De Artigas a Las Vegas: el uruguayo que aprendió hacking de niño y hoy llega a la cumbre de la ciberseguridad

Durante años fue el niño que pasaba horas frente a una computadora cuando pocos entendían esa pasión. Hoy es investigador en seguridad informática y su trabajo fue reconocido con una invitación exclusiva de Microsoft.

Diego Silveira
Diego Silveira.
Foto: Ignacio Sánchez

A los 9 años, Diego Silveira (28) encontró un refugio donde otros veían apenas una pantalla. Mientras atravesaba el duelo por la muerte de su madre, crecía en un hogar de recursos limitados, con la ausencia de su padre y el cuidado de su abuela. En ese contexto, descubrió que las computadoras podían ser algo más que entretenimiento. Para él, definitivamente, fueron una puerta.

Años después, esa puerta acaba de llevarlo hasta una invitación que pocos reciben. En agosto viajará a Las Vegas para participar de una serie de encuentros privados organizados por Microsoft en el marco de Black Hat USA (ver recuadro), una de las conferencias de ciberseguridad más importantes del mundo.

La invitación llegó después de varios reportes responsables de vulnerabilidades realizados este año como investigador independiente de seguridad. Por razones de confidencialidad, no puede revelar detalles técnicos de esos hallazgos. Pero sí puede contar el camino que lo llevó hasta allí. Un camino que comenzó muy lejos de los gigantes tecnológicos.

“Mi infancia arrancó bien hasta que falleció mi mamá. Ahí empezaron los problemas y encontré un refugio en las computadoras”, recuerda. Durante años no tuvo una computadora propia. Pasaba horas en la casa de una tía, fascinado con aquella máquina que parecía contener mundos enteros.

El momento decisivo llegó durante una visita familiar, cuando un primo ingeniero en computación le mostró algunas herramientas que utilizaba. “Para mí fue como ver un truco de magia”, cuenta.

Volvió a su casa con los nombres de aquellos programas memorizados y una obsesión nueva. Sin cursos, sin profesores y sin una comunidad que compartiera esos intereses, comenzó a investigar por su cuenta. Aprendió programación, inglés técnico y conceptos de seguridad informática navegando foros, leyendo documentación y experimentando durante horas.

No era una afición especialmente celebrada, ya que a comienzos de los años 2000 pasar todo el día frente a una computadora estaba lejos de ser visto como una posible carrera profesional. Diego recuerda comentarios frecuentes que lo invitaban a abandonar el teclado para salir a jugar al fútbol o hacer actividades consideradas más convencionales. “Se hizo parte de mi identidad no querer ser visto como un nerd. Como esa persona que pasaba todo el día en la computadora”, admite.

Durante un tiempo intentó alejarse de ese mundo. Pero la curiosidad seguía allí. Cuando decidió volver, descubrió que todo lo que había aprendido de manera informal durante la adolescencia seguía siendo útil.

A los 21 años dejó Artigas y llegó a la Universidad Tecnológica (UTEC), en Durazno, después de una trayectoria educativa irregular. “En el liceo me fue horrible”, comenta sin rodeos. Sin embargo, en la universidad encontró otro escenario. Apenas cursó un semestre y medio antes de conseguir su primer empleo como desarrollador de software.

La oportunidad que cambió su carrera apareció cuándo decidió poner a prueba sus habilidades. Analizó uno de los productos desarrollados por la compañía donde trabajaba, encontró una vulnerabilidad y la reportó internamente. La reacción fue inmediata. “Me dijeron: ‘Te vamos a pasar a otra área’”, recuerda.

Así comenzó una transición que lo llevó de la programación tradicional hacia la ciberseguridad, la administración de infraestructura y el universo de los sistemas críticos. Tres años después fue contratado por una empresa estadounidense, donde trabaja al día de hoy. Allí comenzó como Site Reliability Engineer, luego fue ascendido a DevOps Manager —líder encargado de unificar y automatizar el desarrollo de software (Dev) y las operaciones de TI (Ops)— y actualmente se proyecta hacia posiciones de liderazgo vinculadas a infraestructura y ciberseguridad. Mientras tanto, continuó investigando por su cuenta.

Diego Silveira
Diego Silveira viajará en agosto para participar del Black Hat.
Foto: Ignacio Sánchez

Un sector el pleno cambio

En internet existe una comunidad global de investigadores que buscan vulnerabilidades en los sistemas de grandes compañías tecnológicas. Empresas como Microsoft, Google o Apple mantienen programas de recompensas que invitan a cualquier persona del mundo a identificar fallas de seguridad y reportarlas de forma responsable. Es una especie de competencia permanente donde el premio no siempre es económico. “Me lo tomé como un reto personal para probarme”, cuenta Diego.

Los reportes que presentó este año llamaron la atención de Microsoft. Poco después recibió un correo electrónico inesperado.

“Cuando vi la invitación quedé extasiado”, dice. “Me emociona poder ver en qué están trabajando y conocer gente con otras perspectivas y habilidades”.

La invitación del gigante en tecnología le permitirá conocer a integrantes de su equipo de seguridad y compartir experiencias con investigadores de distintos países.

Y aunque la palabra hacker todavía suele asociarse a actividades ilegales, Diego insiste en diferenciar claramente la investigación ética del delito informático. “Cuando uso la palabra hacking, trato de acompañarla con la palabra ‘ético’. Sigue siendo un término que genera mucho tabú”, señala.

Computadora
La IA aceleró la carrera permanente entre quienes protegen los sistemas y quienes buscan vulnerarlos.
Foto: Ignacio Sánchez

Esa aclaración también forma parte de una transformación cultural más amplia. Para él, la tecnología puede convertirse en una herramienta de movilidad social para miles de jóvenes que crecen en contextos similares al suyo.

“Cada vez más personas de bajos recursos van a poder trazar un camino alternativo para salir de ese entorno gracias a la tecnología”, afirma quien, dentro pocas semanas, caminará por los pasillos donde se reúnen algunos de los mayores especialistas en ciberseguridad del planeta.

La experiencia que está a punto de vivir confirma que aquella curiosidad que nació en un pequeño cuarto de Artigas terminó convirtiéndose en una profesión capaz de abrir puertas que, durante mucho tiempo, parecían reservadas para otros.

Viajar a la meca del hacking ético

Black Hat USA es una de las conferencias de ciberseguridad más importantes del mundo. Cada año reúne a investigadores, empresas tecnológicas, organismos públicos y especialistas para presentar hallazgos inéditos, nuevas técnicas de ataque y defensa, y debatir las tendencias que marcarán el futuro del sector. Entre ellas, la inteligencia artificial ocupa un lugar central. Según Diego, hoy en día herramientas automatizadas son capaces de analizar enormes volúmenes de código y detectar vulnerabilidades a una velocidad impensada hace pocos años, acelerando la carrera permanente entre quienes protegen los sistemas y quienes buscan vulnerarlos.

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