a su tiempo y con poca ayuda profesional. Salvo la puesta a punto física que hizo Juan Pedro con un personal trainer amigo para encarar luego lo más pesado, todo lo demás lo realizaron investigando en Internet y solos.
“‘¿Ustedes con quién entrenaron?’, es la primera pregunta que te hacen otros corredores. Cuando les decíamos que solos, por YouTube, no lo podían creer”, recuerda Florencia. Su hoy esposo comenzó a entrenar en febrero de 2021; ella se le unió en junio.
“Habíamos leído que teníamos que correr, caminar, subir y bajar. Eran las cuatro cosas que debíamos saber y estar atentos a que el piso era irregular”, detalla Florencia sobre las pautas en las que basaron su preparación.
Con eso como guía iniciaron lo que se convirtió en “el año del cruce”, porque prácticamente vivieron solo para eso.
Terminaban sus respectivos trabajos de ocho horas como administrativos, se cambiaban y salían a entrenar entre dos o tres horas diarias que repartían entre largas caminatas, trabajos de fuerza y algunos días de spinning en el gimnasio.
“Por lo que pudimos ver, tanto en El Cruce como en el Raid, hay tres tipos de corredores: unos que lo hacen cien por ciento para competir; otros que son semi competidores y se entrenan para hacer un buen tiempo, y un tercer grupo que va a disfrutar aunque quiere terminarlo y no hacer un papelón porque, quieras o no, estuvo un año entrenándolo”, explica Juan Pedro, integrante obviamente del último grupo.
La pareja remarca que no es lo mismo prepararse para estas carreras que para las que se corren en las calles. “No tiene nada que ver a correr en la rambla. Diez kilómetros en un trail son dos horas y en calle el promedio son 55 minutos”, apunta Juan Pedro.
Otro punto que es básico entrenar y que en Uruguay se dificulta por la falta de elevaciones y montañas, es caminar en terrenos con alturas. Pilar Rama cuenta que lo que hace con Actitud Rambla es aprovechar determinados puntos de Montevideo, como el lugar donde está “la estatua del coreano”, Kibón, la Plaza de la Armada, el Museo Oceanográfico o la calle Coimbra, entre otros.
Eso lo complementan los fines de semana o días libres con salidas al interior a sitios como las sierras de Rocha, varios puntos de Maldonado o Cabo Polonio, “que es espectacular para entrenar fuerza”, dice.
Juan Pedro y Florencia, por ejemplo, debutaron con una carrera de trail en San Ramón, Canelones. Recuerdan que llegaron a la meta y ya no quedaba casi nadie, solo los organizadores, y detrás de ellos llegaron cuatro personas más. “No nos importó”, apunta Florencia remarcando que el objetivo era hacer experiencia.
Otro elemento al que apelaron para prepararse fue el uso de máscaras que regulan el oxígeno y permiten simular estar corriendo o caminando en la altura.
“El último tramo del entrenamiento fue más que nada fortalecer los músculos, los tendones… todo lo que podés llegar a doblarte y esguinzarte; fortalecer toda esa parte”, comenta Juan Pedro.
Florencia aclara que lo clave en estas competencias son los tiempos. Si bien no se atan a hacerlas en determinada cantidad de horas, saben que existe un límite fijado por la organización. “Es porque si demorás más de 10 horas en un tramo entienden que no es bueno para vos salir el próximo día porque no te da para recuperarte”, explica.
Pilar, en tanto, señala que la cantidad de tiempo de preparación va a depender de la persona y de lo que habitualmente haga como actividad física.
La entrenadora destaca que en su grupo son todas mujeres, de entre 38 y 63 años, que tienen sus actividades particulares, llámese trabajos, hijos de qué ocuparse, una casa que mantener organizada y una vida social como cualquiera. Por lo tanto en Actitud Rambla el ejercicio se encara como “algo divertido, que la vida no pase por un entrenamiento, que no sea una carga”, acota, aunque tienen claro que sin una buena condición física este tipo de carreras no pueden encararse.
La mente
“El entrenamiento mental para las carreras de trail es fundamental, casi a nivel o mayor que el entrenamiento físico”, remarca Pilar. La coach explica que el gimnasio es clave para cualquier entrenamiento de running porque prepara el cuerpo para que pase horas trotando, “pero el cerebro no se entrena en el gimnasio porque vos tenés que tratar de imitar lo más posible todo el terreno al que te vas a enfrentar”, apunta.
Eso va a evitar que la mente tenga miedo porque está frente a algo desconocido. La persona ya se cayó por un barranco o se pegó una patinada y sabe cómo resolverlo. Eso también se entrena, lo mismo que correr bajo lluvia, contra el viento o mojado por cruzar un arroyo con el agua hasta la cintura.
“Cuando les hablo a mis alumnas de las carreras de trail, les digo que, a diferencia de las carreras de calle, vos tenés que seguir las señales. Es muy importante no distraerse. Yo hago siempre la comparación con la vida, en la que a veces uno se distrae y sigue el trillo que sigue todo el mundo, que la sociedad te impone. Por ejemplo, gente que sigue casada cuando la vida le da señales de que eso no funciona. En las carreras pasa eso, tenés que seguir las señales para llegar al objetivo, para terminar de la mejor manera según el plan de la carrera, que a veces es el plan de la vida”, afirma la entrenadora.
Agrega que son muchos los que se pierden en los trail, varios que deben ser rescatados en helicóptero por lo inaccesible del terreno.
Entrenar la mente también sirve para superar los momentos de cansancio. “Uno tiene que buscar algo de la naturaleza para conectar y olvidarse que está cansado. Ver el color de las flores, el aire que te pega en el rostro, la figura de un árbol… esas son las técnicas que utilizamos para recargar las pilas y seguir adelante”, cuenta Pilar.
Calambres y medias prestadas
Juan Pedro cuenta que inició su primera carrera de este tipo -El Cruce- con una mezcla de susto y confianza, esta última derivada de estar entrenando desde febrero (es a fin de año).
“El primer día me acalambré y fue heavy”, recuerda quien estaba con su pareja Florencia. “Habíamos pasado un arroyo y se me metieron piedritas en el champión. Frenamos para sacarlas y cuando volví a arrancar me sentí medio raro. Además estaba deshidratado”, cuenta.
Florencia creyó que ahí se terminaba todo un año de sacrificio, incluso pensó que Juan Pedro estaba teniendo un ataque al corazón. Por suerte mucha gente se detuvo a ayudarlos, porque ese es el espíritu de los que no van para competir, sino más que nada a disfrutar. Cuando llegaron al campamento, Juan Pedro tomó mucha agua y todo se solucionó.
El segundo día no encontraba sus medias y corrió con unos soquetes de Florencia, lo que hizo que terminara todo ampollado.
“Si no hubiese ido con Flo, era muy difícil que hubiera terminado El Cruce”, confiesa.
Disfrutar
Lo que más buscan los corredores amateurs que hacen estas competencias es poder disfrutar del contacto con una naturaleza única o difícil de encontrar en un viaje turístico más convencional.
“Si de repente te aparece un paisaje espectacular, te sacás una foto. En El Cruce son etapas distintas en las que pasás por minibosques, por un lugar totalmente árido o por zonas donde hay arroyos. Estabas 8 kilómetros haciendo una subida que ya no podías más y cuando llegabas a la cima tenías toda una vista de los lagos, entonces tenés que disfrutar ese momento, que fue como lo vivimos nosotros”, cuenta Juan Pedro.
Florencia coincide, pero tampoco se olvida de que hay instancias bastante duras que hay que saber sobrellevar. Si bien reconoce que la experiencia fue mejor de lo que imaginaron, confiesa que la sensación en el momento es rara. “No vamos a mentir, físicamente pasamos horrible, pero estás todo el tiempo tirándote para adelante y cuando terminás te sentís tan bien con vos mismo que decís ‘pah, estoy para otra’”, asegura.
Juan Pedro también hace referencia a la vida que, en el caso de El Cruce, se da en los campamentos, con la gente compartiendo, intercambiando y estableciendo un vínculo que, en el caso de los uruguayos, a la vuelta se prolonga en asados.
Con sus alumnas Pilar tiene un slogan que no ha podido cambiar con el paso de los años: “No corremos para llegar primeras, corremos para llegar mejores personas”.
“Muchas mujeres vienen porque no están en un buen momento de la vida y se dan cuenta de que todo esto les soluciona lo que les pasa o lo solucionan ellas porque cambian. Te hace pasar por momentos malos mucho mejor que si uno se queda encerrado en casa”, remarca.
El equipamiento es clave
Este tipo de carreras insume un gran gasto de equipamiento; el lado positivo es que lo que se compra la primera vez sirve para futuras competencias.
En el caso de Juan Pedro y Florencia adquirieron la mayor parte de las cosas por Amazon.
La entrenadora Pilar Rama aconseja llevar mochila, hidratación, bastones y elementos obligatorios por si uno se pierde en la montaña. Recomienda ropa de abrigo porque la temperatura baja mucho en la noche, gorro, lentes, medias largas que ayudan a la circulación y a prevenir calambres.
Los tres guardan muy buenos recuerdos de las ferias artesanales que se arman en los lugares por donde pasan estas carreras, que esos días son casi solo para corredores y los lugareños los esperan con ansias.
Dos casos
Rosario Gamio (49) es una de las integrantes de Actitud Rambla que hizo El Cruce en Chile y hará el Raid Columbia 2023. Hacía gimnasia con Pilar en forma regular hasta que nacieron sus hijos, momento en que lo cambió por correr porque le permitía manejar sus horarios de esposa, madre y contadora.
Con el tiempo se reencontró con Pilar, se sumó a su grupo de corredoras y la terminaron convenciendo de animarse al trail. Incluso se sintió tan bien preparada que luego de El Cruce se lanzó a hacer sola el Lanín Extremo, apoyada por el aguante que le hicieron su marido y sus hijos en esta zona cercana a San Martín de los Andes.
“Descubrí que somos súper poderosas mentalmente gracias a Pili, entonces no hay nada que no podamos. Lo hacemos porque primero nos hace bien a nosotras”, destaca y aclara: “No soy una súper mujer ni soy de élite, nada que ver”.
Esa preparación le sirvió mucho para enfrentar un obstáculo que le puso la vida: un cáncer de mama.
“Jamás me salí del grupo, que encaró este tema como que yo estaba haciendo un maratón. El día que terminé todo el tratamiento, el festejo fue como que llegaba a la meta”, recuerda. El Raid Columbia será su primer gran desafío en carreras de aventura luego de superar la enfermedad.
Una de sus ocho compañeras en el Raid será Yvonne De los Santos, la más grande de Actitud Rambla con 63 años. Siempre la tentaron para inscribirse a El Cruce, pero como le gusta ir con calma decidió comenzar por el Raid. Ya ha corrido carreras de calle.
Yvonne trabaja en un banco y desde los 8 años siempre hizo algún tipo de deporte, entre otras cosas porque proviene de una familia afrodescendiente, grupo propenso a la hipertensión. “Soy la única de la familia que no es hipertensa. Los médicos me dicen que es por estar siempre moviéndome”, destaca.
Para Yvonne hacer el Raid es una combinación de conocer lugares espectaculares, “pero complejos” —acota— con hacer algo que es bueno para su salud sin verlo como una competencia. “Para mí lo primero es mi cuidado. Tratar de llegar a la carrera feliz, estar cómoda y no sufrir. Por supuesto que va a ser terrible esfuerzo y lo sé, por eso lo tomo con mucha responsabilidad”, indica quien por estos meses sacrifica algo que hasta el momento era sagrado para ella, como son los fines de semana dedicados a la familia (es soltera y no tiene hijos, pero sí sobrinas, hijas de su hermana que es viuda).
Yvonne será debutante, pero si hay algo que se repite en todos los que han hecho algunas de estas carreras es que reinciden entusiasmados y las recomiendan a otros con mucha fuerza.
“Esta es mi tercera carrera y no pienso parar”, proclama Rosario.
Juan Pedro y Florencia no harán el Raid 2023 porque se van de postergada luna de miel a Sudáfrica, ¿pero El Cruce?
Florencia cuenta que desde que su esposo volvió del último Raid no para de hablar de hacer otro y ella lo acompañaría con gusto porque se quedó con ganas de ver nieve. “Justo no nos tocó”, acota. Tiempo para inscribirse tienen porque no se cierra la lista hasta que se agota el cupo de extranjeros.
“Son dos carreras espectaculares, se las recomiendo a todo el mundo, pero eso sí, tenés que dedicarle tiempo de entrenamiento”, advierte un Juan Pedro, al que Florencia recuerda muy emocionado cuando cruzó la meta. “Lo que le pasó con su primo fue muy especial”, dice de quien cumplió su homenaje y ahora tiene otras motivaciones para lanzarse a una nueva aventura.
Dos grandes carreras por lugares mágicos
Los próximos 5 y 6 de mayo se celebrará el Raid Columbia 2023 (raidandes.com). Se trata de una competencia de tres etapas que abarca las provincias argentinas de Salta y Jujuy. Este año, por celebrarse elecciones en Jujuy el domingo 7 de mayo, se concentra en dos días (habitualmente se hace en tres).
La primera etapa (viernes) es el Tren de las Nubes. “Son 27 kilómetros y es bastante corrible porque no tiene mucha altura. Es precioso”, cuenta la entrenadora Pilar Rama, que va solo como acompañante de sus alumnas (ya hizo el Raid en otras oportunidades).
La segunda etapa (sábado de mañana) es El Cerro de los Siete Colores y consta de 17 kilómetros. “Es mágico. Termina en un lugar espectacular que es Purmamarca, donde hay una feria artesanal, con comidas típicas y un ambiente muy lindo”, señala Pilar.
La tercera etapa (sábado de tarde) son las Salinas Grandes, que son solo 10 kilómetros pero la dificultad es que se hace a 3.410 metros de altura. “Hay que ir con mucho respeto porque en Uruguay no estamos acostumbrados. Es un cuadrado que cambia de acuerdo al lugar por donde se pueda pasar haciendo el menor daño posible. Parece nieve, se arman pocitos, la sal se derrite y queda bien celeste, se agrieta todo el suelo”, acota.
En lo que respecta a El Cruce (elcruce.com.ar) , que este año lleva el nombre de Saucony, nació en 2002 con el objetivo de unir la Argentina con Chile cruzando la Cordillera de los Andes durante tres días. Fue la primera competencia de aventura que reunió a más de 300 participantes con el objetivo de llegar a otro país, atravesando montañas y compartiendo los más grandes campamentos que hayan albergado. Cada año cambia de lugar.
Mientras en El Cruce la organización proporciona todo a los participantes: estadía en los campamentos y alimentación (solo hay que pagar el pasaje para llegar hasta el lugar), en el Raid los competidores deben armarse su propia logística de estadía y comidas. Existen agencias de viaje que se especializan en eso, como Mac Travel, que armó el viaje de Juan Pedro y Florencia.
El Raid cuesta U$S 170, mientras que El Cruce sale entre US$ 650 y US$ 710 (depende las fechas).